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sábado, 6 de febrero de 2021

Ciencia Ficción y Arte: una alianza ontológica

Yerka, J. Techno Beach
Fuente: Wikiart

La Ciencia Ficción (CF) como género se manifiesta en varias expresiones artísticas: la literatura, el cine, la escultura entre otras. Su importancia radica en la capacidad para narrar futuros posibles que nos permitan reflexionar sobre cuál es el propósito de la humanidad, qué consecuencias tiene el desarrollo tecnológico en los ámbitos políticos y religiosos, y cómo la ciencia influye en nuestra concepción del ser.


Existen varios departamentos universitarios que se dedican al estudio de la ciencia ficción y su uso en la docencia y el arte (v.g. la Asociación de Estudios sobre la Ciencia Ficción que se conforma por miles de profesores en el mundo). Los investigadores han logrado discernir cuatro temas principales de la CF: utopías y distopías, manipulación temporal y épocas alternativas, inteligencias artificiales y la interacción con otros mundos y seres. De lo anterior, los artistas contemporáneos prefieren abordar las implicaciones sociales de las inteligencias artificiales, la cual da lugar al cyberpunk o la especulación sociológica de la era robótica.


Para una crítica del arte de la CF, Vernor Vinge, científico y autor de CF, acuñó el concepto de singularidad tecnológica, la cual se refiere al momento histórico en que las máquinas tengan la facultad de mejorarse sin la ayuda del ser humano. Vinge plantea cuatro posibles escenarios de la singularidad tecnológica:


  1. La evolución de las computadoras hacia una inteligencia súperhumana. En este caso tenemos a los algoritmos de Google, Facebook, Amazon y otras compañías, que determinan lo que deseamos ver, escuchar y conocer.
  2. La generación de una gran red de computadoras que representen una entidad con inteligencia humana. El desarrollo tecnológico del internet ha logrado satisfacer nuestras necesidades de entretenimiento y consumo hasta resolver teoremas matemáticos y enigmas como el descubrimiento de las ondas gravitacionales.
  3. La unión entre humano y máquina. Las vacunas son una actualización de nuestro antivirus y La especulación desde el cyberpunk nos lleva a pensar en la instalación de un cibercerebro que se actualice vía satelital: ¿acaso los tutoriales por YouTube ya cumplen de manera arcaica esa función?
  4. El progreso de las ciencias biológicas hasta el punto de un incremento en las capacidades intelectuales humanas. Aunque ilegales, las drogas que potencian las habilidades de los deportistas ya existen o algunas que ya mejoran el rendimiento cognitivo en el ajedrez.


Ya hemos iniciado un proceso donde la disolución de los límites del alma y el cuerpo se volverá una realidad. Si la tecnología nos permite prescindir del cuerpo como una parte de nuestra identidad: ¿cómo definiremos al ser? Si la espiritualidad y las creencias están ligadas a la respuesta de la anterior pregunta: ¿será el desarrollo tecnológico, por parte de las máquinas, una señal de convivencia o de superación?, ¿cómo será la espiritualidad en ese futuro? (ver "La rebelión de las máquinas. Arte, singularidad tecnológica y ciencia ficción" de García-Sedano).


Por otro lado, dado lo anterior, ¿en qué radica la potencia especulativa de la CF? En que es el mito de la cultura contemporánea. Robert Graves, en el prólogo de su libro Los Mitos Griegos, hace un análisis sobre como estas narraciones justifican el poder por parte de ciertos grupos además de los roles de cada civilización que conformaba el mundo helénico. Así la CF configura la forma en cómo percibimos la ciencia, sus limitaciones y alcances. De alguna manera es una representación de la nueva divinidad de la humanidad: la tecnología, que da forma al devenir del ser humano, a una nueva espiritualidad que se basa en la construcción de una nueva idea del progreso, la cual el arte, el que se preocupa por la reflexión y la búsqueda de la verdad a través de la libertad, ha criticado de forma dura y bella.

 

Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

domingo, 8 de noviembre de 2020

El ajedrez: derrota, humildad y obsesión

Esquema de la Defensa siciliana variante Nadjorf
Fuente: Chess.com

El ajedrez es un juego increíble. En 64 casillas, se puede encontrar un sin fin de configuraciones con las 16 piezas que conforman este juego-ciencia: cómo puede ser que en un juego limitado por reglas, espacios y números se pueda lograr una infinidad de movimientos, problemas, aperturas y defensas. Durante la cuarentena me he podido adentrar más en este mar inmenso de cuadros negros y blancos, del cual he aprendido del valor de la derrota, de la humildad en la victoria y de lo peligroso que es una obsesión.


José Raúl Capablanca, uno de los grandes jugadores de ajedrez y del cual Guillermo Cabrera Infante hizo una semblanza en su libro Mea Cuba, se le conocía como el Mozart del ajedrez. Su capacidad intuitiva para el juego-ciencia contrastaba con la potencia teórica de su archienemigo en el tablero: Alekhine. Decía Capablanca: “De pocas partidas he aprendido tanto como de la mayoría de mis derrotas”, esto demuestra un atisbo del camino de su genialidad. La derrota es una gran maestra de la vida y más para un jugador que tenía una vitalidad balzaquiana. Son asombrosas las anécdotas sobre sus juergas y cómo se curaba las resacas en partidas contra Grandes Maestros.


Precisamente, muy pocos juegos te enseñan la humildad como el ajedrez. Ahora con la ayuda de los módulos (procesadores que te ayudan analizar partidas), te das cuenta cuánto vale tu victoria. “La táctica fluye a partir de una posición superior”, decía Bobby Fischer, el jugador maldito del ajedrez. La práctica en la táctica es lo que te hace un jugador más fuerte. Un Gran Maestro pasa horas resolviendo problemas de ajedrez. Antes de cada torneo es necesario calentar realizando ejercicios tácticos para poder jugar de forma más precisa. El estudio de la teoría te hace ver que tan ignorante eres a pesar de que ya puedas vencer a más de las dos terceras partes de los jugadores de ajedrez en el mundo. La fuerza entre un principiante y un avanzado en el ajedrez es brutal; ya no se diga comparado con un Gran Maestro, que es prácticamente un dios en el tablero.


“Todos los jugadores de ajedrez deberían tener un pasatiempo”, es uno de los aforismos de Savielly Tartakower, uno de los pocos jugadores completos, es decir, que conjugaba la intuición con la teoría ajedrecística. Cuando juegas al nivel de un aficionado, te parecen increíbles los ataques, los sacrificios son incomprensibles y las aperturas y defensas son producto de un arte oscuro y antiguo. Cuando eres principiante, ya conoces algunas tácticas, empiezas a soñar con las posiciones y te arriesgas más para experimentar y reconocer tus debilidades. Cuando vas avanzando es peor, ya no hay otra cosa en tu mente más que el tablero y las posiciones de las piezas. Te obsesionas, no por ganar, sino por comprender: dónde fallaste, cuáles son las sutilezas de la apertura, el medio juego y los finales, por qué esa obsesión de Mijaíl Thal por sacrificar piezas y su magia para ganar en esas situaciones: “Cuando Spassky te sacrifica una pieza, ya puedes rendirte. Pero cuando la sacrifica Tal, deberías seguir jugando, porque es muy posible que pronto te sacrifique otra, y entonces ¿quién sabe?”, decía Nadjorf del Brujo de Riga. Nadjorf es autor de una de mis defensas favoritas y que aún trato de dominar: 1. e4 c5 2. Cf3 d6 3. d4 cxd4 4. Cxd4 Cf6 5. Cc3 a6. Esa insignificancia aparente del movimiento del peón trae consigo complicaciones e inicia una serie de trampas y celadas que sólo el ojo de un ajedrecista avanzado puede ver.


Derrota, humildad y obsesión son los ingredientes de la vida. Para quien cree no conocerlas, dirá que el ajedrez es aburrido; para esa persona su existencia es tediosa. La creación no tendría sentido sin el ajedrez. Este juego es un elíxir, una droga; una forma de adentrarnos al alma humana: A través de las aperturas y defensas conocerás la personalidad de tus oponentes.


Raúl Fierro 

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

domingo, 9 de agosto de 2020

La poesía y la metáfora

 

Abstracciones (1948)
José Pedro Costigliolo

Juguemos con esta idea: La poesía es un paraíso. En la Biblia, se puede leer que una de las primeras tareas que le encargó Dios al sujeto fue nombrar. Antes del sujeto, las plantas y los animales que vivían en el paraíso, no tenían una nominación. Entonces la poesía, como paraíso, puede existir sin el sujeto, pero el el acto de nombrar una noche estrellada, la expansión del universo, el sonido de las olas del mar entre otras experiencias que exalten el alma, necesita de alguien para existir. La poesía está en todas partes, a pesar del sujeto, y es la materia prima con la que se construye un teorema, una novela, una canción entre otras obras humanas.


Extendamos lo anterior: la poesía es un paraíso de metáforas. El científico y el poeta trabajan desde la poesía. Por ejemplo las leyes de conservación de la energía, del momento, del color y de la carga existen a pesar de nosotros, pero tienen sentido cuando aprendemos las metáforas para nombrarlas y entenderlas: la energía se conserva porque existe una simetría en el tiempo: pasado-futuro son indistinguibles para alguien que observe una bola de billar moverse en reversa. La imagen se reproduce en tu mente y cobra sentido con la experiencia de la próxima vez que jugarás billar. La poesía para entenderla y gozarlas necesita experimentarse. Otro ejemplo ahora desde la obra del poeta, Lezama Lima dice: «pues las olas son tan artificiales como el bostezo de/ Dios» ¿Quién no lo ha escuchado acostado en una hamaca bajo la sombra de una palapa? ¿Escucharás atentamente las olas del mar la próxima vez que vayas a una playa?


Dejemos a un lado las olas del mar y las leyes de conservación, tomemos el nombre del átomo. A finales del siglo XIX la mayoría de los físicos no creían en la existencia del átomo. Lo consideraban una ayuda teórica, un invento poético de los químicos, pero no un objeto real. Los químicos creían que realmente existía. Tuvo que llegar Einstein con un artículo para convencer a la comunidad de físicos que los átomos existen. Ahora podemos verlos con microscopios electrónicos y son tan reales como los describe Neruda en su “Oda al átomo” (fragmento):


Pequeñísima

estrella,

parecías

para siempre

enterrada

en el metal: oculto,

tu diabólico

fuego.


Un día

golpearon

en la puerta

minúscula:

era el hombre.


El átomo era poesía antes que Neruda lo descubriera o que Einstein le diera forma y contenido. El átomo viví en el paraíso y sólo nos quedó nombrarlo para convertirlo en poema, energía o una idea. El paraíso de las metáforas, aunque artificial como el bostezo de Dios, logra transformar nuestro mundo material. La teoría científica y el poema son tan parecidos en su capacidad de recrear nuestra realidad, que podría decirse que un buen científico, a su modo, también es un buen poeta.

domingo, 28 de junio de 2020

La crítica literaria según Cervantes

José Pedro Costigliolo
Don Quijote y Sancho Panza
José Pedro Costigliolo (1902-1985)

Muchos de los estudiosos de la Física, coincidimos que entre más precisa sea la medición, mejor serán los datos para obtener una conclusión verdadera. Tycho Brahe tenía una idea muy clara de eso. Su observatorio Uraniborg fue una muestra de ello. En ese lugar Kepler obtuvo los datos con los cuales generó las ideas-bases de la astronomía actual.


¿Qué es medir? Es comparar. El patrón con el que midamos es fundamental para saber si nuestra percepción, sobre un objeto o evento, es verdadera. En el caso de la crítica literaria, el patrón de medición puede ser un libro o un autor: «… hay quien es más sabio que otro y que quien es más sabio es medida…», nos dice Sócrates en el Teeteto de Platón y Miguel Cervantes Saavedra, como lo muestra en el capítulo sexto de su obra El ingenioso hidalgo de Don Quijote de la Mancha, (cabe destacar que la obra kepleriana es contemporánea a la de Cervantes y posiblemente se viera influenciado por ésta) parece no alejarse mucho de esa idea.


En dicho pasaje, el cura y barbero, junto con la sobrina de Don Quijote y su ama de casa, entran a la biblioteca del Ingenioso Hidalgo para decidir cuales libros mandarán al corral de las gallinas para quemarlos, esto a causa de que creían que esos textos eran culpables de la locura de Don Quijote: «... el ama los vió, volvióse a salir del aposento con gran priesa, y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo: tome vuestra merced, señor licenciado [el cura]; rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten en pena de la que les queremos dar echándolos del mundo. Causó risa al licenciado la simplicidad del ama..." El ama no estaba tan lejos de esa aseveración. En el documental The Mindscape of Alan Moore, el creador de Watchmen, V de Vendetta, La liga de los caballeros extraordinarios, entre otros cómics de crítica social y científica, nos plantea que el escritor es un hechicero que con la palabra tiene la capacidad de cambiar los pensamientos y acciones de sus lectores. ¿Quién puede superar ese hechizo sino es aquel que tiene el conocimiento para discernir sobre la forma y contenido en una obra y no caer embelesado por la primera percepción? En este caso el cura tenía ese poder y acompañado del barbero, quien en la época de Cervantes representaba el complemento práctico al conocimiento teórico del cura, empezaron a configurar algunos criterios para decidir que libros salvar.


Uno de los criterios para la salvación de una obra es que sea la primera en su género. Así se salvó Los cuatro de Amadís de Gaula que «… fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen de este…» A partir de ese patrón de medida se irán salvando las segundas o no por disparatadas, arrogantes, la sequedad de su estilo entre otros adjetivos que se le puede dar a la técnica o idea que plasme el autor. También hay que destacar las reflexiones que tienen el barbero y el cura sobre los autores que pretenden escribir en un idioma que no sea el natal: «... lo mismo harán todos aquellos [ir al corral de las gallinas] que los libros de verso quisieren volver en otra lengua, que por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento.» Hablando de versos ¿desde qué postura hacer crítica a la poesía? A pesar de que el cura y barbero pretendieron salvar los libros de poesía, la sobrina de Don Quijote advirtió sobre el peligro de ese género: «Bien los puede vuestra merced mandar quemar como a los demás, porque no sería mucho que habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo estos se le antojase de hacerse pastor, y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo, y lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza.» Dejando en claro que el mayor peligro de la poesía es convertirnos en poetas.


Así sigue el capítulo hablando sobre el crítico cuando, influenciado por la amistad, habla bien de un libro, o cómo es la autocrítica, tan difícil no elogiarse en ella. Al final Cervantes veía al crítico de la siguiente manera: «Todo lo confirmó el barbero, y lo tuvo por bien y por cosa muy acertada, por entender que era el cura tan buen cristiano y tan amigo de la verdad, que no diría otra cosa por todas las del mundo.» El crítico es el guía ético de la verdad: ¿cuántos conocemos que se han desviado de su responsabilidad y se han vendido por fama, fortuna o una beca?


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

domingo, 15 de marzo de 2020

El hombre soberbio

Fuente: Perfil de Facebook de la editorial MalPaso 

El hombre soberbio
Leonardo Da Jandra
Malpaso (2019)

La ciencia ficción mexicana adolece de buenos escritores que nos ofrezcan un Universo que sea coherente o al menos una novela decente. En el texto “Ciencia ficción mexicana: Del modernismo al cyberpunk”, Rodrigo Mendoza reflexiona sobre el estado de la ciencia ficción mexicana: «El asunto es que México ha construido su propia idea de la ciencia ficción a través de alguno de los autores ya mencionados [Ray Bradbury, Isaac Asimov, Stanislaw Lem] o bien por medio de decenas de películas hollywoodenses que invaden los cines cada año.» Dentro de esos autores encontramos a Luis Jorge Boone y BEF, que configuran mundos ajenos al mexicano ofreciendo obras intrascendentes, excepto por El ladrón de sueños de BEF, que me parece una de las mejores novelas contemporáneas de la ciencia ficción mexicana. Sin embargo hay un escritor que se empecina en dejarnos un legado en ese tema: Leonardo Da Jandra.

«Y llegó en uno de los momentos más críticos en la historia del planeta, cuando la corrupción de los valores enseñados miles de años atrás por las mentes más sabias alcanzaba un punto de ruptura: la amenaza de un regreso brutal a las más oscuras edades.» Así empieza Da Jandra a configurar el universo de El hombre soberbio. En un futuro no tan lejano en términos cósmicos, aparece un superhéroe: Helioson, Hijo del Sol, quien tenía «un cuerpo y salud excepcionales, y con la inteligencia de un felino salvaje que observa en máxima tensión las rutinas del herbívoro que va devorar.» Este superhéroe tiene dos mentores los filósofos, Aristobúl y Amonio. El primero es paciente y sobrio de carácter quien, desde la academia y las esferas políticas, defiende y aconseja a su pupilo. El segundo, Amonio, es más impulsivo y, con una crítica enardecida y fina, enjuicia a una sociedad en decadencia ética, política y social. Helioson, como un adolescente orgulloso de su físico y de su audacia, desoye los consejos de sus maestros para caer una y otra vez en las trampas de los villanos de esta novela quienes conjugan todos los vicios de este universo y serán artífices de la tragedia de Helioson.

Esta novela es parte de una trilogía donde Da Jandra ha configurado un universo donde expone sus ideologías y sus predicciones de una sociedad muy parecida a la nuestra. La ciencia y filosofía se hacen presentes en esta novela como una explicación cósmica de un mundo que poco a poco cae en el abismo. Esta obra se inspira en una parte de la historia antigua romana que el autor combina con el toque del cómic, configurando un superhéroe trágico. Llena de aforismos, esta novela es un reflejo de lo que nos espera en un futuro próximo sino hacemos algo por remediarlo.

La obra es ambiciosa al tratar de crear un universo. Muchos de sus escenarios y personajes se quedan a medias en su construcción. Si la comparamos con el universo de Asimov, El hombre soberbio como novela de una serie queda muy corta. Tiene algunos errores en las explicaciones científicas, por ejemplo creer que en una emergencia de radiación solar lo más correcto es huir hacia las montañas o al tratar de explicar un tipo de vida que se basa en oro.

Quienes asistimos al taller de ese autor, conocemos muy bien su gusto por los temas científicos y su amor por ese género tan poco tocado por la literatura mexicana. La ciencia ficción requiere método y los escritores actuales mexicanos no lo tienen. Son trabajadores impulsivos, pero no realizan una búsqueda artística, esa energía de su talento la enfocan en obtener el poder. Es una lástima que la editorial Almadía haya dejado de publicar libros sobre ese tema, aunque con varios errores, era admirable que hayan apostado por la Ciencia Ficción.

Nos dice Rodrigo Mendoza: «La tecnología y el futuro dejan de ser milagrosos o interdimensionales para abrir camino a la introspección, a los rumbos insondables del porvenir, ocasionalmente a la desesperación, y a la falta de fe en la especie humana.» La Ciencia Ficción cuestiona el estado de la sociedad y su relación con sus avances científicos y tecnológicos, y es aquí donde la filosofía encuentra su lugar en este género. Los universos que se crean a partir de esta literatura deben cuestionar y para cuestionar se necesita cierta inteligencia, cierto amor por la sabiduría y El hombre soberbio tiene ambas.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

lunes, 30 de diciembre de 2019

Los engranajes de la modernidad

Brain Salad Surgery. H. R, Giger (1973)


Ante nosotros se muestra un mundo donde los misterios, que radican en nuestra mente, tal vez ya no pertenecen a las cosas de la naturaleza sino a las del hombre. La humanidad crea a través de la imitación. Esta proposición paradójica entre creación (lo nuevo y original) que surge de la imitación (lo viejo y reproducible) alcanza su mayor significado en esta vida artificial. Los celulares, las computadoras, la radio entre otros aparatos, son inventos que surgieron de la imitación de la naturaleza invisible ante nuestros ojos (el funcionamiento del átomo o el comportamiento del espectro electromagnético).

Las nuevas mentes que pueblan este mundo artificial conciben como parte del mundo natural a lo que surgió de la imitación. Lo artificial se ha convertido en la nueva fuente de creación. Las nuevas mentes crearán nuevas clasificaciones y productos, teoremas, teorías, entre otras obras pero ¿qué espíritu las hace funcionar y evolucionar?, ¿a qué intereses responden, de quiénes? El sentimiento de frustración, tristeza y falsa felicidad (la que se consigue sólo a través del placer físico) rigen los motivos de los seres de nuestra época, señales de una moral útil para la acumulación de las riquezas de una minoría: la ciencia al servicio del capital.

Las nuevas mentes ignoran el funcionamiento de los engranajes de su realidad. Tal vez por tristeza, apatía, conflictos de identidad entre otras crisis vitales del adolescente que apenas empieza a interactuar con este mundo. Somos una época con comportamiento mancebo. Estamos en un punto histórico donde se definirá nuestra madurez como civilización y aún muchos ignoran cómo funciona el celular, el televisor, el retrete, la cerradura de una puerta entre otros aparatos que definen nuestros comportamientos y pensamientos.

Al ignorar el comportamiento de los fenómenos sociales y naturales nos condenamos a convertirnos en esclavos de nuestros placeres físicos. Aquellos que entienden tales fenómenos, utilizan esa esclavitud para su beneficio. Conocer es un acto liberador y desaparece al azar, la incertidumbre y el miedo del sujeto, le hace adquirir un espíritu que va en contra de aquellos que mantienen enajenada la creación, de aquellos que pretenden mantener una vida de privilegios que se sostiene sobre el hambre y la miseria.

El desarrollo cultural de un pueblo depende, entre otras cosas, de entender cómo y por qué funcionan las cosas. Conocer qué fenómenos son los que rigen nuestra existencia nos ofrece una visión causal (característica fundamental del concepto de destino). Al desconocer los fenómenos y el funcionamiento de las cosas, nos lleva por un camino azaroso que al final termina por ser más violento de lo que tendría que haber sido. El azar se convierte en incertidumbre y se genera una violencia máxima (la necesidad como motor del mundo). La animalidad (reproducirse, comer y sobrevivir) se vuelve fuente de nuestras acciones. Si no hay un destino, qué me motivaría a ser un mejor humano.

Las cosas de nuestra época (celulares, computadoras, relojes, etcétera) surgieron a través del conocimiento científico. Por ello es importante saber cuáles son los fundamentos que mueven los engranajes de las cosas. Observarlos para encontrar nuevas metáforas nos podría dotar de posibilidades para encontrar nuevos caminos del arte, la política, la religión entre otros referentes. Incluso crear nuevos lenguajes, para nuevas narraciones con las cosas que predicen las ciencias.

Crear es humano. Es parte de una necesidad más allá de lo físico. “Puedes vivir sin pan dos días pero sin poesía nunca”, nos dice Baudelaire. El látigo de un sistema que nos esclaviza, nos imposibilita para la creación; antes de crear hay que conocer: ¿qué tanto conoces los engranajes que mueven al mundo?

Raúl Fierro 
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
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domingo, 1 de diciembre de 2019

El flujo del tiempo (fragmento)

My Acid Workshop (Where I do my Etching) (1910)
Carl Larsson


A Balam le gustaba visitar a su tío, el relojero. Siempre tenía dulces y chocolates en una cajita de cristal pero lo que más le gustaba eran los relojes cucús. En una de sus visitas, vio a su tío arreglando uno y le mostró el mecanismo. Quedó sorprendido con el movimiento de los resortes, engranajes y las pesas que seguían el compás que marcaba el péndulo. Le encantó ver el gorrión de madera que salía a cantar cuando la manecilla grande pasaba por el número doce, impreso en letras góticas sobre la carátula. Eso le había sorprendido a la edad de diez años y cuando aprendió a andar solo en la ciudad, desde los once años, lo visitaba cada sábado antes de salir por las tardes-noches con José para vagar por la ciudad.

Ese sábado, encontró a su tío inspeccionado dos vasijas: una arriba de su escritorio y otra abajo. Las vasijas estaban hechas de arcilla blanca y tenían grabados en su parte exterior jeroglíficos egipcios. Las vasijas tenían forma de cono con la punta cortada. Se apoyaban sobre la superficie desde la base circular más pequeña. La vasija de abajo tenía pintadas por dentro barras verticales que indicaban números hasta el 12. A lado tenía una cubeta llena de agua: “Ven Balam, mira lo que me regaló uno de mis clientes”, Balam se acercó, “llena de agua la vasija del escritorio”, ordenó su tío. Balam tomó la cubeta y la vació en la vasija. Balam observó que el agua fluyó hacia la vasija del piso por un orificio de la base de la que estaba sobre el escritorio. “Ahora toma ese cuadro de madera y tapa la vasija de arriba”, Balam lo hizo y observó que el flujo paraba: “¡No manches!”, dijo sorprendido Balam. “Impresionante no crees”, dijo su tío sonriendo, “es una clepsidra, ésta es una réplica de las que usaban los guardias egipcios para marcar sus turnos por la noche. Es un reloj de agua.” “Pero no creo que se puedan medir segundos o minutos como los relojes de arena que me enseñaste”, retó Balam.

El relojero tomó un bote de plástico de una papelera bajo el escritorio, lo puso sobre la mesa. Sacó una chincheta de un cajón, con ella le hizo un agujero casi a media pulgada a la base de la botella de plástico. Llenó la botella de agua y la cerró. Colocó dos libros como de dos pulgadas de grosor, uno sobre otro, encima del escritorio. Después arriba puso a la botella llena de agua, cuando abrió la tapadera, salió un chorrito fino de agua del agujero que había hecho con la chincheta. Cuando cerró la tapadera, el chorrito dejó de salir. Tomó un vaso y lo puso sobre el escritorio a la distancia donde caía el chorrito de agua. Sacó su cronómetro de uno de los bolsillo de su saco, abrió la tapadera y el chorrito fue cayendo adentro del vaso sobre el que fue rayando, cada diez segundos, al nivel donde llegaba el agua: “Para medir el tiempo se necesita un acontecimiento regular como puede ser el movimiento de los astros. O bien la caída de un fluido a través de un orificio. O bien el descenso de unas pesas”, decía el tío de Balam, “¿cómo se quiere medir el tiempo antes de saber que siempre se mide en relación a otros fenómenos? El movimiento del sol y la luna mide los años y los meses. El movimiento del péndulo las horas. El flujo de la arena y el agua es el flujo de los minutos y segundos. Los relojes siguen siendo una referencia fundamental para medir el paso del tiempo y éste es la variable independiente de cualquier fenómeno”. Entonces sonó el cucú, eran las siete de la noche y Balam se tenía que ver con José a las siete y media en el parque. “Me tengo que ir, tío”, dijo Balam mientras dejaba a su tío con sus reflexiones sobre relojes de agua, arena y sol, sobre el tiempo y su imparable flujo.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
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sábado, 6 de julio de 2019

Un París de artistas farsantes y soledad

El desnudo azul (1907)
Henri Matisse


Trópico de Cáncer
Henry Miller
Santillana (2010)

Trópico de Cáncer es un manifiesto nihilista que Henry Miller, su autor, disfrazó de novela. Esta obra autobiográfica narra la historia de un hombre que conoce un París infecto de artistas farsantes que tratan de llenar su soledad y miseria con sexo y arte.

La corriente filosófica nihilista plantea el rechazo de los principios políticos, sociales, religiosos y morales que configuran las relaciones entre los seres humanos y su mundo. Se basa sobre el postulado de que el destino divino y la determinación histórica no tienen ningún sentido: «El mundo que me rodea está desintegrándose y deja aquí y allá motas de tiempo. El mundo es un cáncer que se devora a sí mismo…», nos dice Henry Miller a través de su alter ego-protagonista de Trópico de Cáncer.

Esa novela se desarrolla en un período después de la Primera Guerra Mundial y el inicio del alzamiento del fascismo y el nazismo. Posterior a ese conflicto, que desgarró por completo el orden aristócrata, la población europea voltea hacia discursos que ordenan, para el beneficio de la nueva clase dominante, el caos en el que se hundieron. Los valores (políticos, científicos, artísticos entre otros tipos) del feudalismo se encuentran en crisis y se empiezan a configurar los de la burguesía. Dentro de ese escenario histórico, París, que atraía a intelectuales, revolucionarios y vagabundos por igual, se llenaba de diversos placeres para olvidar los horrores de las batallas. En ese marco, Miller nos describe, en Trópico de Cáncer, sus relaciones y vivencias. Los seres humanos que habitan esa obra se sirven del arte, el esoterismo y la ciencia para satisfacer sus deseos egoístas. La búsqueda de la verdad, la justicia, la belleza entre otras categorías que configuran el desarrollo humano pasan a segundo plano en un París donde bulle la sífilis, la ebriedad y la soledad.

La novela es un grito alegre, con breves aullidos lastimeros por la resaca, ante el descubrimiento de que el ser humano es feliz cuando se libera de cualquier moral: «No tengo dinero ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo», declara el protagonista. Ese chillido se traduce en pasajes eróticos que escandalizaron a una población estadounidense que se construyó bajo los principios del puritanismo cristiano: «En mi vida he mirado un coño tan serio. Parecía que nunca había visto uno. Y cuánto más lo miraba, menos interesante me parecía. Eso demuestra que no tiene nada de particular, sobre todo cuando está afeitado. Lo que lo vuelve misterioso es el pelo». El gobierno de Estados Unidos la prohibió en 1961 por su contenido obsceno.

Si algo debe atraer del nihilismo, es su capacidad para argumentar, de forma hábil y contundente, sus posturas sobre la miseria y las contradicciones morales del ser humano. En ese sentido, Trópico de Cáncer es un buen manual para descubrir a los artistas farsantes: «No es difícil estar solo, si eres pobre y fracasado. Un artista siempre está solo… si es un artista. No, lo que el artista necesita es sentirse solo.» El discurso del artista farsante declara “hago arte” pero sus acciones buscan el poder. Por ello su soledad, tristeza y sensibilidad son falsas, una máscara para ocultar que el único objetivo de su quehacer “artístico” es cumplir sus deseos carnales y políticos. Ellos son uno de los obstáculos de la evolución y revolución del conocimiento y el crecimiento espiritual.

El arte, según el nihilismo, debería ser «un insulto prolongado, un escupitajo a la cara del arte, una patada en el culo de Dios, al hombre, al destino, al tiempo, al amor, a la belleza, a lo que os parezca». El nihilista pone el dedo en la llaga y hacer sangrar todos los principios, todas las seguridades, nada se salva a su ojo y aun así Henry Miller está equivocado, aun así se contradice, aún así Trópico de Cáncer, a pesar de su carácter nihilista, busca que el lector encuentre a un verdadero ser humano entre sus páginas.

Raúl Fierro 
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
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martes, 4 de junio de 2019

La tinta del tiempo (fragmento)

Hombre triste en un tren (1911)
Marcel Duchamp
Fuente: Wikiart


“Toma un asiento”, me dijo el Demiurgo al invitarme a entrar a la casa del Pintor. Antes de sentarme sobre un sillón en el que me hundí, creo que le faltaban algunos resortes. Saludé al Pintor, un hombre canoso de ojos azules y arrugas en la sien, quien preparaba la hierba para la noche; “es un hombre sabio”, me dijo el Demiurgo. Al sondear la habitación con mi mirada, noté a otro invitado quien era una persona delgada con un bigote alargado que terminaba en punta en ambos lados de su boca, siempre mantenía una sonrisa que intensificaba su gesto de burlón con sus ojos rasgados. Me recordaba a Ho Chi Minh.

El Ho Chi Minh chasqueó los dedos y le apareció un cigarrillo de hierba de Pintor en sus manos. Ya que yo era un Iniciado, el Demiurgo y el Pintor hablaban en una lengua extraña para mí sin embargo logré captar algunas palabras cuando empezaba a disertar sobre el espacio-tiempo, el color y la luz:

“Cuántos espacios-tiempos debe haber que no podemos ver”, reflexiona el Pintor.
“El Iniciado dice que el mundo es un sueño”, dice el Demiurgo.

El Pintor me observa, siento que me exige una explicación:

“El mundo está hecho de cuerdas. Las cuerdas vibran en once dimensiones, cuerdas que se transforman bajo la lógica de la Geometría del espacio-tiempo y dejan dudas sobre la realidad de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza”, digo mirando al suelo mientras dibujo sobre el aire curvas y planos.

“Entonces la ciencia ha llegado a ese punto.”, el Pintor fumó y exhaló el humo por la nariz, “hay algunos que niegan la realidad como un telar”, dijo.

“Einstein soñaba en un universo geométrico”, le digo al Pintor, “su sueño era que la Física concibiera a todas las fuerzas como una deformación del espacio-tiempo. ¿Podría ser que aquello que decimos que es real sea producto de nuestra imaginación?, ¿cómo es posible que una ilusión tenga tanto poder de transformación en la realidad?”, reflexioné.

“Todo está hecho de una contradicción”, responde el Pintor, “La realidad no es lo que vemos es lo que imaginamos”.

Las conclusiones a las que llegaba con esta conversación me angustiaban. Para eliminar mi ansiedad, me quedé callado y me dediqué a ver la habitación del Pintor. En una esquina, a dos metros del suelo se encontraba una televisión. Se podían ver las noticias del día: franceses atacando a sirios, el partido de izquierda mexicano tomó la tribuna de la Cámara de Senadores, la chica del clima indicaba un nuevo frente frío. De las paredes colgaban cuadros de mujeres desnudas con rostros en éxtasis, en el centro del cuarto había una canastita sobre una mesa de caoba roja donde el Pintor y el Demiurgo depositaban la hierba que pulverizaban. De todos los objetos orientales y exóticos del hábitat del Pintor, el que llamó más mi atención fue el piano. Encima se encontraba una colección de pinceles de camello gruesos y delgados, biografías de pintores, fotografías de una mujer con un niño que jugaban con la luz, a su lado había grabados de dioses hindúes y pergaminos con caligrafía china. La personalidad del Pintor se reflejaba en ese piano: todo el occidente cargaba al oriente, un objeto que se fragmentaba en otros.

“En un cuento de Las mil y una noches se dice que nosotros somos los hilos con que Alá teje el Universo. Sin nosotros no hay tiempo, sin nosotros el mundo perece”, el Pintor me muestra un cuadro en el fondo de su habitación, dos mujeres desnudas entrelazándose desde sus entrepiernas, doblándose en forma de doble hélice y sus bocas se unían al final. El Pintor se queda absorto mirando el cuadro.

Intenté hablar con el Ho Chi Minh. Me dijo algo y después me extendió su cigarrillo de hierba, fumé. El Demiurgo esa noche se mantuvo callado.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

domingo, 12 de mayo de 2019

Conmemorar en vez de festejar

Viñeta de La madre

Para la bisabuela Juana y sus dos Alicias

Hay una película que sugiere una situación que, entre conservadores y reaccionarios, sería un sacrilegio. Tenemos que hablar de Kevin (2011) de la directora Lynne Ramsay (Glasgow, Escocia 1969) nos cuenta la historia de Eva una escritora que tuvo una vida plena de pareja y fue una gran viajera. Sin embargo al quedar embarazada, se muestra indiferente a ese estado. Para ella, el parto no sólo fue doloroso de forma física también en lo psicológico. La sociedad (que la representan sus amigos y su esposo) le pide que ame ese estado de gracia en la que se encontrarán la mayoría de las mujeres de este mundo. Por ello le resulta difícil reconocerse como una “buena” persona y va perdiendo por momentos la cordura. En toda la película Eva se ve en la penosa necesidad de ser una buena madre, de cuidar y amar a su hijo a pesar de que éste la aborrece: ¿tiene una madre derecho a renunciar a esa condición que le impone la sociedad?

La mujer como madre no tiene que sacrificar su vida como persona por el sólo hecho de tener ese condicionamiento biológico: maravilloso y único pero terrible a la vez. Pero esta sociedad, en este sistema capitalista, antiabortista, en la figura de los valores burgueses, considera a los hijos de la obrera como su propiedad: ¿acaso los movimientos antiabortista no son un grito reaccionario contra la disminución de aquellos que en el futuro explotarán, un grito contra la emancipación de la mujer?

Por ello la novela La madre de Maximo Gorki es un ejemplo para las madres revolucionarias, para aquellas que conocen las injusticias y el hambre del mundo y desean remediarlo. Esa obra muestra cómo se puede vencer el miedo para superar el estado de sumisión y abnegación que la clase burguesa nos vende como características de la “buena madre” y que la afirma a través del cine, la televisión y demás medios de comunicación.

Qué festejarán las madres que tienen que vender su cuerpo para darle de comer a sus hijos, qué festejaran las madres que los perdieron en una guerra que trató de legitimar a un presidente espurio, qué festejarán las madres de los activistas muertos. Un festejo no es posible cuando hay miles de madres que han perdido sus hijos bajo la brutalidad del Estado mexicano que ve con indiferencia los reclamos de justicia. Los asesinos de hijos siguen fuera, gozando de impunidad.

Qué burdas y fuera de contexto son las fiestas, las kermeses, los concursos en las escuelas para las madres, que toda la lucha de la mujer se reduzca a comer en restaurantes y dejar la miserable quincena en una tienda de flores y regalos.

Por ello mis felicitaciones van para aquellas madres que buscan a sus hijos desparecidos por la violencia de gobiernos títeres al servicio de las transnacionales. Conmemoro a las Madres de Plaza de Mayo y a las Madres de los 43 por luchar y exigir justicia. Conmemoro a las madres que luchan día a día a contracorriente contra el camisón de fuerza que quiere imponerles el sistema. A aquellas que han vencido la desesperanza para combatir a la prejuiciosa y reaccionaria clase burguesa; para construir un mundo mejor.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

domingo, 6 de enero de 2019

Kandinsky: el otro proyecto artístico soviético

Vasili Kandinski
Fuente: Wikipedia


La historia del conocimiento humano transcurre entre el pensamiento aristotélico (de tendencia materialista) y platónico (de tendencia idealista). No es coincidencia que del primero se haya desarrollado la Biología y del segundo la Matemática. Como herederos de estas dos expresiones filosóficas encontramos  primero a Hegel (idealismo) y después a Marx (materialismo). Ambos han influenciado los procesos históricos más recientes de la ciencia y el arte, así también sus seguidores han protagonizado una lucha encarnizada respecto a cuál describe mejor el mundo. ¿Existirá una expresión del conocimiento humano que sea una amalgama de la idea y la materia? Creo que podemos encontrarla en la pintura y en gran medida en la obra de Vasili Vasílievich Kandinsky (Moscú, Imperio ruso 1866 – Neuilly-sur-Seine, Francia 1944).

En el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México se exhibe parte de la obra de Kandinsky y documentos donde se muestra algo de su proceso artístico en la Bauhaus (una de las grandes escuelas socialistas de arte). Esta exposición, que estará hasta el 27 de enero de este año, se divide en cuatro partes.

La primera muestra la preocupación del autor por representar la historia medieval de Rusia y los paisajes de la época en que Kandinsky vivió (finales del siglo XIX y principios del XX). Es en ésta donde se muestra su tendencia idealista (espiritual-religiosa) producto de una educación burguesa que su padre, comerciante de té, y madre, aristócrata mongola, le proporcionaron.

La segunda muestra los productos de problematizar el arte como una herramienta para democratizarlo y racionalizar, a través de la geometría, la experiencia estética: «Mencionemos todavía que los tres procedimientos [el grabado, la xilografía y la litografía] tienen un valor social y mantienen una relación particular con las formas sociales. El grabado es ciertamente de naturaleza aristocrática: sólo se pueden reproducir muy pocos ejemplares de buena calidad, que además son siempre diferentes, de modo que cada copia es única. La xilografía es más rentable y más uniforme, pero sólo excepcionalmente permite la aplicación del color. La litografía, por el contrario tiene la capacidad de producir copias en número ilimitado y del modo más rápido por procedimientos meramente mecánicos, y se acerca a través del empleo del color, cuyas posibilidades están en perpetuo desarrollo, al cuadro pintado a mano, y constituye en cierto sentido un sustitutivo del cuadro. De este modo aparece con claridad la naturaleza democrática de la litografía» [Kandinsky V. Punto y línea sobre el plano. Ed. Paidós (Argentina, 2003)].

La tercera parte hace referencia a los organismos microscópicos. Los cuadros muestran como Kandinsky pasa de la forma rígida de la línea, el círculo y los ángulos a su estado flexible como lo muestran las bacterias, las células y protozoarios que trata de imitar en su obra. Al igual que Dalí y otros surrealistas, con los que compartió ideas, su gusto por la ciencia lo llevó a interpretarla, a través de la pintura, como un zoológico ideal de microorganismos que se materializaron en óleo y tela.

La última sección es la máxima interpretación de su teoría de color y la relación que guarda con las emociones. La música es la forma en que se transmiten así como para la pintura es el color. Kandinsky junto ambas para traducir del oído a la vista, las sensaciones que producen las melodías de Wagner y Schünberg (de quienes hay una muestra musical en la exposición).

Cabe destacar que el proyecto pedagógico artístico que proponía Kandinsky, quien trabajó, después del triunfo de la Revolución de octubre de 1917, para el Comisariado del Pueblo para la Educación y además fue el primer director del Instituto para la Cultura Artística, pudo ser el proyecto de cultura de los soviets. Sin embargo ganaron las corrientes productivistas y constructivistas del arte las cuales satisfacían la necesidad de la formación de un pueblo ruso que apenas salía de un sistema feudal y de una explotación que lo dejó en el hambre y la miseria. Kandisnky se llevó su proyecto a la Bauhaus la cual perseguía la desaparición de clases entre los artesanos y los artistas así como la premisa de que la teoría y la práctica siempre van juntas. ¿Puede que el idealismo no esté peleado con la lucha de clases?

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87