Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de marzo de 2021

Fugarse al purgatorio



A causa de los pecados o las deudas, a veces huir es necesario. Cuando nos fugamos, buscamos un refugio donde anclar y esperar que los vientos cambien. Eso es lo que significa En rada de Joris-Karl Huysmans.


Huysmans fue un autor francés del siglo XIX que se le reveló los males de la ciudad y del campo. Desde su visión, los nuevos placeres y valores de la modernidad de los albores del siglo XX contaminan el espíritu. Huysmans añoraba la época medieval con la misma fuerza que un noble feudal rememoraba su época antes de la llegada de la burguesía. Después de su entusiasmo por el naturalismo, rompió con éste buscando una complementación con el espiritismo. Este viaje lo llevó al mundo de los rituales satánicos. Abandonó esa travesía y buscó su redención en un monasterio. Sus últimas novelas hablan sobre su iluminación católica.


En rada cuenta la fuga a la campiña francesa de Santiago quien era un parisiense que «no servía para nada, incapaz de prenderse por las ocupaciones rebuscadas de los hombres, inepto para ganar dinero y hasta para guardarlo [sin embargo] tenía a su favor inmensas lecturas». En esa huida, le hace compañía Luisa, su esposa, quien pensaba «que el marido, el padre, o el amante fue puesto sobre la tierra para subvenir a las necesidades de la mujer, para mantenerla, para ser, la bestia que da pan». Su relación es amorosa y cálida, sin engaños, «dispuestos ambos a sacrificarse sin escrúpulos el uno por el otro». Sin embargo los verdes campos y la calidez del sol sobre los hombros de los campesinos que describe el naturalismo, presentan toda su pestilencia en la experiencia de Santiago: «”¡Y qué farsa es eso del oro de los trigos!”, se dijo mirando a lo lejos los manojos color de naranja sucia reunidos en pilas […] bajo un cielo de un imitable azul, individuos despechugados y velludos hediendo a pringue y serrando, a la vez que la mies, matas de añublo». Estas son las visiones de un señorito como los actuales que viven en su burbuja de privilegios.


La fuga de Santiago es a causa de las deudas y su rada donde espera que los vientos cambien su situación económica. Su rada es un purgatorio. Pagará sus pecados por creer en las falsedades de los poetas y novelistas que tanto leía.


Cuando huimos, no siempre encontramos un refugio de paz sino un purgatorio donde expiamos nuestros pecados y deudas (económicas, espirituales o sociales). La expiación de Santiago pasa por soportar los rústicos modales de sus primos, los extremos cambios del tiempo atmosférico, las chinches que le dejan molestos escozores entre otras patéticas formas que tiene el campo de castigar a la soberbia de un citadino: «Melancólicamente pensaba Santiago en este cínico bandidaje de la naturaleza tan servilmente copiada por el hombre». Santiago lo sufre soñando sobre la Luna y los reyes, Luisa tratando de sobreponerse a su enfermedad en un castillo derruido y húmedo.


En un purgatorio se puede imaginar estar fuera, no en un mejor lugar, sino fuera, acaso en un sueño, en una revelación o en una idea proveniente del mundo onírico: «Y sonriendo, pensó que, a pesar de todo, era un país bien singular la Luna, donde no había vapor ni vegetación ni tierra ni agua, sino nada más que rocas y estelas de lava, nada más que circos estratificados y volcanes muertos. Y además, ¿por qué la astronomía había conservado esos nombres inexactos, esas calificaciones añejas y bizarras con que los viejos astrólogos bautizaron las hileras de llanuras y de montes?»


El enemigo a vencer en un purgatorio es la angustia. Vencer ese temor que viene de la transformación, de mirarte distinto a la forma que tenías antes de iniciar el viaje: «... es propio de la angustia encarnizarse con las almas elevadas que abate, insinuándoles gérmenes de pensamientos infames», Santiago reflexiona y nosotros reflexionamos con él: ¿Qué le angustia a usted, querido pecador lector?


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87


sábado, 28 de noviembre de 2020

Y luego mi vida

 

Portada del libro
Fuente: Amazon

Una serie de malas decisiones y luego mi vida

Pia Watson

México, 2019

 

Esta novela puede clasificarse como de iniciación. A través de los ojos de Alejandra (no Alex, no Ale) vemos como crece su curiosidad, se cuestiona sobre el lugar en el mundo y aprende a tomar decisiones. Es la historia de un salto de fe. Es una búsqueda de la identidad, un encuentro con una parte de la verdad de este mundo.


Una serie de malas decisiones… narra la vida de Alejandra hasta su madurez. Es la historia de una adolescente que al escuchar Another Brick In The Wall de Pink Floyd reflexiona: «Todos escuchábamos las mismas bromas, entregábamos las mismas tareas y nos movíamos ante la misma chicharra para caminar como zombis en coca al siguiente salón y repetir la acción el fin de los días, bueno hasta que llegaba la hora del almuerzo.»


La obra de Pia Watson simboliza, de forma elocuente, a la soledad. A través de las vivencias de Alejandra, describe un aislamiento sensible al dolor del mundo, un estado que le crea conflictos sociales. Sin embargo, es optimista y abre la posibilidad a los encuentros: «hay personas con las que uno se entiende de otras formas, sin necesidad de palabras, personas de la misma especie que uno.»


También, al abordar el tema de las decisiones (que nos llevan a cumplir nuestros deseos o a formar nuestra personalidad) es una novela que habla sobre la libertad. La libertad en el amor: «Porque en la naturaleza no hay marcos, en la naturaleza todo, absolutamente todo se desborda, incluso el amor»; y en la identidad: «Tener identidad parecía reducir las posibilidades infinitamente». La novela de Watson es la expresión de una decisión; de experimentar el terror y la maravilla de la libertad.


Otro punto a destacar de la novela son los destellos de lucidez de su personaje respecto a la sociedad y su dinámica: «Las necesidades nos han llevado a innovar, a crear, a socializar, un individuo se relaciona con otro individuo y ese reflejo refuerza los puntos únicos de cada uno». Es un libro sobre la construcción de referentes de una adolescente inteligente y llena de tribulaciones, como a veces nos hemos sentido en la vida que «si se le mira a los ojos, directo, puede encontrarse tan aterradora que paraliza.» Alejandra busca la verdad a través de sus observaciones porque tiene claro que: «Uno no puede escapar de sus propias verdades»


El estilo de Watson en Una serie de malas decisiones… me hace recordar a Tres Tristes Tigres de Guillermo Cabrera Infante. La autora experimenta con la palabra y da prioridad al ritmo, no tan vertiginoso como el escritor cubano, pero sí más amable, más tierno: «La ternura es una expresión poderosa del amor.» La prosa con la que construyó su obra es poética, está llena de imágenes: «El propósito es también un dragón, pero de otra especie: de fuego y elusivo» y de ciertos destellos de inteligencia juguetona: «Los gatos tienen tres nombres, dice T.S. Elliot; uno de humano que le dan los humanos, uno de gato que le dan los humanos, y uno de gato que solo ellos entienden.»


La acción más grande de la libertad de una artista es autopublicarse, la obra de Watson es una expresión de ese acto. Este libro llegó a mis manos como llega el amor, de improviso, sin avisar y a partir de una serie de decisiones que hicieron que Pipa Nevada me recomendara leerlo. Espero logre encontrar este libro tan exquisito: ¿Qué decisiones tomará hoy?


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

lunes, 7 de septiembre de 2020

Dibujando fantasmas

CONJUNTO VACÍO
Fuente: tienda.editorialalmadia.com


Conjunto vacío

Verónica Gerber

Almadía, 2015


Conjunto vacío es una obra que nos habla sobre la soledad, la desaparición y el amor. La autora trata de explicar esos campos a través de postulados que se reflejan, como un juego, en diagramas de Venn: << […] durante la dictadura militar en Argentina se prohibió su enseñanza en las escuelas. […] Y la dictadura, desde la perspectiva de los conjuntos, no tiene ningún sentido porque su propósito es, en buena medida, la dispersión: separar, desunir, diseminar, desaparecer. […] Visto así, “desde arriba”, el mundo revela relaciones y funciones que no son del todo evidentes >>, reflexiona Verónica, el personaje principal de este libro (que la autora en diversas entrevistas insiste que no es ella pero acepta que tiene algo de su vida).


Verónica (el personaje) es licenciada en artes visuales y acaban de terminarla en una relación sentimental. Ello provoca la aparición de cierto fantasma de su pasado: su madre, quien desapareció durante la dictadura Argentina de la década de los setenta. Verónica reflexiona sobre el sentimiento de soledad: «… es invisible, se atraviesa sin saberlo, sin darnos cuenta. Al menos esta de la que hablo. Es una especie de conjunto vacío que se instala en el cuerpo, en el habla y nos vuelve ininteligibles.» La soledad de Verónica también está llena de esperar apariciones como la de su novio o madre, esta última es la que le causa más conflictos por las circunstancias que envolvieron su desaparición a causa de la dictadura argentina, que le deja una sensación de que existe y no existe en su conjunto Universo: «La guía dijo que el glaciar Perito Moreno, donde estábamos, forma parte del hielo continental patagónico […] Yo(Y) no podía dejar de preguntarme si debajo de esos enormes trozos de hielo también habrá desaparecidos, y si un buen día el calentamiento global terminará por sacarlos a la luz».


Lo que hace especial a Conjunto vacío es que puede tomarse como un libro-objeto por el diseño de su portada y los esquemas que en él aparecen. Es una historia que no se cuenta sólo con palabras sino que es un intento de narrarla sin ellas. A través de una serie de postulados que describen la vida de Verónica, los diagramas de Venn y demás grafías que se muestran en el libro: se llenan de significados. Así como la matemática, que por sí misma no explica nada sobre la realidad hasta que se llena de las proposiciones de las disciplinas que buscan significado a los fenómenos, Verónica menciona una serie de explicaciones a su soledad, a sus desapariciones y a sus fantasmas a través de conjuntos, todo esto se refleja en una búsqueda para encontrar algo que se ha perdido en su conjunto Universo.


El libro de Gerber reboza de vida. Así como un investigador logra, a través de la matemática, descifrar un fenómeno y que sus premisas quedan sujetas a las interpretaciones matemáticas de otros sujetos  (¿cuántos modos hay de explicar el mismo fenómeno?), así el libro de Gerber se presta a que el lector comparta la vida de Verónica a través de proponer nuevas explicaciones a su comportamiento, es decir, el lector puede encontrar algún significado a la soledad, el amor y las desapariciones dentro de sus grafías: «Los diagramas aparecen cuando las palabras fallan, cuando es necesario ver, pensar o contar una situación desde otra perspectiva o cuando, simplemente, el personaje ya no tiene ganas de hablar», nos dice Gerber en una entrevista para la revista Nexos. Justamente cuando el personaje calla es cuando el lector empieza a dialogar con el libro: ¿Cuántos modos hay de explicar el mismo sentimiento?


Verónica Gerber ha creado una sencilla obra de arte al alcance de la mano, un libro que interactúa con el lector y un método para reflexionar y superar esta época de soledad y desapariciones forzadas. Es una obra que espera despertar a través de la mirada del lector.


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca

Teléfono: 51 7 50 87

domingo, 28 de junio de 2020

La crítica literaria según Cervantes

José Pedro Costigliolo
Don Quijote y Sancho Panza
José Pedro Costigliolo (1902-1985)

Muchos de los estudiosos de la Física, coincidimos que entre más precisa sea la medición, mejor serán los datos para obtener una conclusión verdadera. Tycho Brahe tenía una idea muy clara de eso. Su observatorio Uraniborg fue una muestra de ello. En ese lugar Kepler obtuvo los datos con los cuales generó las ideas-bases de la astronomía actual.


¿Qué es medir? Es comparar. El patrón con el que midamos es fundamental para saber si nuestra percepción, sobre un objeto o evento, es verdadera. En el caso de la crítica literaria, el patrón de medición puede ser un libro o un autor: «… hay quien es más sabio que otro y que quien es más sabio es medida…», nos dice Sócrates en el Teeteto de Platón y Miguel Cervantes Saavedra, como lo muestra en el capítulo sexto de su obra El ingenioso hidalgo de Don Quijote de la Mancha, (cabe destacar que la obra kepleriana es contemporánea a la de Cervantes y posiblemente se viera influenciado por ésta) parece no alejarse mucho de esa idea.


En dicho pasaje, el cura y barbero, junto con la sobrina de Don Quijote y su ama de casa, entran a la biblioteca del Ingenioso Hidalgo para decidir cuales libros mandarán al corral de las gallinas para quemarlos, esto a causa de que creían que esos textos eran culpables de la locura de Don Quijote: «... el ama los vió, volvióse a salir del aposento con gran priesa, y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo: tome vuestra merced, señor licenciado [el cura]; rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten en pena de la que les queremos dar echándolos del mundo. Causó risa al licenciado la simplicidad del ama..." El ama no estaba tan lejos de esa aseveración. En el documental The Mindscape of Alan Moore, el creador de Watchmen, V de Vendetta, La liga de los caballeros extraordinarios, entre otros cómics de crítica social y científica, nos plantea que el escritor es un hechicero que con la palabra tiene la capacidad de cambiar los pensamientos y acciones de sus lectores. ¿Quién puede superar ese hechizo sino es aquel que tiene el conocimiento para discernir sobre la forma y contenido en una obra y no caer embelesado por la primera percepción? En este caso el cura tenía ese poder y acompañado del barbero, quien en la época de Cervantes representaba el complemento práctico al conocimiento teórico del cura, empezaron a configurar algunos criterios para decidir que libros salvar.


Uno de los criterios para la salvación de una obra es que sea la primera en su género. Así se salvó Los cuatro de Amadís de Gaula que «… fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen de este…» A partir de ese patrón de medida se irán salvando las segundas o no por disparatadas, arrogantes, la sequedad de su estilo entre otros adjetivos que se le puede dar a la técnica o idea que plasme el autor. También hay que destacar las reflexiones que tienen el barbero y el cura sobre los autores que pretenden escribir en un idioma que no sea el natal: «... lo mismo harán todos aquellos [ir al corral de las gallinas] que los libros de verso quisieren volver en otra lengua, que por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento.» Hablando de versos ¿desde qué postura hacer crítica a la poesía? A pesar de que el cura y barbero pretendieron salvar los libros de poesía, la sobrina de Don Quijote advirtió sobre el peligro de ese género: «Bien los puede vuestra merced mandar quemar como a los demás, porque no sería mucho que habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo estos se le antojase de hacerse pastor, y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo, y lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza.» Dejando en claro que el mayor peligro de la poesía es convertirnos en poetas.


Así sigue el capítulo hablando sobre el crítico cuando, influenciado por la amistad, habla bien de un libro, o cómo es la autocrítica, tan difícil no elogiarse en ella. Al final Cervantes veía al crítico de la siguiente manera: «Todo lo confirmó el barbero, y lo tuvo por bien y por cosa muy acertada, por entender que era el cura tan buen cristiano y tan amigo de la verdad, que no diría otra cosa por todas las del mundo.» El crítico es el guía ético de la verdad: ¿cuántos conocemos que se han desviado de su responsabilidad y se han vendido por fama, fortuna o una beca?


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

domingo, 14 de junio de 2020

La educación y la libertad de expresión

Mujer leyendo (1879)
Edouard Manet


De acuerdo con el Teeteto de Platón, la opinión es la base de la libertad de expresión. En esa obra, Sócrates propone una definición de ese concepto:


«Sócrates: […] hemos adelantado lo suficiente como para no buscarlo [el saber] de ninguna manera en la percepción [los sentidos cerebrales y las emociones], sino en aquella otra actividad que desarrolla el alma cuando se ocupa en sí misma y por sí misma lo que es.

Teeteto: Yo creo, Sócrates, que esta actividad del alma se le llama opinar.»


Si entendemos al alma como conocimiento, entonces la opinión es la expresión del conocimiento que un sujeto posea sobre un tema. Si la opinión es verdadera, el ejercicio de la libertad de expresión es más útil para conocer y resolver los problemas de las situaciones que se nos presentan. Sócrates dice: «… la opinión falsa es una opinión errónea que se produce cuando alguien confunde en su pensamiento dos cosas, ambas existentes, y dice que una es la otra.» Por lo tanto, para ofrecer una opinión verdadera, debo tener claro los conceptos que surjan de un acontecimiento. La libertad de expresión, a través de la opinión del sujeto, aportará al planteamiento y la solución de los problemas urgentes y emergentes de la sociedad, cuidar que la opinión sea verdadera es la base de un buen ejercicio de la libertad de expresión.


El sujeto que posea conocimiento sobre un acontecimiento puede ofrecer opiniones verdaderas para plantear y solucionar problemas. Por ello la libertad de expresión es un derecho que conlleva una gran responsabilidad. Si la opinión es falsa sólo enturbiará más una situación y prolongará el padecimiento de los problemas que surjan de ella. Ejercer de forma maliciosa la libertad de expresión (la propagación de noticias falsas, información que genere pánico y confusión) es un atentado contra la humanidad. Por lo anterior, es pertinente y necesario, no sólo informarse, sino investigar sobre lo que deseamos opinar.


La escuela es donde probamos nuestro conocimiento y nos dotamos de herramientas para dar opiniones verdaderas. En ella se expresa la educación la cual dota al sujeto de referentes teóricos, empíricos y artísticos que le ayudan a poseer una visión sobre el mundo que lo rodea. Entonces la educación, como herramienta para lograr una opinión verdadera, ayuda al uso de la libertad de expresión. Cómo podría ayudar el docente en el uso de la libertad de expresión.


Si la opinión verdadera se logra a través de la investigación entonces el papel del docente es apoyar en el desarrollo de habilidades de pensamiento y operativas del estudiante para que éste haga preguntas, determine caminos para resolverlas a través de la realización de tareas bibliográficas (lectura y redacción de textos), de campo (entrevistas y encuestas), de experimentación (natural y social), de medición y cálculo (registro en tablas y uso de algoritmos), de diagramas y dibujos (realización de gráficas y modelos) y de exploración (salidas a lugares características de la comunidad y el registro en bitácoras). Éstas ayudarán a que el estudiante pueda formarse una opinión con base en la posesión de un saber sobre el acontecimiento que vive. Entonces la opinión del estudiante, a través de la investigación escolar, lo dota de una capacidad para ejercer su libertad de expresión para el beneficio colectivo.


Los docentes tenemos una gran responsabilidad con el cómo las comunidades procesan la información que les llega. Por ello debemos informarnos, ser sensibles a las necesidades de los estudiantes bajo nuestra guía y dotar de las mejores herramientas para que lxs niñxs y jóvenes puedan enfrentar esta crisis civilizatoria que padecemos. Además de organizar a las comunidades escolares para que exijan al Estado las condiciones mínimas para que éstas enfrenten los embates de las hienas empresariales que quieran aprovecharse de la situación y establezcan las bases para una nueva sociedad, un nuevo sistema, más allá de una nueva normalidad.


Raúl Fierro 

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

domingo, 17 de mayo de 2020

“La ciencia no depende de los métodos sino de las personas”

Fuente: Google Books
Fuente: Google Books

Breve historia de la ciencia

Patricia Fara

Planeta, 2009


En el artículo “Alimentar la mente” de Lewis Carroll se menciona lo siguiente: “¿Reconoces a primera vista a una de las desafortunadas víctimas de una alimentación mental enfermiza? ¿Dudas? Mírala, buscando apresuradamente a su alrededor de una sala de lectura, probando comida tras comida -¡perdón!, libro tras libro- sin asimilar ninguno”. Siguiendo esta analogía de la alimentación mental, Breve historia de la ciencia de Patricia Fara ofrece distintos platillos que nos hacen degustar y asimilar: Orígenes, Interacciones, Experimentos, Instituciones, Leyes, Invisibles y Decisiones; que constituyen la construcción de la Ciencia a lo largo de este tiempo.


Hay varios divulgadores de la ciencia que perciben a esa actividad humana libre de los sabores políticos, sociales y económicos. Disfrutan de su supuesta pureza y se alimentan de ella, engordando su ego. Sin embargo, Patricia Fara, en su libro, nos coloca frente a otra ciencia que llena de anécdotas que se desarrollan bajo un contexto histórico, político y económico. Esa obra es “… una empresa conjunta destinada a llevar los últimos avances académicos a un público más amplio”.


“Quizá la frase ‘ver para creer’ sea cierta, pero eso depende de la forma de mirar”. Patricia Fara ofrece un punto de vista muy amplio del desarrollo histórico de la ciencia. Es algo muy notable que haya dirigido esta obra a un público que ha leído, o bien poco o nada, sobre la historia de la ciencia. A través de anécdotas desmitifica a personajes que “no aparecen porque fuesen científicos, sino [porque] desarrollaron una serie de habilidades que contribuyeron a la actual empresa científica global”. Eso permite abrir la mente de los no expertos en historia de la ciencia hacia una narración que se encuentra influenciada por “la guerra, la política y los negocios”.


“Escribir historia no es conocer los hechos y consignar lo acontecimientos en el orden correcto, también implica reinterpretar el pasado”. Esa reinterpretación la lleva a “la pregunta fundamental más fundamental [que es]: ¿Por qué la ciencia se ha hecho tan importante?”. Patricia Fara nos dice que “la ciencia no depende de los métodos sino de las personas”.


Como ejemplo, en uno de sus platillos, nos hace degustar a la cultura griega como el fundador de la mitología científica, es decir, la creación de héroes de mitos sobre el desarrollo del conocimiento científico, explicando la causa de que adoremos y veamos a ciertos personajes históricos como semidioses de la ciencia, lo cual, dejar en claro que, bajo este sistema, no encontramos en una competencia entre sujetos que se promocionan así mismos como los detentadores de la verdad. También nos dice que la cultura griega aporta otra característica de la ciencia: la utilización del medio abstracto para describir la naturaleza.


En los capítulos siguientes nos ofrece a una ciencia aderezada de situaciones sociales y políticas, lo cual, cierra con el círculo de mitos sobre lo que es la ciencia y hasta donde llega su rango de influencia y poder de credibilidad.


Patricia Fara desmitifica algunas ideas convencionales de la ciencia, gracias a su lectura fácil dedicada al público no experto y su objetivo de no hacer una historia tradicional del desarrollo científico, sino una que se mezcla con los ingredientes sociales y políticos que hacen ver a la ciencia como una construcción del conocimiento no ajeno a los deseos de las personas y los gobiernos.


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla

51 7 50 87

domingo, 10 de mayo de 2020

El cielo donde viven nuestras ideas

La creación de los astros y las plantas (1508-1512)
Miguel Ángel

En una catequesis, una hermana Mercedaria le pregunta a un niño: ¿Dónde está Dios? El niño responde: “Dios está en todas partes”. Prosigue la Mercedaria:

-¿Dios está en el Cielo?
-Sí, Dios está en el Cielo- responde el niño.
-¿Dios está en la Tierra?
-Sí, Dios está en la Tierra.
-¿Dios está en el Infierno?- el niño se queda callado, después de una corta pausa, que para el niño se convierte en una eternidad, la Mercedaria responde- Sí, Dios está en el Infierno, Dios está en todas partes.

El niño queda confundido y decide ser científico. Es más sencillo acertar una verdad sobre las cosas que puedes medir que de las puedes especular. Por un tiempo, el niño está tranquilo, seguro de que las leyes de la Física parecen guardarse en ecuaciones que describen todos los fenómenos de la Naturaleza. Sin embargo el niño conoce a un Físico. Éste empieza a jugar con la mente del niño:

-¿Dónde está el éter?- pregunta el Físico.
-El éter está en todas partes- responde el niño.
-¿El éter está en el Cielo?
-Sí, el éter está en el Cielo porque hay luz en el Cielo.
-¿El éter está en la Tierra?
-Sí, el éter está en la Tierra porque hay luz en la Tierra.
-¿El éter existe sin la luz?- el niño se queda callado, el Físico lo mira de forma compasiva y responde- La luz existe sin el éter porque el éter no existe.

El Físico empieza a hablarle de campos de fuerzas donde yacen sistemas simétricos que se relacionan con las leyes de la conservación de la energía, del momento lineal y angular. Le cuenta la historia del éter: un ídolo que creó el hombre para explicar el comportamiento de la luz que después cayó bajo la gracia y la potencia del campo que formaban la fuerza de la gravedad, el electromagnetismo, la nuclear fuerte y débil. Los dioses de la ciencia, las ideas de los científicos, mueren con el paso del tiempo.

El niño empezó a leer El cielo y el infierno de Emmanuel Swedenborg, en especial, sobre el comportamiento de los tres cielos de Dios: “Hay tres cielos que se distinguen muy claramente entre sí. Hay un cielo central o tercero, un cielo intermedio o segundo y un cielo exterior o primero. Se suceden en este orden y hay entre ellos una mutua relación, semejante a la que existe entre la cabeza o parte superior del cuerpo humano con el torso o parte media y con los pies o parte inferior; o también como las partes alta, media y baja de una casa”. Así comprende que lo divino es un espejo de lo terrenal y viceversa porque el gran aporte de Galileo no fue su fallida batalla contra el sistema ptolemaico sino hacernos ver que las leyes de la física se cumplen tanto el Cielo como en la Tierra. El cielo atmosférico donde se suscitan los fenómenos climatológicos, la aurora boreal y el arcoíris se rige por las mismas leyes del cielo celeste donde vive la Luna, los planetas y las estrellas. Las leyes de la Física, como Dios, está en todas partes. Las leyes de la Física rigen los fenómenos de la realidad tangible (medible). Dios rige la imaginación (las ideas) del hombre como un campo de fuerzas donde viaja la luz divina, la luz del entendimiento. Así ambas conectadas como la cabeza y los pies pero con diferentes funciones de este gran cuerpo que llamamos Universo.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca
Teléfono: 51 7 50 87

sábado, 11 de abril de 2020

«No sólo los políticos hacen demagogia, también los periodistas»

Turm zu Babel (1957)
Theo Gerber


El periodista de nuestros tiempos es un asalariado del sistema, eso lo limita de forma considerable al ofrecer una opinión o informar. Esa situación lo relega a ser un personaje de la corte: ya sea como escribano o bufón. En México el periodista tiene un salario raquítico. Por ese motivo viven siempre en estado de guerra (por la supervivencia): beben agua de lluvia, comen de los aperitivos de las conferencias de prensa y por la noche consumen bebidas fermentadas. A pesar de todo, la tradición literaria mexicana los ha dotado de un estilo que han refinado a golpe de teclado gracias a la explotación de las grandes empresas de comunicación. Estas características del periodista mexicano (su estilo literario refinado y su propensión al chayote o a tener principios ideológicos firmes) tienen su origen en dos grandes referentes en la prensa: Julio Scherer y Jacobo Zabludovsky.

En la novela El vendedor de silencio (Alfaguara, 2019), Enrique Serna, en la voz de su Carlos Denegri, describe a Scherer: «Su cabello rebelde no se había sometido nunca a la dictadura del peine. Con las cejas crecidas y enmarañadas, los labios gruesos y una mirada intensa, cargada de voltios, que denotaba fuerza moral, inquebrantables principios y valor para defenderlos, parecía un poeta romántico en una reunión de burócratas […] La rareza de su honestidad en un medio tan mercenario le había valido un apodo entre admirativo y burlón: el Mirlo Blanco.» También caracteriza a Zabludovsky: «[…] un tipo culto, carismático, trabajador, con agilidad mental y una apariencia de profesionista respetable que sabía explotar su astucia […] Maniatado por el gobierno, rara vez podía mostrar sus dotes de periodista, pero a cambio de esa limitación había logrado ganarse la confianza del auditorio pese a la desventaja de ser un judío en un país católico hasta las cachas. No me equivoqué al pasarte la estafeta, pensó: el nuevo Denegri eres tú.» ¿Quién ese tal Carlos Denegri? Fue maestro de ambos, padre del chayote institucional y del periodismo del México contemporáneo.

El vendedor de silencio es una novela histórica que recorre los andamios que construyeron la labor de prensa en México a mediados del siglo XX, una narración que tiene como personaje central a Carlos Denegri. La obra de Enrique Serna describe la vida de Denegri como joven revolucionario, junior diplomático y genio de la crónica, recorriendo su actitud misógina y etílica ante la vida: «Soy la bête noire más aborrecida por los idealistas de izquierda, pensó, pero puedo jurar que ninguno de ellos tomará el Palacio de Invierno si no llegan a parecerse bastante a mí.»

A través de los ojos de este cínico exrevolucionario, recorremos, no sólo la naturaleza social de su época, sino los chismes de la farándula política e intelectual. Es exquisito como Denegri narra las debilidades de escritores, empresarios y políticos. Su humor negro por momentos te hace simpatizar con su causa. ¿Cómo Denegri sabía todo el entretejido de la vida de la alta clase burócrata y burguesa?: «[…] el poder de un periodista dependía en gran medida del tamaño y la calidad de su archivo.» Denegri tenía un gran archivo porque, a pesar de ser un mezquino, sí ejercía su labor periodística con profesionalismo. No eran sólo sus contactos lo que lo hacían un gran periodista sino lo que conocía e intuía; y la intuición es la musa de los genios y de los amantes de la Verdad.

«No sólo los políticos hacen demagogia, también los periodistas», advierte Denegri a todos sus descendientes en la prensa. Por sus preguntas conocerás la ideología de los periodistas. El periodista nunca es imparcial ¿Cuál es la intención de los periodistas ahora en la crisis que padecemos?

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

domingo, 15 de marzo de 2020

El hombre soberbio

Fuente: Perfil de Facebook de la editorial MalPaso 

El hombre soberbio
Leonardo Da Jandra
Malpaso (2019)

La ciencia ficción mexicana adolece de buenos escritores que nos ofrezcan un Universo que sea coherente o al menos una novela decente. En el texto “Ciencia ficción mexicana: Del modernismo al cyberpunk”, Rodrigo Mendoza reflexiona sobre el estado de la ciencia ficción mexicana: «El asunto es que México ha construido su propia idea de la ciencia ficción a través de alguno de los autores ya mencionados [Ray Bradbury, Isaac Asimov, Stanislaw Lem] o bien por medio de decenas de películas hollywoodenses que invaden los cines cada año.» Dentro de esos autores encontramos a Luis Jorge Boone y BEF, que configuran mundos ajenos al mexicano ofreciendo obras intrascendentes, excepto por El ladrón de sueños de BEF, que me parece una de las mejores novelas contemporáneas de la ciencia ficción mexicana. Sin embargo hay un escritor que se empecina en dejarnos un legado en ese tema: Leonardo Da Jandra.

«Y llegó en uno de los momentos más críticos en la historia del planeta, cuando la corrupción de los valores enseñados miles de años atrás por las mentes más sabias alcanzaba un punto de ruptura: la amenaza de un regreso brutal a las más oscuras edades.» Así empieza Da Jandra a configurar el universo de El hombre soberbio. En un futuro no tan lejano en términos cósmicos, aparece un superhéroe: Helioson, Hijo del Sol, quien tenía «un cuerpo y salud excepcionales, y con la inteligencia de un felino salvaje que observa en máxima tensión las rutinas del herbívoro que va devorar.» Este superhéroe tiene dos mentores los filósofos, Aristobúl y Amonio. El primero es paciente y sobrio de carácter quien, desde la academia y las esferas políticas, defiende y aconseja a su pupilo. El segundo, Amonio, es más impulsivo y, con una crítica enardecida y fina, enjuicia a una sociedad en decadencia ética, política y social. Helioson, como un adolescente orgulloso de su físico y de su audacia, desoye los consejos de sus maestros para caer una y otra vez en las trampas de los villanos de esta novela quienes conjugan todos los vicios de este universo y serán artífices de la tragedia de Helioson.

Esta novela es parte de una trilogía donde Da Jandra ha configurado un universo donde expone sus ideologías y sus predicciones de una sociedad muy parecida a la nuestra. La ciencia y filosofía se hacen presentes en esta novela como una explicación cósmica de un mundo que poco a poco cae en el abismo. Esta obra se inspira en una parte de la historia antigua romana que el autor combina con el toque del cómic, configurando un superhéroe trágico. Llena de aforismos, esta novela es un reflejo de lo que nos espera en un futuro próximo sino hacemos algo por remediarlo.

La obra es ambiciosa al tratar de crear un universo. Muchos de sus escenarios y personajes se quedan a medias en su construcción. Si la comparamos con el universo de Asimov, El hombre soberbio como novela de una serie queda muy corta. Tiene algunos errores en las explicaciones científicas, por ejemplo creer que en una emergencia de radiación solar lo más correcto es huir hacia las montañas o al tratar de explicar un tipo de vida que se basa en oro.

Quienes asistimos al taller de ese autor, conocemos muy bien su gusto por los temas científicos y su amor por ese género tan poco tocado por la literatura mexicana. La ciencia ficción requiere método y los escritores actuales mexicanos no lo tienen. Son trabajadores impulsivos, pero no realizan una búsqueda artística, esa energía de su talento la enfocan en obtener el poder. Es una lástima que la editorial Almadía haya dejado de publicar libros sobre ese tema, aunque con varios errores, era admirable que hayan apostado por la Ciencia Ficción.

Nos dice Rodrigo Mendoza: «La tecnología y el futuro dejan de ser milagrosos o interdimensionales para abrir camino a la introspección, a los rumbos insondables del porvenir, ocasionalmente a la desesperación, y a la falta de fe en la especie humana.» La Ciencia Ficción cuestiona el estado de la sociedad y su relación con sus avances científicos y tecnológicos, y es aquí donde la filosofía encuentra su lugar en este género. Los universos que se crean a partir de esta literatura deben cuestionar y para cuestionar se necesita cierta inteligencia, cierto amor por la sabiduría y El hombre soberbio tiene ambas.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

domingo, 16 de febrero de 2020

El ajedrez: una pasión mortal

Fuente: Anagrama (página web)


La defensa
Vladimir Nabokov
Anagrama, 1999

La pasión se padece. Un sentimiento repentino, un relámpago que ilumina y despierta la admiración y el terror del espíritu. Una repentina luz que se convierte en oscuridad. No es amor la pasión. El primero se construye, el segundo, por su origen libido, es repentino. El amor puede dejar ir, la pasión no. La pasión consume el espíritu. Se instala en el ser en esencia y no en forma: «Encontraba en ello un profundo placer: no tenía que tratar con piezas visibles, audibles ni palpables, que por la singularidad de su forma y la textura de la madera le causaban permanente desazón, aparte que las veía tan solo como la burda envoltura mortal de las exquisitas e invisibles fuerzas del ajedrez», nos narra Nabokov la terrible pasión del Gran Maestro del ajedrez Luzhin.

En 1930, Vladimir Nabokov publicó en ruso la historia de Luzhin y tuvo que esperar treinta y cinco años para que se tradujera al inglés. Pudo publicarse antes, como nos narra Nabokov en el prólogo de La defensa, pero el editor estadounidense exigía que cambiara el ajedrez por la música. “¿Qué pasión más ridícula y aburrida debe ser el ajedrez?”, supongo que pensó el estadounidense. Nabokov se negó y terminó su amistad con él: «… de todos mis libros rusos, es La defensa, es el que posee y difunde el mayor “calor”, lo que podría ser extraño si se tiene en cuenta cuán tremendamente abstracto se supone que es el ajedrez.»

La novela narra las experiencias infantiles de Luzhin, su primer encuentro con el ajedrez, su partida angustiosa contra Turcati, su gran rival, y cómo trata de esconder su pasión de su pareja quien intenta curarlo de esa enfermedad: «el ajedrecista apasionado es tan ridículo como el loco que inventa un perpetuum mobile o cuenta guijarros en la playa desierta de un océano.» Pero cómo se puede esconder una pasión: «Es difícil, muy difícil, esconder una cosa, pues las otras cosas se muestran celosas y hostiles, se aferran firmemente a sus lugares y no permiten que un objeto sin hogar escape a su persecución y encuentre acomodo en alguna parte.»

Hay tantos paralelismos con la vida y el ajedrez: «Del mismo modo que una combinación, ideada por los jugadores de ajedrez, puede repetirse borrosamente sobre el tablero durante una partida real, así ahora la repetición consecutiva de un hábito familiar se percibía en su vida actual.» Este libro refleja bien la relación de nuestras jugadas cotidianas: las aperturas y defensas que creamos cuando conocemos a alguien, las tácticas y estrategias que utilizamos para cada situación y las sutilezas, que se les escapan a los inexpertos, que al final deciden una partida. «Finalmente, sostenía la peculiar teoría de que el desarrollo del don de Luzhin para el ajedrez se relacionaba con el desarrollo del impulso sexual; según él, el ajedrez era para Luzhin la verdadera satisfacción de ese impulso, y temiendo que pudiera desperdiciar sus preciosos poderes al liberar por los medios naturales aquella beneficiosa tensión interior, le mantuvo a distancia de las mujeres, regocijándose de su casta indiferencia.» El tamaño de la pasión es directamente proporcional al de los vicios. En ese combate contra la pasión, inevitablemente del éxito o el fracaso, concluirá con la destrucción del ser. Qué pasa si tratas de rescatar al apasionado: «Creía incondicionalmente en su genio y estaba convencida además de que ese genio no podía agotarse sólo por el hecho de jugar al ajedrez, por maravilloso que fuera, y que cuando la fiebre del torneo hubiera pasado, y Luzhin se hubiese calmado y descansara, en su interior actuarían fuerzas desconocidas que le permitirían evolucionar y exhibir su don en todas las esferas de la vida.» Qué ingenuos son aquellos que nunca han tenido una pasión. Qué ingenuos al pensar que las pasiones se sustituyen o se olvidan. La pasión es una daga que hiere el alma y deja cicatrices que no se cierran, sangran y no hay peor forma de curarlas que ignorarlas. La esposa de Luzhin trata de ayudar en curar su pasión tan ridícula y es tortuoso el camino que recorre el Gran Maestro del Ajedrez. La defensa de Nabokov un libro sobre la pasión y sus consecuencias, una novela que muestra la conclusión de un apasionado al tratar de curarse y lo inevitable que es esquivar esta enfermedad del espíritu, tan placenteramente dolorosa.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla
51 7 50 87

lunes, 9 de diciembre de 2019

La narración: una herramienta para el docente

Fuente: CCH UNAM


El pasado 30 de noviembre, la Secretaría de Trabajos y Conflictos del nivel de Secundarias Técnicas del Comité Ejecutivo de la sección XXII (STC-ST XXII) organizó la Primera Jornada de Aprendizajes y Desarrollo Profesional del nivel de Educación Secundaria Técnica. Este evento, que se realizó en la Escuela Secundaria Técnica núm. 1, contó con la presencia de la Dra. Frida Díaz Barriga (quien es una de las investigadoras en educación más importantes del país), la Dra. Yareni Annalie Dominguez Delgado (investigadora de la UNAM), miembros del Grupo de Investigación en Docencia y Diseño Educativo y TIC de la UNAM (GIDDET-UNAM), el profesor Gonzalo Toledo Cruz (titular de la STC-ST XXII), el profesor Ramsés Barroso Bravo (perteneciente a Secundarias Técnicas) y representantes de Secundarias Técnicas de la Unidad de Educación Secundaria del IEEPO.

Con el propósito de “desarrollar acciones sistemáticas encaminadas a reiniciar el proceso de profesionalización de los trabajadores de este nivel educativo, con miras a la transformación de la práctica docente en el marco del Plan para la Transformación de la Educación en Oaxaca (PTEO)”, esta jornada consistió en la presentación del libro Dispositivos pedagógicos basados en la narrativa de la Dra. Frida Díaz Barriga el cual sirvió de base para los talleres que impartió el GIDDET-UNAM y el seminario permanente para los equipos pedagógicos de la Mesa Técnica del nivel de Secundarias Técnicas.

La propuesta del libro de Díaz Barriga se basa en que: “Los seres humanos pensamos la vida de manera narrativa, construimos una identidad porque podemos narrar historias acerca de nosotros mismos y a través de la narrativa reflexionamos y tomamos conciencia de la cultura y la sociedad en qué vivimos. Gracias a la narrativa, ordenamos al mundo de la experiencia, arribamos continuamente a nuevas compresiones y creamos nuevos significados”. El estudio de la narración como fuente de aprendizaje no es algo nuevo en el campo de las neurociencias y la psicología (carrera base de la Dra. Frida Díaz Barriga): «¿Por qué parece que nuestro cerebro se dispone a disfrutar las historias? y ¿cómo es que los efectos cognoscitivos y emocionales de una narración influyen en nuestras creencias y decisiones del mundo real? / Las respuestas a estas preguntas parecen tener su raíz en nuestra historia como animal social. Contamos historias sobre otras personas y para otras personas. Las historias nos ayudan a guardar memoria sobre lo que pasa en nuestras comunidades. La seguridad, del mundo imaginario de una historia podría ser un tipo de campo de entrenamiento, donde podamos practicar la interacción con otros y aprender las costumbres y reglas de la sociedad. Y las historias tienen un único poder para persuadir y motivar, porque se sirven de nuestras emociones y nuestra capacidad empática.» [Hsu, J. The Secrets of Storytelling: Why We Love a Good Yarn. Scientific American Mind. Agosto 2008 (en línea, traducción libre)]. Tampoco desde el aspecto pedagógico desde el cual Jerome Bruner fue el primero en establecer a la narración como herramienta para la docencia: “la narración es un modo de pensar, una estructura para organizar nuestra conciencia y un vehículo en el proceso de la educación y, en particular, de la educación científica”. Desde el aspecto filosófico, Walter Benjamin, en su texto “El narrador” ya describió su característica artesanal e importancia subjetiva: «La narración, tal como brota lentamente en el círculo del artesanado —el campesino, el marítimo y, posteriormente también el urbano—, es, de por sí, la forma similarmente artesanal de la comunicación. No se propone transmitir, como lo haría la información o el parte, el “puro” asunto en sí. Más bien lo sumerge en la vida del comunicante, para poder luego recuperarlo. Por lo tanto, la huella del narrador queda adherida a la narración, como las del alfarero a la superficie de su vasija de barro.» Desde lo que establece Benjamin cabe preguntarse: ¿cómo utilizar una narración de tal manera que supere esa característica subjetiva y logre concretarse, en el aula, como un conocimiento objetivo? Nos responde la Dra. Frida Díaz Barriga en su ponencia: “La elección de las narrativas deben estar acordes a lo que deseo trabajar en clases. Hay que problematizarla y buscar hacer evidencias. La narrativa es manejar otros mundos posibles.”

Hay que destacar que estos talleres se ofrecieron a supervisores, directores y líderes pedagógicos de las escuelas secundarias técnicas de las 34 zonas escolares de Oaxaca no a maestros en aula. Es una lástima que el conocimiento teórico y manejo de esta herramienta, que es de mucha utilidad en el marco de una educación alternativa como lo plantea el PTEO, no pudo acercarse de forma directa a los maestros en aula: ¿cómo plantearán ahora los organizadores hacer llegar algo tan valioso para el trabajo en aula?, ¿cómo pretenden dar un ejemplo de educación alternativa desde una actividad de carácter autoritario y sectario?, ¿cuál es la razón de no realizar gestiones para repartir un libro que tiene un costo de 330 pesos y no distribuirlo entre los docentes en el aula? La transformación de la educación, con base en la experiencia de los movimientos magisteriales que se ligan a la lucha social, sólo se realiza a través del trabajo en el aula, es decir, no desde arriba, sino desde abajo donde los problemas urgentes y emergentes del magisterio surgen, donde el trabajo docente se encuentra ligado a la narrativa de las comunidades: ¿qué experiencias desde el aula se están perdiendo o ignoran aquellos que pretenden desde arriba cambiar la educación?

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

domingo, 1 de diciembre de 2019

El flujo del tiempo (fragmento)

My Acid Workshop (Where I do my Etching) (1910)
Carl Larsson


A Balam le gustaba visitar a su tío, el relojero. Siempre tenía dulces y chocolates en una cajita de cristal pero lo que más le gustaba eran los relojes cucús. En una de sus visitas, vio a su tío arreglando uno y le mostró el mecanismo. Quedó sorprendido con el movimiento de los resortes, engranajes y las pesas que seguían el compás que marcaba el péndulo. Le encantó ver el gorrión de madera que salía a cantar cuando la manecilla grande pasaba por el número doce, impreso en letras góticas sobre la carátula. Eso le había sorprendido a la edad de diez años y cuando aprendió a andar solo en la ciudad, desde los once años, lo visitaba cada sábado antes de salir por las tardes-noches con José para vagar por la ciudad.

Ese sábado, encontró a su tío inspeccionado dos vasijas: una arriba de su escritorio y otra abajo. Las vasijas estaban hechas de arcilla blanca y tenían grabados en su parte exterior jeroglíficos egipcios. Las vasijas tenían forma de cono con la punta cortada. Se apoyaban sobre la superficie desde la base circular más pequeña. La vasija de abajo tenía pintadas por dentro barras verticales que indicaban números hasta el 12. A lado tenía una cubeta llena de agua: “Ven Balam, mira lo que me regaló uno de mis clientes”, Balam se acercó, “llena de agua la vasija del escritorio”, ordenó su tío. Balam tomó la cubeta y la vació en la vasija. Balam observó que el agua fluyó hacia la vasija del piso por un orificio de la base de la que estaba sobre el escritorio. “Ahora toma ese cuadro de madera y tapa la vasija de arriba”, Balam lo hizo y observó que el flujo paraba: “¡No manches!”, dijo sorprendido Balam. “Impresionante no crees”, dijo su tío sonriendo, “es una clepsidra, ésta es una réplica de las que usaban los guardias egipcios para marcar sus turnos por la noche. Es un reloj de agua.” “Pero no creo que se puedan medir segundos o minutos como los relojes de arena que me enseñaste”, retó Balam.

El relojero tomó un bote de plástico de una papelera bajo el escritorio, lo puso sobre la mesa. Sacó una chincheta de un cajón, con ella le hizo un agujero casi a media pulgada a la base de la botella de plástico. Llenó la botella de agua y la cerró. Colocó dos libros como de dos pulgadas de grosor, uno sobre otro, encima del escritorio. Después arriba puso a la botella llena de agua, cuando abrió la tapadera, salió un chorrito fino de agua del agujero que había hecho con la chincheta. Cuando cerró la tapadera, el chorrito dejó de salir. Tomó un vaso y lo puso sobre el escritorio a la distancia donde caía el chorrito de agua. Sacó su cronómetro de uno de los bolsillo de su saco, abrió la tapadera y el chorrito fue cayendo adentro del vaso sobre el que fue rayando, cada diez segundos, al nivel donde llegaba el agua: “Para medir el tiempo se necesita un acontecimiento regular como puede ser el movimiento de los astros. O bien la caída de un fluido a través de un orificio. O bien el descenso de unas pesas”, decía el tío de Balam, “¿cómo se quiere medir el tiempo antes de saber que siempre se mide en relación a otros fenómenos? El movimiento del sol y la luna mide los años y los meses. El movimiento del péndulo las horas. El flujo de la arena y el agua es el flujo de los minutos y segundos. Los relojes siguen siendo una referencia fundamental para medir el paso del tiempo y éste es la variable independiente de cualquier fenómeno”. Entonces sonó el cucú, eran las siete de la noche y Balam se tenía que ver con José a las siete y media en el parque. “Me tengo que ir, tío”, dijo Balam mientras dejaba a su tío con sus reflexiones sobre relojes de agua, arena y sol, sobre el tiempo y su imparable flujo.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

sábado, 6 de julio de 2019

Un París de artistas farsantes y soledad

El desnudo azul (1907)
Henri Matisse


Trópico de Cáncer
Henry Miller
Santillana (2010)

Trópico de Cáncer es un manifiesto nihilista que Henry Miller, su autor, disfrazó de novela. Esta obra autobiográfica narra la historia de un hombre que conoce un París infecto de artistas farsantes que tratan de llenar su soledad y miseria con sexo y arte.

La corriente filosófica nihilista plantea el rechazo de los principios políticos, sociales, religiosos y morales que configuran las relaciones entre los seres humanos y su mundo. Se basa sobre el postulado de que el destino divino y la determinación histórica no tienen ningún sentido: «El mundo que me rodea está desintegrándose y deja aquí y allá motas de tiempo. El mundo es un cáncer que se devora a sí mismo…», nos dice Henry Miller a través de su alter ego-protagonista de Trópico de Cáncer.

Esa novela se desarrolla en un período después de la Primera Guerra Mundial y el inicio del alzamiento del fascismo y el nazismo. Posterior a ese conflicto, que desgarró por completo el orden aristócrata, la población europea voltea hacia discursos que ordenan, para el beneficio de la nueva clase dominante, el caos en el que se hundieron. Los valores (políticos, científicos, artísticos entre otros tipos) del feudalismo se encuentran en crisis y se empiezan a configurar los de la burguesía. Dentro de ese escenario histórico, París, que atraía a intelectuales, revolucionarios y vagabundos por igual, se llenaba de diversos placeres para olvidar los horrores de las batallas. En ese marco, Miller nos describe, en Trópico de Cáncer, sus relaciones y vivencias. Los seres humanos que habitan esa obra se sirven del arte, el esoterismo y la ciencia para satisfacer sus deseos egoístas. La búsqueda de la verdad, la justicia, la belleza entre otras categorías que configuran el desarrollo humano pasan a segundo plano en un París donde bulle la sífilis, la ebriedad y la soledad.

La novela es un grito alegre, con breves aullidos lastimeros por la resaca, ante el descubrimiento de que el ser humano es feliz cuando se libera de cualquier moral: «No tengo dinero ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo», declara el protagonista. Ese chillido se traduce en pasajes eróticos que escandalizaron a una población estadounidense que se construyó bajo los principios del puritanismo cristiano: «En mi vida he mirado un coño tan serio. Parecía que nunca había visto uno. Y cuánto más lo miraba, menos interesante me parecía. Eso demuestra que no tiene nada de particular, sobre todo cuando está afeitado. Lo que lo vuelve misterioso es el pelo». El gobierno de Estados Unidos la prohibió en 1961 por su contenido obsceno.

Si algo debe atraer del nihilismo, es su capacidad para argumentar, de forma hábil y contundente, sus posturas sobre la miseria y las contradicciones morales del ser humano. En ese sentido, Trópico de Cáncer es un buen manual para descubrir a los artistas farsantes: «No es difícil estar solo, si eres pobre y fracasado. Un artista siempre está solo… si es un artista. No, lo que el artista necesita es sentirse solo.» El discurso del artista farsante declara “hago arte” pero sus acciones buscan el poder. Por ello su soledad, tristeza y sensibilidad son falsas, una máscara para ocultar que el único objetivo de su quehacer “artístico” es cumplir sus deseos carnales y políticos. Ellos son uno de los obstáculos de la evolución y revolución del conocimiento y el crecimiento espiritual.

El arte, según el nihilismo, debería ser «un insulto prolongado, un escupitajo a la cara del arte, una patada en el culo de Dios, al hombre, al destino, al tiempo, al amor, a la belleza, a lo que os parezca». El nihilista pone el dedo en la llaga y hacer sangrar todos los principios, todas las seguridades, nada se salva a su ojo y aun así Henry Miller está equivocado, aun así se contradice, aún así Trópico de Cáncer, a pesar de su carácter nihilista, busca que el lector encuentre a un verdadero ser humano entre sus páginas.

Raúl Fierro 
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

martes, 4 de junio de 2019

La tinta del tiempo (fragmento)

Hombre triste en un tren (1911)
Marcel Duchamp
Fuente: Wikiart


“Toma un asiento”, me dijo el Demiurgo al invitarme a entrar a la casa del Pintor. Antes de sentarme sobre un sillón en el que me hundí, creo que le faltaban algunos resortes. Saludé al Pintor, un hombre canoso de ojos azules y arrugas en la sien, quien preparaba la hierba para la noche; “es un hombre sabio”, me dijo el Demiurgo. Al sondear la habitación con mi mirada, noté a otro invitado quien era una persona delgada con un bigote alargado que terminaba en punta en ambos lados de su boca, siempre mantenía una sonrisa que intensificaba su gesto de burlón con sus ojos rasgados. Me recordaba a Ho Chi Minh.

El Ho Chi Minh chasqueó los dedos y le apareció un cigarrillo de hierba de Pintor en sus manos. Ya que yo era un Iniciado, el Demiurgo y el Pintor hablaban en una lengua extraña para mí sin embargo logré captar algunas palabras cuando empezaba a disertar sobre el espacio-tiempo, el color y la luz:

“Cuántos espacios-tiempos debe haber que no podemos ver”, reflexiona el Pintor.
“El Iniciado dice que el mundo es un sueño”, dice el Demiurgo.

El Pintor me observa, siento que me exige una explicación:

“El mundo está hecho de cuerdas. Las cuerdas vibran en once dimensiones, cuerdas que se transforman bajo la lógica de la Geometría del espacio-tiempo y dejan dudas sobre la realidad de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza”, digo mirando al suelo mientras dibujo sobre el aire curvas y planos.

“Entonces la ciencia ha llegado a ese punto.”, el Pintor fumó y exhaló el humo por la nariz, “hay algunos que niegan la realidad como un telar”, dijo.

“Einstein soñaba en un universo geométrico”, le digo al Pintor, “su sueño era que la Física concibiera a todas las fuerzas como una deformación del espacio-tiempo. ¿Podría ser que aquello que decimos que es real sea producto de nuestra imaginación?, ¿cómo es posible que una ilusión tenga tanto poder de transformación en la realidad?”, reflexioné.

“Todo está hecho de una contradicción”, responde el Pintor, “La realidad no es lo que vemos es lo que imaginamos”.

Las conclusiones a las que llegaba con esta conversación me angustiaban. Para eliminar mi ansiedad, me quedé callado y me dediqué a ver la habitación del Pintor. En una esquina, a dos metros del suelo se encontraba una televisión. Se podían ver las noticias del día: franceses atacando a sirios, el partido de izquierda mexicano tomó la tribuna de la Cámara de Senadores, la chica del clima indicaba un nuevo frente frío. De las paredes colgaban cuadros de mujeres desnudas con rostros en éxtasis, en el centro del cuarto había una canastita sobre una mesa de caoba roja donde el Pintor y el Demiurgo depositaban la hierba que pulverizaban. De todos los objetos orientales y exóticos del hábitat del Pintor, el que llamó más mi atención fue el piano. Encima se encontraba una colección de pinceles de camello gruesos y delgados, biografías de pintores, fotografías de una mujer con un niño que jugaban con la luz, a su lado había grabados de dioses hindúes y pergaminos con caligrafía china. La personalidad del Pintor se reflejaba en ese piano: todo el occidente cargaba al oriente, un objeto que se fragmentaba en otros.

“En un cuento de Las mil y una noches se dice que nosotros somos los hilos con que Alá teje el Universo. Sin nosotros no hay tiempo, sin nosotros el mundo perece”, el Pintor me muestra un cuadro en el fondo de su habitación, dos mujeres desnudas entrelazándose desde sus entrepiernas, doblándose en forma de doble hélice y sus bocas se unían al final. El Pintor se queda absorto mirando el cuadro.

Intenté hablar con el Ho Chi Minh. Me dijo algo y después me extendió su cigarrillo de hierba, fumé. El Demiurgo esa noche se mantuvo callado.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87