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domingo, 9 de agosto de 2020

La poesía y la metáfora

 

Abstracciones (1948)
José Pedro Costigliolo

Juguemos con esta idea: La poesía es un paraíso. En la Biblia, se puede leer que una de las primeras tareas que le encargó Dios al sujeto fue nombrar. Antes del sujeto, las plantas y los animales que vivían en el paraíso, no tenían una nominación. Entonces la poesía, como paraíso, puede existir sin el sujeto, pero el el acto de nombrar una noche estrellada, la expansión del universo, el sonido de las olas del mar entre otras experiencias que exalten el alma, necesita de alguien para existir. La poesía está en todas partes, a pesar del sujeto, y es la materia prima con la que se construye un teorema, una novela, una canción entre otras obras humanas.


Extendamos lo anterior: la poesía es un paraíso de metáforas. El científico y el poeta trabajan desde la poesía. Por ejemplo las leyes de conservación de la energía, del momento, del color y de la carga existen a pesar de nosotros, pero tienen sentido cuando aprendemos las metáforas para nombrarlas y entenderlas: la energía se conserva porque existe una simetría en el tiempo: pasado-futuro son indistinguibles para alguien que observe una bola de billar moverse en reversa. La imagen se reproduce en tu mente y cobra sentido con la experiencia de la próxima vez que jugarás billar. La poesía para entenderla y gozarlas necesita experimentarse. Otro ejemplo ahora desde la obra del poeta, Lezama Lima dice: «pues las olas son tan artificiales como el bostezo de/ Dios» ¿Quién no lo ha escuchado acostado en una hamaca bajo la sombra de una palapa? ¿Escucharás atentamente las olas del mar la próxima vez que vayas a una playa?


Dejemos a un lado las olas del mar y las leyes de conservación, tomemos el nombre del átomo. A finales del siglo XIX la mayoría de los físicos no creían en la existencia del átomo. Lo consideraban una ayuda teórica, un invento poético de los químicos, pero no un objeto real. Los químicos creían que realmente existía. Tuvo que llegar Einstein con un artículo para convencer a la comunidad de físicos que los átomos existen. Ahora podemos verlos con microscopios electrónicos y son tan reales como los describe Neruda en su “Oda al átomo” (fragmento):


Pequeñísima

estrella,

parecías

para siempre

enterrada

en el metal: oculto,

tu diabólico

fuego.


Un día

golpearon

en la puerta

minúscula:

era el hombre.


El átomo era poesía antes que Neruda lo descubriera o que Einstein le diera forma y contenido. El átomo viví en el paraíso y sólo nos quedó nombrarlo para convertirlo en poema, energía o una idea. El paraíso de las metáforas, aunque artificial como el bostezo de Dios, logra transformar nuestro mundo material. La teoría científica y el poema son tan parecidos en su capacidad de recrear nuestra realidad, que podría decirse que un buen científico, a su modo, también es un buen poeta.

lunes, 25 de mayo de 2020

Un mapa para intentar entender la pandemia

San Jerónimo escribiendo (1605)
Caravaggio


La teoría es la joya de la corona de la ciencia o como nos dice Kenneth R. Miller, bióloga celular de la Universidad de Brown: «En ciencia, la palabra teoría no se aplica a la ligera. Esto no significa una corazonada o una suposición. Una teoría es un sistema de explicaciones que une un montón de hechos. No sólo explica estos, sino predice lo que debería encontrarse de otras observaciones y experimentos» [Zimmer, C.In Science, It’s Never ‘Just a Theory’”. Science News-The New York Times. 8 de abril 2016 (en línea, traducción libre)].

Zimmer refuerza lo dicho por la investigadora Miller por medio de una metáfora: la teoría como mapa: «[la teoría] representa un territorio de la ciencia. En lugar de ríos, colinas y pueblos, las piezas del territorio son hechos». También el Dr. Peter Godfrey-Smith, autor del libro Theory and Reality: An Introduction to the Philosophy of Science (Teoría y realidad: una introducción a la Filosofía de la Ciencia), ha usado esta metáfora y añade: «Decir que algo es un mapa no es para decir que es una corazonada […] Es un intento de representar algún territorio.»

¿Cuáles son los hechos con los que se puede dibujar un mapa de la situación actual en México? Académicos desde la Secretaría de Educación Pública imponen un programa de Educación a Distancia. La mayoría de las escuelas, 7 de cada 10 según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, no cuenta con uno o más de los servicios básicos (luz, agua, drenaje, salones dignos entre otros). Menos de la mitad, 4 de cada 10 hogares mexicanos según datos de la página de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, cuentan con una computadora. Bajo esos hechos el mapa dice que el programa de Educación a Distancia será un fracaso.

Otro hecho: el gobierno que se autonombró de Cuarta Transformación incita a la población a reiniciar actividades, a entrar a una Nueva Normalidad: ¿A quién beneficia esta modificación en el paisaje? Maquiladoras estadounidenses y canadienses no siguen los protocolos de emergencia por la crisis sanitaria. Empresas extranjeras con actividades no esenciales reinician actividades. Los obreros empiezan a morir. La población oaxaqueña reduce sus prevenciones sanitarias contra la pandemia. Empieza un incremento exponencial de casos de COVID-19 en el estado incluso en municipios que se les nombró de la esperanza porque tenían la posibilidad de reiniciar la actividad económica y social desde el 18 de mayo, empezando la Nueva Normalidad (¿para quién o qué grupo?)

Tantos hechos que configuran un mapa, que al verlo cabe preguntarnos: ¿Realmente lo que propone el gobierno mexicano, en vista de los hechos, beneficiará a la clase trabajadora de este país? ¿Se desligó la clase empresarial de la política? ¿Este gobierno es neoliberal? ¿Cuál es la razón de la militarización del país? ¿Por qué algunos grupos políticos que históricamente han denunciado los atropellos y mentiras de gobiernos anteriores ahora callan o prefieren declarar vagamente? Los hechos están ahí, le invito a configurar su mapa, a establecer su teoría.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca
Teléfono: 51 7 50 87

domingo, 10 de mayo de 2020

El cielo donde viven nuestras ideas

La creación de los astros y las plantas (1508-1512)
Miguel Ángel

En una catequesis, una hermana Mercedaria le pregunta a un niño: ¿Dónde está Dios? El niño responde: “Dios está en todas partes”. Prosigue la Mercedaria:

-¿Dios está en el Cielo?
-Sí, Dios está en el Cielo- responde el niño.
-¿Dios está en la Tierra?
-Sí, Dios está en la Tierra.
-¿Dios está en el Infierno?- el niño se queda callado, después de una corta pausa, que para el niño se convierte en una eternidad, la Mercedaria responde- Sí, Dios está en el Infierno, Dios está en todas partes.

El niño queda confundido y decide ser científico. Es más sencillo acertar una verdad sobre las cosas que puedes medir que de las puedes especular. Por un tiempo, el niño está tranquilo, seguro de que las leyes de la Física parecen guardarse en ecuaciones que describen todos los fenómenos de la Naturaleza. Sin embargo el niño conoce a un Físico. Éste empieza a jugar con la mente del niño:

-¿Dónde está el éter?- pregunta el Físico.
-El éter está en todas partes- responde el niño.
-¿El éter está en el Cielo?
-Sí, el éter está en el Cielo porque hay luz en el Cielo.
-¿El éter está en la Tierra?
-Sí, el éter está en la Tierra porque hay luz en la Tierra.
-¿El éter existe sin la luz?- el niño se queda callado, el Físico lo mira de forma compasiva y responde- La luz existe sin el éter porque el éter no existe.

El Físico empieza a hablarle de campos de fuerzas donde yacen sistemas simétricos que se relacionan con las leyes de la conservación de la energía, del momento lineal y angular. Le cuenta la historia del éter: un ídolo que creó el hombre para explicar el comportamiento de la luz que después cayó bajo la gracia y la potencia del campo que formaban la fuerza de la gravedad, el electromagnetismo, la nuclear fuerte y débil. Los dioses de la ciencia, las ideas de los científicos, mueren con el paso del tiempo.

El niño empezó a leer El cielo y el infierno de Emmanuel Swedenborg, en especial, sobre el comportamiento de los tres cielos de Dios: “Hay tres cielos que se distinguen muy claramente entre sí. Hay un cielo central o tercero, un cielo intermedio o segundo y un cielo exterior o primero. Se suceden en este orden y hay entre ellos una mutua relación, semejante a la que existe entre la cabeza o parte superior del cuerpo humano con el torso o parte media y con los pies o parte inferior; o también como las partes alta, media y baja de una casa”. Así comprende que lo divino es un espejo de lo terrenal y viceversa porque el gran aporte de Galileo no fue su fallida batalla contra el sistema ptolemaico sino hacernos ver que las leyes de la física se cumplen tanto el Cielo como en la Tierra. El cielo atmosférico donde se suscitan los fenómenos climatológicos, la aurora boreal y el arcoíris se rige por las mismas leyes del cielo celeste donde vive la Luna, los planetas y las estrellas. Las leyes de la Física, como Dios, está en todas partes. Las leyes de la Física rigen los fenómenos de la realidad tangible (medible). Dios rige la imaginación (las ideas) del hombre como un campo de fuerzas donde viaja la luz divina, la luz del entendimiento. Así ambas conectadas como la cabeza y los pies pero con diferentes funciones de este gran cuerpo que llamamos Universo.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca
Teléfono: 51 7 50 87

sábado, 18 de abril de 2020

La opinión en tiempos de crisis

El pensador (1902)
Auguste Rodin

La maldición del periodista es la de opinar sobre un tema en el que no es experto. Generalizo: la maldición del que opina radica en que realizamos ese acto sin ser expertos en el acontecimiento. Todos tenemos una opinión porque sabemos algo sobre ese asunto. La opinión surge de la necesidad del saber, de tratar de entender para predecir y tomar precauciones. Ésta fluye aún más en tiempos de emergencia, cuando nos enfrentamos a algo nuevo.

En el diálogo platónico Teeteto, Sócrates caracteriza la opinión de la siguiente manera:

«Sócrates: […] hemos adelantado lo suficiente como para no buscarlo [el saber] de ninguna manera en la percepción [los sentidos cerebrales y las emociones], sino en aquella otra actividad que desarrolla el alma cuando se ocupa en sí misma y por sí misma lo que es.
Teeteto: Yo creo, Sócrates, que esta actividad del alma se le llama opinar.»

Esta ocupación del alma, en términos materialistas, es el trabajo de la mente. La mente de un ser se conforma de todos los referentes teóricos (conceptos), artísticos (espíritu), empíricos (experiencia) y religiosos (creencias) que la sociedad ofrece. Por lo tanto todas las mentes pueden manifestar su opinión porque saben algo, si lo que manifiestan es verdadero o falso es otro asunto.

Una opinión verdadera es más útil que una falsa, así de trivial es saber qué opiniones tomar en cuenta. Una opinión verdadera viene siempre de una persona sabia: ¿Acaso para recuperar la salud le pediríamos opinión a un mecánico, un abogado o un escritor? ¿Acaso para arreglar un motor pediríamos la opinión de un médico, un maestro o un campesino? ¿Acaso para los consejos sobre la vida le pediríamos opinión a un niño de tres años? La medida de las cosas debe ser la del más sabio. Es sabio quien ha experimentado y reflexionando sobre el asunto por un largo tiempo. Nos dice Sócrates en el Teeteto: «… la opinión falsa es una opinión errónea que se produce cuando alguien confunde en su pensamiento dos cosas, ambas existentes, y dice que una es la otra.» ¿Cuántas veces hemos oído a los periodistas confundir las estimaciones con datos exactos o dar como infalible un método sobre un asunto tan complejo como el que padecemos? Por eso para sacar provecho de la opinión de un sabio debemos aprender a preguntar y para realizar cuestionamientos hay que tener claro los conceptos básicos del acontecimiento que queremos analizar.

Es difícil hacer cambiar a una persona de opinión porque es decir que lo que piensa está mal, es como amputar una parte de su alma según la definición socrática de opinión. Por ello un método más plausible para el diálogo es cuestionar primero los conceptos que maneja la persona: ¿qué entiende por virus?, ¿cómo cree que funciona el método centinela?, ¿cómo compara esta situación con la del virus AH1N1? En las preguntas se encontrarás su ideología del ser. En la pregunta se encuentran los conceptos que maneja el individuo, con qué los relaciona y hasta donde puede llegar su razonamiento.

En la escuela nos enseñan las respuestas, pero lo que deberíamos aprender es a preguntar. Armar una hipótesis es el primer paso en el método clásico de la ciencia y ésta surge de una pregunta. Ahora en este acontecimiento emergente, nos estamos enfrentando con algo que es nuevo. Buscamos respuestas antes de las preguntas y creo que deberíamos cuestionar por cada afirmación que se nos haga, no a través de nuestro supuesto saber sino por medio de lo que ignoramos: ¿Cuál es el plan de rescate para los trabajadores? ¿Qué escenarios prevén para la situación social y económica de los explotados? ¿Cuál es la razón de que exista un rescate para los grandes empresarios y no para los trabajadores? Explorar un nuevo paisaje, a veces nos hace caminar en círculos, pero al final siempre nos hace crecer en el conocimiento, en prever un futuro mejor para quienes realmente mueven el mundo y producen sus riquezas: aquellos que no pueden quedarse en casa.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

sábado, 4 de abril de 2020

Sobre preguntas y respuestas en tiempos de crisis


Collins St. 5 p.m. (1955)
John Brack

Lo que deseamos a veces no tiene que ver con lo que queremos. Cómo obtener una respuesta útil si no nos hacemos una pregunta adecuada. Buscar argumentos, seguir una lógica y caer en contradicciones, tropiezos y aciertos en un ciclo a veces regular como un reloj. Es posible que el conocimiento se basa en el error y en la corrección. Unos dirán que sí, otros que no. Todo es posible bajo el mundo de la razón, que nos guste la respuesta es otro asunto.

A veces la respuesta está acorde a nuestras necesidades, porque representa una verdad que buscamos, pero llena de referentes que provienen de nuestros sistemas educativo y de comunicación. Las redes sociales propagan los discursos científicos y artísticos que emanan de la necesidad de mantener un orden económico. En la crisis, la bestia trata de dar sus últimos zarpazos a costa de la vida de miles de millones de trabajadores que arriesgan su vida y tratan de sobrevivir a un sistema que los llena de vicios: la egolatría, la vanidad, la soberbia, el individualismo, la libertad individual por encima de la colectiva. En un sentido materialista somos la forma en que producimos.

La riqueza de la que gozamos es producida por el hambre y la miseria de otros. Cierto es que hay intentos por cambiar las formas de consumo y producción, sin embargo todas ellas se encuentran alejadas de la realidad: por las buenas, los que tienen el poder, históricamente, nunca han cedido.

El Estado sólo es una parte de ese problema, es la herramienta de los que verdaderamente tienen el poder. Un desmantelamiento de empresas estatales comenzó desde la era Reagan-Thatcher para dar lugar a un modelo económico que ha propiciado apropiación privada de recursos que son comunitarios: el agua, la salud, la educación entre otros. Sus consecuencias son claras. En Ecuador se encuentran tirando a sus muertos a las calles, en Europa los centros de salud no se dan abasto, en Estados Unidos la COVID-19 sigue cobrando vidas y en México se hace todo lo posible por detenerla. Sin embargo, la prensa de la 4T no ha logrado tapar las carencias y corrupción en el sector salud y la lengua purulenta de gobernadores y empresarios que viven otra realidad.

Después de la cuarentena no acabará esta situación. Comienza una nueva estructuración de fuerzas sociales que provendrán del surgimiento de una conciencia colectiva de la explotación de la naturaleza y del hombre. Si bien es más fácil imaginarse un apocalipsis zombi que la caída del capitalismo, nos dice Jérôme Baschet en su artículo “Covid-19: el siglo XXI empieza ahora”: «Los historiadores suelen afirmar que el siglo XX global comenzó en 1914, con el ciclo de las guerras mundiales [crisis imperiales, auge del capitalismo, caída de las casas monárquicas]. Es probable que mañana se considere que el siglo XXI ha empezado en el 2020, con la entrada en escena del SARS-CoV-2 [crisis sanitarias, colapso de sistemas de salud, caída de Estados-nacionales]». La caída del capitalismo está cerca, tal vez estemos presenciando su declive y hay que estar preparados para resolver las preguntas que plantea esta crisis: aunque no nos guste la respuesta.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

domingo, 16 de febrero de 2020

El ajedrez: una pasión mortal

Fuente: Anagrama (página web)


La defensa
Vladimir Nabokov
Anagrama, 1999

La pasión se padece. Un sentimiento repentino, un relámpago que ilumina y despierta la admiración y el terror del espíritu. Una repentina luz que se convierte en oscuridad. No es amor la pasión. El primero se construye, el segundo, por su origen libido, es repentino. El amor puede dejar ir, la pasión no. La pasión consume el espíritu. Se instala en el ser en esencia y no en forma: «Encontraba en ello un profundo placer: no tenía que tratar con piezas visibles, audibles ni palpables, que por la singularidad de su forma y la textura de la madera le causaban permanente desazón, aparte que las veía tan solo como la burda envoltura mortal de las exquisitas e invisibles fuerzas del ajedrez», nos narra Nabokov la terrible pasión del Gran Maestro del ajedrez Luzhin.

En 1930, Vladimir Nabokov publicó en ruso la historia de Luzhin y tuvo que esperar treinta y cinco años para que se tradujera al inglés. Pudo publicarse antes, como nos narra Nabokov en el prólogo de La defensa, pero el editor estadounidense exigía que cambiara el ajedrez por la música. “¿Qué pasión más ridícula y aburrida debe ser el ajedrez?”, supongo que pensó el estadounidense. Nabokov se negó y terminó su amistad con él: «… de todos mis libros rusos, es La defensa, es el que posee y difunde el mayor “calor”, lo que podría ser extraño si se tiene en cuenta cuán tremendamente abstracto se supone que es el ajedrez.»

La novela narra las experiencias infantiles de Luzhin, su primer encuentro con el ajedrez, su partida angustiosa contra Turcati, su gran rival, y cómo trata de esconder su pasión de su pareja quien intenta curarlo de esa enfermedad: «el ajedrecista apasionado es tan ridículo como el loco que inventa un perpetuum mobile o cuenta guijarros en la playa desierta de un océano.» Pero cómo se puede esconder una pasión: «Es difícil, muy difícil, esconder una cosa, pues las otras cosas se muestran celosas y hostiles, se aferran firmemente a sus lugares y no permiten que un objeto sin hogar escape a su persecución y encuentre acomodo en alguna parte.»

Hay tantos paralelismos con la vida y el ajedrez: «Del mismo modo que una combinación, ideada por los jugadores de ajedrez, puede repetirse borrosamente sobre el tablero durante una partida real, así ahora la repetición consecutiva de un hábito familiar se percibía en su vida actual.» Este libro refleja bien la relación de nuestras jugadas cotidianas: las aperturas y defensas que creamos cuando conocemos a alguien, las tácticas y estrategias que utilizamos para cada situación y las sutilezas, que se les escapan a los inexpertos, que al final deciden una partida. «Finalmente, sostenía la peculiar teoría de que el desarrollo del don de Luzhin para el ajedrez se relacionaba con el desarrollo del impulso sexual; según él, el ajedrez era para Luzhin la verdadera satisfacción de ese impulso, y temiendo que pudiera desperdiciar sus preciosos poderes al liberar por los medios naturales aquella beneficiosa tensión interior, le mantuvo a distancia de las mujeres, regocijándose de su casta indiferencia.» El tamaño de la pasión es directamente proporcional al de los vicios. En ese combate contra la pasión, inevitablemente del éxito o el fracaso, concluirá con la destrucción del ser. Qué pasa si tratas de rescatar al apasionado: «Creía incondicionalmente en su genio y estaba convencida además de que ese genio no podía agotarse sólo por el hecho de jugar al ajedrez, por maravilloso que fuera, y que cuando la fiebre del torneo hubiera pasado, y Luzhin se hubiese calmado y descansara, en su interior actuarían fuerzas desconocidas que le permitirían evolucionar y exhibir su don en todas las esferas de la vida.» Qué ingenuos son aquellos que nunca han tenido una pasión. Qué ingenuos al pensar que las pasiones se sustituyen o se olvidan. La pasión es una daga que hiere el alma y deja cicatrices que no se cierran, sangran y no hay peor forma de curarlas que ignorarlas. La esposa de Luzhin trata de ayudar en curar su pasión tan ridícula y es tortuoso el camino que recorre el Gran Maestro del Ajedrez. La defensa de Nabokov un libro sobre la pasión y sus consecuencias, una novela que muestra la conclusión de un apasionado al tratar de curarse y lo inevitable que es esquivar esta enfermedad del espíritu, tan placenteramente dolorosa.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla
51 7 50 87

sábado, 6 de julio de 2019

Un París de artistas farsantes y soledad

El desnudo azul (1907)
Henri Matisse


Trópico de Cáncer
Henry Miller
Santillana (2010)

Trópico de Cáncer es un manifiesto nihilista que Henry Miller, su autor, disfrazó de novela. Esta obra autobiográfica narra la historia de un hombre que conoce un París infecto de artistas farsantes que tratan de llenar su soledad y miseria con sexo y arte.

La corriente filosófica nihilista plantea el rechazo de los principios políticos, sociales, religiosos y morales que configuran las relaciones entre los seres humanos y su mundo. Se basa sobre el postulado de que el destino divino y la determinación histórica no tienen ningún sentido: «El mundo que me rodea está desintegrándose y deja aquí y allá motas de tiempo. El mundo es un cáncer que se devora a sí mismo…», nos dice Henry Miller a través de su alter ego-protagonista de Trópico de Cáncer.

Esa novela se desarrolla en un período después de la Primera Guerra Mundial y el inicio del alzamiento del fascismo y el nazismo. Posterior a ese conflicto, que desgarró por completo el orden aristócrata, la población europea voltea hacia discursos que ordenan, para el beneficio de la nueva clase dominante, el caos en el que se hundieron. Los valores (políticos, científicos, artísticos entre otros tipos) del feudalismo se encuentran en crisis y se empiezan a configurar los de la burguesía. Dentro de ese escenario histórico, París, que atraía a intelectuales, revolucionarios y vagabundos por igual, se llenaba de diversos placeres para olvidar los horrores de las batallas. En ese marco, Miller nos describe, en Trópico de Cáncer, sus relaciones y vivencias. Los seres humanos que habitan esa obra se sirven del arte, el esoterismo y la ciencia para satisfacer sus deseos egoístas. La búsqueda de la verdad, la justicia, la belleza entre otras categorías que configuran el desarrollo humano pasan a segundo plano en un París donde bulle la sífilis, la ebriedad y la soledad.

La novela es un grito alegre, con breves aullidos lastimeros por la resaca, ante el descubrimiento de que el ser humano es feliz cuando se libera de cualquier moral: «No tengo dinero ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo», declara el protagonista. Ese chillido se traduce en pasajes eróticos que escandalizaron a una población estadounidense que se construyó bajo los principios del puritanismo cristiano: «En mi vida he mirado un coño tan serio. Parecía que nunca había visto uno. Y cuánto más lo miraba, menos interesante me parecía. Eso demuestra que no tiene nada de particular, sobre todo cuando está afeitado. Lo que lo vuelve misterioso es el pelo». El gobierno de Estados Unidos la prohibió en 1961 por su contenido obsceno.

Si algo debe atraer del nihilismo, es su capacidad para argumentar, de forma hábil y contundente, sus posturas sobre la miseria y las contradicciones morales del ser humano. En ese sentido, Trópico de Cáncer es un buen manual para descubrir a los artistas farsantes: «No es difícil estar solo, si eres pobre y fracasado. Un artista siempre está solo… si es un artista. No, lo que el artista necesita es sentirse solo.» El discurso del artista farsante declara “hago arte” pero sus acciones buscan el poder. Por ello su soledad, tristeza y sensibilidad son falsas, una máscara para ocultar que el único objetivo de su quehacer “artístico” es cumplir sus deseos carnales y políticos. Ellos son uno de los obstáculos de la evolución y revolución del conocimiento y el crecimiento espiritual.

El arte, según el nihilismo, debería ser «un insulto prolongado, un escupitajo a la cara del arte, una patada en el culo de Dios, al hombre, al destino, al tiempo, al amor, a la belleza, a lo que os parezca». El nihilista pone el dedo en la llaga y hacer sangrar todos los principios, todas las seguridades, nada se salva a su ojo y aun así Henry Miller está equivocado, aun así se contradice, aún así Trópico de Cáncer, a pesar de su carácter nihilista, busca que el lector encuentre a un verdadero ser humano entre sus páginas.

Raúl Fierro 
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
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sábado, 8 de junio de 2019

Mala influencia

La hoguera
Fuente: Trino Fiesa (Facebook)


“Karen, la psicóloga de la escuela, me dio un beso, me dijo que no se lo contara a nadie. Creo que cayó en una crisis nerviosa. La directora le exigía que yo me comportara. No aguantó la presión. Yo era lo peor de esa secundaria”, me contaba Pipa Nevada quien es un producto de la educación que cualquier padre quisiera para sus hijos: la de las escuelas privadas.

Pipa Nevada, como me pidió que lo llamara, es un tipo buena onda. Los fines de semana, asiste a las fiestas más glamorosas de Oaxaca. No le falta un cigarrillo de marihuana para pasar bien la noche y, cuando puede, me da un aventón a mi casa en su Jetta del año. “Su única misión es cobrar”, me cuenta Pipa Nevada sobre el objetivo de algunas escuelas privadas que el padre de familia aprecia por no suspender clases y que, por esas horas “ventaja” sobre las escuelas públicas, no le importa que le paguen una miseria a los maestros. También me contó varias de las anécdotas que vivió a su paso por todas las escuelas privadas de Oaxaca: “La escuelas privadas sólo te sacan el dinero. Había una en la que su uniforme consistía desde las playeras hasta los calcetines. No podías comprarlos en otro lado más que en la escuela. Algunos compañeros y yo robamos las cajas donde estaban esos uniformes, los vendíamos más barato a los compañeros que perdían su suéter o los zapatos oficiales de la escuela. Hacíamos negocio. La escuela estimulaba los valores negativos de una mentalidad competitiva”.

Una característica de la adolescencia es la búsqueda de identidad. La juventud requiere encontrar su lugar en el mundo para sentirse seguros. La competencia, producto de los valores que enseñan las escuelas privadas, te lleva a identificar de forma degenerada al otro para saber quién eres. Pipa Nevada me cuenta: “Las sociedades de padres de familia no les importa el significado de la educación. Toman decisiones que no son éticas incluso dentro de la religión católica. Anteponen la compasión a su ideal de bienestar social. Hacen una selección racial y económica que acentúa el problema de discriminación en Oaxaca. Alienizan al indígena. No tienen claro ni su identidad como escuela”.

La escuela debería ser un lugar de progreso y de innovación para la comunidad donde se situé. La escuela debe ser un lugar donde el infante y el adolescente busquen un método que le ofrezca esa identidad que les diga quiénes son en este mundo. En cambio, las escuelas se convirtieron en un parámetro de estatus económico y social. Los padres no envían a sus hijos a una escuela privada para educarlos sino para que ellos mismos tengan un estatus dentro de la sociedad y ese pensamiento se transmite al joven estudiante: “Las escuelas privadas son ante todo un pedo aspiracional en la idiosincrasia del oaxaqueño que siempre sueña con ir a Puebla a disfrutar del Ángelopolis y comprar su ropa en Santa Fe con el aguinaldo de papá...”, me dice Pipa Nevada.

Observamos un estancamiento en las creaciones. No parece haber progreso o algo innovador que nos saque de este letargo en que los medios de comunicación y nuestros productos culturales nos mantienen. Pipa Nevada empieza a decirme: “La sociedad alta se caracteriza por huir a la primera oportunidad, dar la espalda a la tierra que alimentó a sus hijos y la encumbró en el poder. La muestra de este nihilismo es la cantidad de juniors que ocupan el poder en esta capital: hijos educativos de estas escuelas privadas. Su único objetivo en la vida es vivir como vivían los personajes de la serie norteamericana Friends. Eso sí, trabajan mucho en Facebook, promoviéndose a sí mismos o a sus amigo políticos superiores con un estilo muy de provincia: ingenuo y con una onda de los noventas. Aún en sus reuniones juegan International Super Soccer Deluxe”.

La educación no por ser privada es mejor y la pública no por perder horas-clase es peor. La solución a este problema, que contamina la visión de aquellos que deberían, gracias a su libertad, adquirir más conocimiento, pero en cambio se pelean por aparecer en las revistas de chisme y sociedad; como también el saber qué querer y cómo obtenerlo de la clase oprimida, se encuentra en buscar y plantear nuevas propuestas educativas desde el nivel básico. La solución no es más dinero sino un proyecto educativo alternativo que cambie este sistema de pensamiento que ha sumido en un oscurantismo a los niños y adolescentes. ¿Si no sabemos quiénes somos, cómo exigir a la siguiente generación encontrar su camino?

Raúl Fierro 
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

sábado, 6 de abril de 2019

Manifiesto demiúrgico I

El jardín de las delicias (1510-1515). El Bosco
Fuente: WkiArt

La dinámica del conocimiento tiene cuatro ingredientes fundamentales: el caos, la metáfora, el orden y la paradoja. A partir de estos cuatro ingredientes se configuran sistemas y obras. Una de las formas favoritas de comunicar obras y sistemas es la narración. Por eso una buena narración es una buena verdad, una que es aceptable para quienes la escuchan. Si ésta es verosímil y entretenida, el receptor genera un aprendizaje que se configura a partir de lo que el narrador problematice.

Para narrar se necesita describir a los personajes: cuál es su comida favorita, qué le desagrada de su vida cotidiana, qué traumas sufrió en su infancia entre otras preguntas que va realizando el narrador para capturar el segmento de espacio-tiempo donde se desenvuelven los actores que crea. La narración pone a prueba, en un campo de simulaciones, los actos morales e intelectuales. Por lo tanto una narración contiene los elementos necesarios para generar una situación compleja que permite estudiar los elementos fundamentales del conocimiento. Esta forma de comunicación convierte al narrador en un demiurgo, un ser que crea y armoniza universos.

Sin embargo el demiurgo en la Tierra está sujeto a sus necesidades urgentes y emergentes: comer, reproducirse, amar entre otras acciones que invaden a la Naturaleza. Por lo tanto toda su obra es violenta. La violencia en la obra radica en su capacidad de irrumpir en la mente (casa de las ideas que se localiza en la frontera de lo divino y lo humano). Una obra, cuando es potente, genera un acto revolucionario. En ese sentido la obra es un delicado aguijón o una mordida voraz. La violencia en la obra es consecuencia del carácter biológico del sujeto que le exige mantener su manifestación física y que se mantiene mínima cuando no cae en el vicio de los placeres.

¿Qué narrar? El caos, el cual es el crisol de donde surge el orden. El caos es la incertidumbre que surge de algún fenómeno del cual desconocemos sus principios básicos. Nuestro cerebro y nuestra mente tienden a configurar y descifrar esos fenómenos. Eso lo podemos vivenciar cuando leemos una novela y nuestro cerebro crea imágenes de los personajes, del espacio y el tiempo en el que se desarrolla la historia. También lo podemos experimentar en las ilusiones ópticas o cuando opinamos sobre un tema. La potencia del orden es directamente proporcional a la potencia de la metáfora y ésta se vuelve más poderosa entre más la alimentamos. Ésta se nutre de la experiencia sensorial del sujeto y lo que éste puede asimilar mentalmente. La perfección del demiurgo llega con los años y el compromiso con su búsqueda intelectual y ética. La metáfora se vuelve más poderosa en tanto que el demiurgo sea más disciplinado y tenga claro su objetivo.

La metáfora es el puente entre todos los conocimientos, entre todas las experiencias, entre todos los espíritus. La metáfora es la imagen, la posibilidad, la utopía, la fuerza motriz del intelectual. La metáfora, según José Lezama Lima, está:

«En medio de las aguas congeladas o hirvientes,
un puente, un gran puente que no se le ve,
pero que anda sobre su propia obra manuscrita,
sobre su propia desconfianza de poderse apropiar
de las sombrillas de las mujeres embarazadas,
con el embarazo de una pregunta transportada a lomo
de mula
que tiene que realizar la misión
de convertir o alargar los jardines en nichos
donde los niños prestan sus rizos a las olas,
pues las olas son tan artificiales
como el bostezo de Dios.»

Pero ese puente puede caer bajo el peso de la paradoja. Todo puente tiene fisuras porque sus materiales traen el signo de la imperfección del demiurgo terrestre. Una paradoja es una crisis, un evento que no se esperaba, es la muerte. La paradoja es la bala que mata a la metáfora pero ese cadáver metafórico, que apesta a caos, sirve de abono para un nuevo orden y el surgimiento de nuevos demiurgos terrestres, nuevos sistemas y nuevas obras.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87