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domingo, 19 de julio de 2020

La comprensión científica y la intuición artística

Anunciación de Cestello (1489)
Sandro Boticelli

En su texto “La verdad en la ciencia”, el escritor y físico Jorge Wagensberg plantea que el conocimiento tiene una parte científica, una artística y una revelada. Si es así, se podría decir que la obra de un sujeto, materialización del conocimiento si nos apegamos a una concepción platónica, tiene también su parte de ciencia y arte. “La grandeza de la ciencia es que puede comprender sin intuir, la grandeza del arte es que puede intuir sin comprender”, nos dice Wagensberg. Intuición y comprensión son las acciones por las cuales el sujeto mantiene una conversación con su entorno.


En su libro La estructura de las revoluciones científicas, Thomas Khun plantea que la defensa de un paradigma científico tiene algo de salto de fe: «El hombre que adopta un nuevo paradigma […] deberá tener fe en que el nuevo paradigma tendrá éxito al enfrentarse a los muchos problemas que se presenten en su camino, sabiendo sólo que el paradigma antiguo ha fallado en algunos casos. Una decisión de esta índole sólo puede tomarse con base en la fe». Imaginemos al científico como un navegante en un mar lleno de demonios de Maxwell y Laplace, de paradojas cuánticas y de islas con especies asombrosas. Un mar con estados del tiempo político, económico y social inestables. En ella, el navegante se ha preparado para llegar a su destino, pero nunca falta, dada sus limitaciones humanas, el azar, el error y la incertidumbre. ¿Cómo puede estar seguro de que el camino que ha trazado es el adecuado?, ¿cómo saber que el destino que ha marcado está ahí como lo había imaginado? A pesar de la comprensión de lo que le espera, el navegante hace uso de la intuición para sortear las dificultades que se le presentan.


Uno de los ejemplos que considero más extraordinarios sobre la comprensión y la intuición en la historia de la ciencia, lo encuentro en la obra de Johannes Kepler, en especial en su novela de ciencia ficción Somnium. En ella se encuentra el germen de las leyes de Newton. sigencontramos con las primeras ideas copernicanas sobre el movimiento celeste. Esta obra narra el sueño de un joven que se llama Duracotus quien viaja, a través de las artes mágicas de su madre la bruja Fiolxhilda, a la Luna. Lo revolucionario de esta novela se encuentra en el siguiente pasaje: «...porque, como tanto las fuerzas magnéticas de la Tierra y la Luna atraen al cuerpo y lo mantienen suspendido, el efecto resultante es como si ninguna de ellas lo atrajese». Aunque ahora entendemos que esta “fuerza magnética “de la Luna en realidad es la fuerza de gravedad, la intuición de Kepler, a partir de la comprensión de los datos que sustrajo del palacio de la ciencia de Tycho Brahe, le hacía ver un concepto que ayudó a Newton a crear todo el constructo de la Física tal como la conocemos hoy día. En la época de Kepler, el fenómeno que daba lugar a las mareas no se entendía bien, de hecho, Galileo, el antiaristotélico, se equivocó al explicarlas con un argumento aristotélico de fuerzas relativas que se generaban por el movimiento de la Tierra. Kepler ya intuía que las mareas eran producto de las fuerzas a distancia que ejercía la Luna sobre la Tierra. Si bien Kepler no supo describir de manera correcta los conceptos de inercia y fuerza de gravedad, su intuición tal vez estimuló la comprensión de Newton quien más tarde, a través de ese otro ente que llamamos número, describió estos los elementos que dan forma al universo que ahora tenemos.


En un mar tan violento en el que navega la especie humana, la comprensión de los fenómenos que la rodean, le ayuda a sortear la incertidumbre, el temor y la confusión que las crisis generan y que algunos grupos aprovechan para la traición y el oportunismo. La intuición se fortalece con la comprensión, entre más logremos entender el universo mejor intuiremos mundos posibles que los monstruos tratan de arrebatarnos.


Raúl Fierro 

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

martes, 21 de enero de 2020

Una historia sobre los que no tienen nada que perder

Fuente: https://lwlies.com/

El día 25 de diciembre del año pasado se estrenó en las salas de cine mexicanas la más reciente película del director Bong Joon-ho (Corea del Sur, 1969): Parasite (2019). Fiel a su estilo de crítica social, sin dejar de entretener al espectador, Bong Joon-ho nos ofrece un filme donde el humor ácido y negro es el hilo conductor de nuestras emociones y la historia que nos narra, con un toque de ficción, puede ser la nuestra, la del más de las dos terceras partes de las familias que habitan este mundo.

La familia Kim vive en un semisótano donde trata de ganarse la vida a través del armado de cajas para pizzas. No obtienen lo suficiente para pagar el servicio de internet y tienen que “robarse” la señal de los locales y hogares que hay alrededor. Por otro lado no mueren de hambre y tienden a aspirar a algo mejor de lo que observan desde su patético hogar. Esto los lleva a utilizar toda su astucia para sacar provecho y ganar un extra, o no quedarse sin comer ese día. La suerte toca la puerta de la familia cuando a Ki-woo, hijo de la familia Kim, le ofrecen el trabajo de maestro particular de inglés para la  familia Park, adinerada y que vive sobre la superficie. La estructura familiar es similar a la de los Kim (madre, padre, hijo e hija). Igual de ignorantes y supersticiosos, uno más ingenuos que otros, ausentes de la realidad y otros cercanos.

La película está llena de metáforas y por lo tanto se presta a múltiples interpretaciones. Tiene una potencialidad para sobrepasar épocas y lugares, lo que la convierte en un clásico. Una de las metáforas que guía el espíritu de los Kim es el anhelo de la fortuna y riquezas. Estas aspiraciones y deseos se materializan en una roca, regalo de una familia con una mejor posición económica que los Kim. La roca parece no despegarse del Ki-woo Kim, así como no se le puede despegar la idea de subir de su semisótano a la superficie (el uso de estos espacios hacen recordar Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock). La familia Kim demuestra que todo el servicio de su inteligencia y sus habilidades sirven sólo para sobrevivir en un sistema que los relega a la servidumbre. ¿Cómo se puede sobrevivir en un mundo donde se vive al día?, ¿cómo modifica la moralidad de las clases sus diferencias económicas?, ¿qué vicios de la modernidad aparecen en esta dinámica social? Chung-sook, madre de la familia Kim, reflexiona sobre las actitudes de cada familia: “Claro que son agradables, yo también lo fuera si tuviera toda esa riqueza, es más sería más agradable que ellos”. No hay malas personas, no hay villanos, no hay héroes, sólo gente inmersa en un sistema económico que deforma su comportamiento y crea conflictos entre los que viven en los sótanos y semisótanos, quienes representan al más del 90% de la población mundial.

Es increíble que con pocas locaciones y en 77 días de grabación se haya hecho una obra maestra. ¿Cómo se puede lograr tal proeza? Una buena historia es una excelente forma de lograrlo. Parasite utiliza de manera magistral las herramientas de un cuento. Su estructura sencilla (de un triángulo de Freitag: introducción, punto de conflicto, escalada del conflicto, clímax, resolución del conflicto y desenlace) no disminuye el poder de la fulminación de relámpago que Felipe Garrido recomienda para una historia potente. También sigue la máxima de Chejov: “Si vas a sacar una pistola, más vale que la utilices”. Parasite es una de las grandes películas de la historia del cine, una con diversas lecturas que dará mucho de que hablar en la década que viene.

martes, 4 de junio de 2019

La tinta del tiempo (fragmento)

Hombre triste en un tren (1911)
Marcel Duchamp
Fuente: Wikiart


“Toma un asiento”, me dijo el Demiurgo al invitarme a entrar a la casa del Pintor. Antes de sentarme sobre un sillón en el que me hundí, creo que le faltaban algunos resortes. Saludé al Pintor, un hombre canoso de ojos azules y arrugas en la sien, quien preparaba la hierba para la noche; “es un hombre sabio”, me dijo el Demiurgo. Al sondear la habitación con mi mirada, noté a otro invitado quien era una persona delgada con un bigote alargado que terminaba en punta en ambos lados de su boca, siempre mantenía una sonrisa que intensificaba su gesto de burlón con sus ojos rasgados. Me recordaba a Ho Chi Minh.

El Ho Chi Minh chasqueó los dedos y le apareció un cigarrillo de hierba de Pintor en sus manos. Ya que yo era un Iniciado, el Demiurgo y el Pintor hablaban en una lengua extraña para mí sin embargo logré captar algunas palabras cuando empezaba a disertar sobre el espacio-tiempo, el color y la luz:

“Cuántos espacios-tiempos debe haber que no podemos ver”, reflexiona el Pintor.
“El Iniciado dice que el mundo es un sueño”, dice el Demiurgo.

El Pintor me observa, siento que me exige una explicación:

“El mundo está hecho de cuerdas. Las cuerdas vibran en once dimensiones, cuerdas que se transforman bajo la lógica de la Geometría del espacio-tiempo y dejan dudas sobre la realidad de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza”, digo mirando al suelo mientras dibujo sobre el aire curvas y planos.

“Entonces la ciencia ha llegado a ese punto.”, el Pintor fumó y exhaló el humo por la nariz, “hay algunos que niegan la realidad como un telar”, dijo.

“Einstein soñaba en un universo geométrico”, le digo al Pintor, “su sueño era que la Física concibiera a todas las fuerzas como una deformación del espacio-tiempo. ¿Podría ser que aquello que decimos que es real sea producto de nuestra imaginación?, ¿cómo es posible que una ilusión tenga tanto poder de transformación en la realidad?”, reflexioné.

“Todo está hecho de una contradicción”, responde el Pintor, “La realidad no es lo que vemos es lo que imaginamos”.

Las conclusiones a las que llegaba con esta conversación me angustiaban. Para eliminar mi ansiedad, me quedé callado y me dediqué a ver la habitación del Pintor. En una esquina, a dos metros del suelo se encontraba una televisión. Se podían ver las noticias del día: franceses atacando a sirios, el partido de izquierda mexicano tomó la tribuna de la Cámara de Senadores, la chica del clima indicaba un nuevo frente frío. De las paredes colgaban cuadros de mujeres desnudas con rostros en éxtasis, en el centro del cuarto había una canastita sobre una mesa de caoba roja donde el Pintor y el Demiurgo depositaban la hierba que pulverizaban. De todos los objetos orientales y exóticos del hábitat del Pintor, el que llamó más mi atención fue el piano. Encima se encontraba una colección de pinceles de camello gruesos y delgados, biografías de pintores, fotografías de una mujer con un niño que jugaban con la luz, a su lado había grabados de dioses hindúes y pergaminos con caligrafía china. La personalidad del Pintor se reflejaba en ese piano: todo el occidente cargaba al oriente, un objeto que se fragmentaba en otros.

“En un cuento de Las mil y una noches se dice que nosotros somos los hilos con que Alá teje el Universo. Sin nosotros no hay tiempo, sin nosotros el mundo perece”, el Pintor me muestra un cuadro en el fondo de su habitación, dos mujeres desnudas entrelazándose desde sus entrepiernas, doblándose en forma de doble hélice y sus bocas se unían al final. El Pintor se queda absorto mirando el cuadro.

Intenté hablar con el Ho Chi Minh. Me dijo algo y después me extendió su cigarrillo de hierba, fumé. El Demiurgo esa noche se mantuvo callado.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

sábado, 2 de junio de 2018

Anteojos samperianos




Raúl Fierro*

Anteojos para la abstracción
Guillermo Samperio
Cal y Arena (1994)

Guillermo Samperio (Ciudad de México, 1948-2016), es uno de esos escritores que generaron texto como si la vida se le fuera en ello. Publicó más de 50 obras entre novela, cuento, ensayo y literatura infantil (“Muere Guillermo Samperio”. El Universal. 14 de diciembre de 2016). Anteojos para la abstracción fue su primera novela que en palabras del autor: «es una novela fantástica que se aprovecha de los recursos de la ciencia ficción para entrar en contacto con la diversidad del tiempo y las relaciones familiares autoritarias que dejan ausente al hijo». (Proceso. 23 de enero de 1995).

El libro trata sobre Eduardo Medellín quien es un ingeniero quien rechaza la academia y decide inventar aparatos que la mayoría de la gente consideraría inútiles, sin embargo tienen un fin humanístico. Por ejemplo crea el Tempus fractum el cual es un reloj que marca la época en la que las personas viven realmente. Así Medellín descubre que aquellos que se dicen vivir en la modernidad o ver hacia el futuro, tienen ideas y valores medievales. También inventa un aparato que capta los sonidos que se quedaron en algún lugar en un tiempo pasado. Sin embargo su creación cumbre, que le da nombre a este libro, son los Anteojos para la abstracción: «Colocó la cuarta lente, se puso los googles de unicornio, los orientó hacia la ventana y vio cómo el halo se transformaba rápidamente en débiles e inestables vibraciones  lumínicas […] tal vez el universo contenga también un rango de indefinición, indefinido para siempre».

La novela, para quien guste de una voz narrativa convencional, es algo rara. Esta obra se narra en primera y tercera persona, dichas voces se van acercando cada vez más mientras el tiempo de la narración transcurre y, en consecuencia, se van sobreponiendo. A pesar de sus singularidades que lo convierten en una obra de ciencia ficción y fantasía bien hecha, a primera vista el libro no es atractivo. La sinopsis en la contraportada es tan mala que se aleja por mucho del contenido de la novela y el principio de la obra no es llamativo. ¿Por qué lo compré? No conocía al escritor Guillermo Samperio más allá de algunas menciones del gran trompetista de jazz Miguel Samperio: “Es mi primo, ¿lo sabías?”, me dijo el músico que radica en Oaxaca. Por eso me animé a comprar Anteojos para la abstracción además de que lo necesitaba adquirir para que me vendieran una biografía de Ricardo Flores Magón.

Qué son los anteojos: son dos lentes que contraponen imágenes; en este caso voces que describen tiempos y lugares. También pueden ser que empalman dos ideas: «Cuando se transcurre entre el mundo de las ciencias exactas y las humanas, uno se encuentra en un camino donde el límite no está bien definido». Creo que Anteojos para la abstracción es una novela singular para aquellos que buscan ir más allá del lenguaje y explorar las posibilidades de combinar las ideas científicas, literarias y fantásticas. Un libro exótico para aquellos que busquen algo más allá de niños de la Condesa y la Roma buscando su lugar en este mundo cruel y violento.

*Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87