Mostrando entradas con la etiqueta Tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tiempo. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de enero de 2022

Cronos y el año nuevo

El tiempo de las viejas (1820). Francisco Goya
Fuente: Wikiart

El festejo de año nuevo está lleno de símbolos. Si hacemos caso a la interpretación de los mitos griegos según Robert Graves, podemos encontrar relaciones con sobre los orígenes y festejos de lo que consideremos un nuevo ciclo solar. El origen el Universo: «En el principio, Eurínome, la Diosa de Todas las Cosas, surgió desnuda del Caos, pero no encontró nada sólido en qué apoyar los pies y, en consecuencia, separó el mar del firmamento y danzó solitaria sobre sus olas.» ¿No les parece conocido el relato? Y el símbolo de la Diosa de Todas las Cosas se convierte en algo más cercano a nuestras creencias religiosas: «Luego asumió la forma de una paloma aclocada en las olas, y a su debido tiempo puso el Huevo Universal.» ¿Con quién procreó la Diosa de Todas las Cosas al Huevo Universal (que fue la figura que inspiró el padre Lamaître para construir desde las ecuaciones de Einstein la Teoría del Big Bang)? Fue la serpiente Ofión quien la Diosa creó con sus manos a partir del viento del norte: «En este sistema religioso arcaico no había hasta entonces dioses ni sacerdotes sino solamente una diosa universal y sus sacerdotisas, pues la mujer constituía el sexo dominante y el hombre era su víctima asustada. No se honraba la paternidad y se atribuía la concepción al viento, la ingestión de habichuelas o a la deglución accidental de un insecto; la herencia era matrilineal y a las culebras se las consideraba encarnaciones de los muertos.» La vida es la que vence a la muerte, la creación es la que vence el tedio que se convierte en desesperanza.


Pero quién propulsa el inicio y el fin de todas las cosas, quién impulsa el motor de los ciclos naturales y sociales: El Tiempo. El dios griego Cronos es quien devora nuestras historias, nuestros amores, nuestros miedos e incluso a la muerte: «Crono se casó con su hermana Rea, a quien está consagrado el roble. Pero la Madre Tierra y su moribundo padre Urano profetizaron que uno de sus hijos lo destronaría. En consecuencia, cada año devoraba a los hijos que le daba Rea: primeramente a Hestia, luego a Deméter y Hera, y más tarde a Hades y Posidón.» Cómo vencer a tal monstruo: «Rea estaba furiosa. Dio a luz a Zeus, su tercer hijo, en plena noche en el monte Liqueo de Arcadia, donde ninguna criatura proyecta su sombra y, después de bañarlo en el río Neda, lo entregó a la Madre Tierra, quien lo llevó a Licto en Creta y lo ocultó en la cueva de Dicte en el monte Egeo. La Madre Tierra lo dejó allí para que lo criaran Adrastea, una ninfa del Fresno, su hermana Io, hijas ambas de Meliseo, y la ninfacabra Amaltea. Se alimentaba de miel y bebía la leche de Amaltea, con el chivo Pan, su hermano adoptivo.» Zeus representa la luz que nace en la noche «donde ninguna criatura proyecta su sombra», Amaltea es el Capricornio, el cuerno de la abundancia de quien se alimentaba junto con su hermano Pan, el amanecer. Nos dice Graves: «Pero en la época a que se refieren estos mitos se permitía ya a los reyes prolongar sus reinados hasta un Año Grande de cien lunaciones y ofrecer víctimas anuales de niños en su lugar; de aquí que se describa a Crono como devorando a sus propios hijos para evitar el destronamiento. Porfirio (Sobre la abstinencia, ii.56) nos cuenta que los Curetes cretenses solían ofrecer sacrificios de niños a Crono en la antigüedad. [/] En Creta se sustituyó pronto a la víctima humana por un cabrito; en Tracia, por un ternero; entre los adoradores eolios de Posidón, por un potro; pero en los distritos atrasados de Arcadia todavía se comía sacrificialmente a niños, incluso en la era cristiana.» Y ahora comemos pavo.


Al Tiempo no se le puede vencer, se le encierra en alegría, en una botella de licor o en una plática con tus seres queridos. Se encapsula en los recuerdos, lo vencemos al rememorar los eventos y reflexionarnos. Hoy es otro día de un año más para organizar un mundo mejor.


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

domingo, 15 de marzo de 2020

El hombre soberbio

Fuente: Perfil de Facebook de la editorial MalPaso 

El hombre soberbio
Leonardo Da Jandra
Malpaso (2019)

La ciencia ficción mexicana adolece de buenos escritores que nos ofrezcan un Universo que sea coherente o al menos una novela decente. En el texto “Ciencia ficción mexicana: Del modernismo al cyberpunk”, Rodrigo Mendoza reflexiona sobre el estado de la ciencia ficción mexicana: «El asunto es que México ha construido su propia idea de la ciencia ficción a través de alguno de los autores ya mencionados [Ray Bradbury, Isaac Asimov, Stanislaw Lem] o bien por medio de decenas de películas hollywoodenses que invaden los cines cada año.» Dentro de esos autores encontramos a Luis Jorge Boone y BEF, que configuran mundos ajenos al mexicano ofreciendo obras intrascendentes, excepto por El ladrón de sueños de BEF, que me parece una de las mejores novelas contemporáneas de la ciencia ficción mexicana. Sin embargo hay un escritor que se empecina en dejarnos un legado en ese tema: Leonardo Da Jandra.

«Y llegó en uno de los momentos más críticos en la historia del planeta, cuando la corrupción de los valores enseñados miles de años atrás por las mentes más sabias alcanzaba un punto de ruptura: la amenaza de un regreso brutal a las más oscuras edades.» Así empieza Da Jandra a configurar el universo de El hombre soberbio. En un futuro no tan lejano en términos cósmicos, aparece un superhéroe: Helioson, Hijo del Sol, quien tenía «un cuerpo y salud excepcionales, y con la inteligencia de un felino salvaje que observa en máxima tensión las rutinas del herbívoro que va devorar.» Este superhéroe tiene dos mentores los filósofos, Aristobúl y Amonio. El primero es paciente y sobrio de carácter quien, desde la academia y las esferas políticas, defiende y aconseja a su pupilo. El segundo, Amonio, es más impulsivo y, con una crítica enardecida y fina, enjuicia a una sociedad en decadencia ética, política y social. Helioson, como un adolescente orgulloso de su físico y de su audacia, desoye los consejos de sus maestros para caer una y otra vez en las trampas de los villanos de esta novela quienes conjugan todos los vicios de este universo y serán artífices de la tragedia de Helioson.

Esta novela es parte de una trilogía donde Da Jandra ha configurado un universo donde expone sus ideologías y sus predicciones de una sociedad muy parecida a la nuestra. La ciencia y filosofía se hacen presentes en esta novela como una explicación cósmica de un mundo que poco a poco cae en el abismo. Esta obra se inspira en una parte de la historia antigua romana que el autor combina con el toque del cómic, configurando un superhéroe trágico. Llena de aforismos, esta novela es un reflejo de lo que nos espera en un futuro próximo sino hacemos algo por remediarlo.

La obra es ambiciosa al tratar de crear un universo. Muchos de sus escenarios y personajes se quedan a medias en su construcción. Si la comparamos con el universo de Asimov, El hombre soberbio como novela de una serie queda muy corta. Tiene algunos errores en las explicaciones científicas, por ejemplo creer que en una emergencia de radiación solar lo más correcto es huir hacia las montañas o al tratar de explicar un tipo de vida que se basa en oro.

Quienes asistimos al taller de ese autor, conocemos muy bien su gusto por los temas científicos y su amor por ese género tan poco tocado por la literatura mexicana. La ciencia ficción requiere método y los escritores actuales mexicanos no lo tienen. Son trabajadores impulsivos, pero no realizan una búsqueda artística, esa energía de su talento la enfocan en obtener el poder. Es una lástima que la editorial Almadía haya dejado de publicar libros sobre ese tema, aunque con varios errores, era admirable que hayan apostado por la Ciencia Ficción.

Nos dice Rodrigo Mendoza: «La tecnología y el futuro dejan de ser milagrosos o interdimensionales para abrir camino a la introspección, a los rumbos insondables del porvenir, ocasionalmente a la desesperación, y a la falta de fe en la especie humana.» La Ciencia Ficción cuestiona el estado de la sociedad y su relación con sus avances científicos y tecnológicos, y es aquí donde la filosofía encuentra su lugar en este género. Los universos que se crean a partir de esta literatura deben cuestionar y para cuestionar se necesita cierta inteligencia, cierto amor por la sabiduría y El hombre soberbio tiene ambas.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

domingo, 30 de diciembre de 2018

¡Feliz año nuevo (del calendario que usted guste)!

Calendario soviético 1930
Fuente: Wikipedia


El calendario es una de las tecnologías más antiguas y de mayor importancia de la historia humana. Un calendario conecta a lo celestial (el movimiento de los astros) con lo terrenal (las actividades sociales, políticas y religiosas). “Toda gran civilización ha mirado a los cielos”, diría Alexander Von Humboldt en la Medición del mundo de Daniel Kehlmann pero esa frase puede llevarse más allá: “Todas las civilizaciones han mirado los cielos”. ¿Cómo saber las temporadas de migración de los animales para cazarlos? ¿Cómo conocer los períodos de cosecha? ¿Cuándo cobraría la iglesia católica sus diezmos de cada festividad sin una cuenta sistematizada de los días?

Existen tres tipos de calendarios según el ciclo del Sol, la Luna u otros astros (calendario sideral). El que se utiliza actualmente es un calendario solar que evolucionó del mesopotámico, pasó al juliano y, finalmente, se convirtió en el gregoriano. El mesopotámico era un calendario de 365 días con 12 meses de 30 días cada uno. Tenía un error que se corregía añadiendo cinco días que se distribuían en ciertos meses (usualmente se elegían por argumentos religiosos o políticos). Una de las reformas más importantes al calendario mesopotámico fue el romano que terminó convirtiéndose en el calendario juliano. Se le nombró así en honor a su reformador el emperador romano Julio César en el año 46 antes de Cristo. Ese nuevo calendario consistía en 365 días que se dividían en doce meses. Su error era de tres días de adelanto en los equinoccios cada cuatro siglos. En 1582, con la llegada del poder papal y el sistema feudal, como régimen económico dominante, se reformó el calendario juliano gracias a los trabajos de Copérnico (el sistema planetario heliocéntrico) producto de una convocatoria que lanzó el Papa Gregorio XIII. Este cambio tuvo como objetivo conocer las fechas exactas de diversas festividades religiosas para el cobro de tributos. Ya para esa época el calendario juliano tenía un retraso de trece días con el calendario gregoriano el cual rige actualmente nuestras actividades.

Sin embargo el primer calendario de la historia fue lunar. En el año 2004, arqueólogos, que trabajaban en las llanuras escocesas de Aberdeenshire, hallaron el calendario más antiguo del mundo: «El calendario parece imitar las fases de la luna con el fin de realizar un seguimiento de los meses lunares en el transcurso del año. Lo más impresionante de este hallazgo es que es obra de sociedades de cazadores-recolectores que vivieron hace unos 10.000» [“Arqueólogos descubren el calendario más antiguo del mundo”. RT. 15 de julio de 2013 (en línea)]. Es decir un poco más de 7000 años antes que apareciera el primer alfabeto.

Ha habido otros tipos de calendarios que se han generado por diversas causas como políticas (calendario revolucionario francés) o productivas (calendario soviético). También ha habido varios intentos de reforma al calendario actual como el mundial propuesto por Elizabeth Achelis: «El calendario mundial es un intento de darle un empuje de estabilidad y a la medición del año y permanencia del reloj, la regla y la escala.

»Dividiría el año en trimestres de 13 semanas, cada trimestre comenzando un domingo. El primer mes de cada trimestre tendría 31 días, los otros 30. Como esto suma solo 364 días, se insertará un día adicional entre el 30 de diciembre y el 1 de enero. En los años bisiestos, se insertará otro día adicional después de 30 de junio.» [“Elisabeth Achelis, Calendar Reformer”. The New York Times. 15 de febrero de 1973 (en línea, traducción mía)] Pero ¿por qué, a pesar de que conocemos de manera muy precisa los movimientos de los astros, no tenemos un calendario más preciso?

El calendario es una de las pruebas más fehacientes de uno de los principales postulados marxistas: «El régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época» [prólogo de Engels a la edición alemana de 1883 del Manifiesto del Partido Comunista]. El calendario es una tecnología que muestra las necesidades religiosas, políticas y civiles de una sociedad. Ese aparato surge a partir de la exigencia de organizar las riquezas que sustraemos de la Tierra. ¿Acaso nuestras compras, trabajo y crisis sociales cotidianas o no, las regula un sistema que surge de los cielos y toma forma en nuestras ideas y regímenes económicos?

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

domingo, 18 de noviembre de 2018

¿Existe el tiempo?

Fuente: Google Libros



¿Existe el tiempo?
Étienne Klein
Akal Ediciones
2005

El tiempo es una categoría, como el aire, la luz y los átomos, con el que nos relacionamos en nuestra vida cotidiana pero pocos pensamos sobre su naturaleza. Incluso, quiero arriesgar a decir, que la mayoría de los intelectuales economicistas, materialistas e idealistas, no reflexionan, a profundidad, sobre la definición del tiempo, su existencia y relación con el ser. Para ellos parece que es obvia su existencia y la utilizan sin llegar a preguntarse, como lo hace Étienne Klein en su libro ¿Existe el tiempo? (Akal Ediciones, 2005): «¿Cómo podríamos percibir un objeto, contar un suceso, expresar una emoción o narrar una historia sin configurarlos en un trama temporal?»

Étienne Klein, físico y doctor en Filosofía, en su obra ¿Existe el tiempo?, reflexiona sobre la naturaleza del tiempo en sí y no sólo como una representación física en el movimiento de las manecillas del reloj, la fuerza del trabajo o el envejecimiento. Klein intenta tejer una red que atrape al tiempo en sí: «En primer lugar, el tiempo no es un objeto en el sentido habitual del término (no tiene el mismo tipo de realidad que una mesa o una silla), y en segundo lugar, el lenguaje franco ante la exigencia de tener que hablar del mismo.»

Con un lenguaje sencillo y claro, también gracias a la traducción al español de Diana Lerner, Klein pone en la mesa algunos conceptos del tiempo, por ejemplo:

1.      El pasado: «Por una parte, se puede afirmar que el pasado está desprovisto de toda consistencia real porque es incapaz de abrirse una vía hacia una presencia observable y palpable.»
2.      El futuro: Que «supone a la vez la espera (dado que lo que nos separa de éste es la duración) y la imaginación (dado que sólo lo podemos anticipar de forma ficticia).»
3.      El presente: Que tiene un carácter paradójico: «es a la vez persistente y efímero: está siempre allí, pero nunca idéntico a sí mismo, y su advenimiento imbrica de forma contradictoria la permanencia y el cambio.»

Lo cual lo lleva a cuestionar la realidad «la cual para ser reconocida como tal, debe poder ser vista y palpada por mí o por otra persona en la cual yo confío». Entonces cabe preguntarse: Si los conceptos fundamentales que nos dan señales de la presencia del tiempo «sólo existe[n] en nuestra conciencia, no en el mundo»: ¿Existe el tiempo?

Podemos decir hasta aquí, por lo que he mostrado del libro, el autor tiende al idealismo pero después de hacer un análisis del tiempo en la historia de la ciencia desde el punto de vista de Galileo y Einstein, señala su función dentro del materialismo: «Aunque la reflexión sobre el tiempo pueda tender a la abstracción más descarnada, siempre se transparenta de forma concreta, o sea cada día, en el centro mismo de las reglas de vida y pensamiento.» ¿Puede ser que, como la luz tiene un comportamiento como onda-partícula, el tiempo “radique” tanto en el materialismo e idealismo, es decir, que el carácter elusivo del tiempo, para contenerlo en una definición, valide ambas corrientes filosóficas?

El tiempo en este sentido, desde la problemática que plantea Klein en ese breve pero potente ensayo, aquellos que apoyan incondicionalmente al materialismo, deben tomar en cuenta ese carácter filosófico idealista del tiempo, si es que desean desterrar la semilla del dragón idealista del campo teórico hegeliano. Por otro lado los idealistas no deben ignorar la influencia materialista del tiempo en los procesos económicos, sociales y políticos, no deberían ignorar el sufrimiento del proletariado y dejárselo en manos de un ente sobre el cual tenemos influencia.

Hay mucho que reflexionar sobre el tiempo y ¿Existe el tiempo? de Étienne Klein es un buen libro donde empezar a buscar para conciliar o potenciar nuestro pensamiento.

Nota: Este libro está para préstamo interno en la biblioteca de la Casa de las Ciencias de Oaxaca.

Raúl Fierro 
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87