sábado, 24 de noviembre de 2018

Ricardo Flores Magón: su asesinato y fragmento de un cuento

Ricardo Flores Magón preso en 1906
Fuente: Wikipedia



Para H.
Lo único que queda al dejar este mundo físico es un legado que hay que cuidar y conmemorar cada día.

El pasado 21 de noviembre se conmemoró el 96° aniversario luctuoso de Ricardo Flores Magón. El 20 de noviembre de 1922, Ricardo Flores Magón y Librado Rivera, el más cercano de sus camaradas anarquistas, se formaron en el patio de la prisión de Leavenworth para el pase de lista: «Nada de anormal. Unas horas más tarde apareció muerto en el calabozo. ¿Un asesinato? Sí, un asesinato. El responsable es el gobierno de los Estados Unidos», narra Librado Rivera [Abad de Santillan, D. Ricardo Flores Magón, el apóstol de la Revolución Mexicana. Ed. Redez (México, agosto 2011)].

¿Cuál fue la causa del asesinato de «un periodista inteligente, trabajador, activo, ordenado, que nunca se emborracha, que escribe muy bien a máquina, que se hace respetar de las personas que lo acompañan» [Informe de la agencia de detectives Pinkerton]? Su llegada a la prisión se debió a la lectura de un manifiesto frente a miembros del Partido Liberal Mexicano (PLM). Su lectura exaltaba a la población mexicana a tomar parte activa en los acontecimientos mundiales; principalmente se refería a tomar una postura en contra de la Primera Guerra Mundial que acusaba de un conflicto entre intereses imperialistas además de tomar el ejemplo de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia: «La muerte de la vieja sociedad está próxima, no tardará en ocurrir, y sólo podrán negar este hecho a quienes interesa que viva, aquellos que se aprovechan de la injusticia en que está basada, aquellos que verán con horror la revolución social, porque saben al día siguiente de ella tendrán que trabajar codo con codo con sus esclavos de la víspera.» [Fragmento del manifiesto que firmaron Ricardo Flores Magón y Librado Rivera para su lectura el 16 de marzo de 1918 frente a miembros del PLM].

«Ricardo murió en la prisión de Leavenworth, según el parte médico de un ataque cardíaco. Pero Ricardo nunca se había quejado de un padecimiento de esta clase. Por otra parte, según Librado Rivera, que vio el cadáver, éste ostentaba “unas huellas muy raras en el cuello”. Al poco tiempo, un preso de origen mexicano, José Martínez, con arma blanca, un puñal confeccionado por él mismo, mató al jefe de guardias de la prisión, H. H. Leonard. Siete carceleros lo mataron a puñaladas. Era opinión de los reclusos de Leavenworth que Leonard había asesinado a Ricardo, y Martínez había vengado su muerte.» [Ojeda, A. et Mallen, C. Ricardo Flores Magón. Su vida y su obra frente al origen y las proyecciones de la Revolución Mexicana. SEP (México, 1967)]

Para conmemorar la obra y las ideas de este gran oaxaqueño, les comparto el fragmento de un cuento del apóstol de la revolución y anarquista mexicano el cual considero un llamado a la organización de la clase explotada en estos tiempos de convulsiones sociales e injusticias:

«—¡Maldita máquina! ¡Maldita seas!

La máquina trepida con más ímpetu, y no gime ya. De todos sus tendones de hierro, de todas sus vértebras de acero, de los duros dientes de sus engranajes, de sus mil infatigables piezas, se desprende un sonido ronco, airado, colérico, que, traducido al lenguaje humano, quiere decir:

—¡Calla, miserable! ¡No te quejes, cobarde! Yo soy una simple máquina que se mueve a impulsos de un motor, pero tú tienes sesos y no te rebelas, ¡desgraciado! ¡Basta ya de lamentaciones, infeliz! No soy yo quien te hace desgraciado, sino tu cobardía. Hazme tuya, apodérate de mí, arráncame de las garras de vampiro que te chupa la sangre, y trabaja para ti y para los tuyos, ¡idiota! Las máquinas somos buenas, ahorramos esfuerzo al hombre, pero los trabajadores sois tan estúpidos que nos dejáis en las manos de vuestros verdugos, cuando vosotros nos habéis fabricado. ¿Puede apetecerse mayor imbecilidad? ¡Calla, calla mejor! Si no tienes valor para romper tus cadenas, ¡no te quejes! Vamos, ya es hora de salir, ¡lárgate y piensa!

Las palabras saludables de la máquina, y el aire fresco de la calle, hicieron pensar al obrero. Sintió que un mundo se desplomaba dentro de su cerebro: el de los prejuicios, las preocupaciones, los respetos a lo consagrado por la tradición y por las leyes, y, agitando el puño, gritó:

—Soy anarquista. ¡Viva Tierra y Libertad!»

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

domingo, 18 de noviembre de 2018

¿Existe el tiempo?

Fuente: Google Libros



¿Existe el tiempo?
Étienne Klein
Akal Ediciones
2005

El tiempo es una categoría, como el aire, la luz y los átomos, con el que nos relacionamos en nuestra vida cotidiana pero pocos pensamos sobre su naturaleza. Incluso, quiero arriesgar a decir, que la mayoría de los intelectuales economicistas, materialistas e idealistas, no reflexionan, a profundidad, sobre la definición del tiempo, su existencia y relación con el ser. Para ellos parece que es obvia su existencia y la utilizan sin llegar a preguntarse, como lo hace Étienne Klein en su libro ¿Existe el tiempo? (Akal Ediciones, 2005): «¿Cómo podríamos percibir un objeto, contar un suceso, expresar una emoción o narrar una historia sin configurarlos en un trama temporal?»

Étienne Klein, físico y doctor en Filosofía, en su obra ¿Existe el tiempo?, reflexiona sobre la naturaleza del tiempo en sí y no sólo como una representación física en el movimiento de las manecillas del reloj, la fuerza del trabajo o el envejecimiento. Klein intenta tejer una red que atrape al tiempo en sí: «En primer lugar, el tiempo no es un objeto en el sentido habitual del término (no tiene el mismo tipo de realidad que una mesa o una silla), y en segundo lugar, el lenguaje franco ante la exigencia de tener que hablar del mismo.»

Con un lenguaje sencillo y claro, también gracias a la traducción al español de Diana Lerner, Klein pone en la mesa algunos conceptos del tiempo, por ejemplo:

1.      El pasado: «Por una parte, se puede afirmar que el pasado está desprovisto de toda consistencia real porque es incapaz de abrirse una vía hacia una presencia observable y palpable.»
2.      El futuro: Que «supone a la vez la espera (dado que lo que nos separa de éste es la duración) y la imaginación (dado que sólo lo podemos anticipar de forma ficticia).»
3.      El presente: Que tiene un carácter paradójico: «es a la vez persistente y efímero: está siempre allí, pero nunca idéntico a sí mismo, y su advenimiento imbrica de forma contradictoria la permanencia y el cambio.»

Lo cual lo lleva a cuestionar la realidad «la cual para ser reconocida como tal, debe poder ser vista y palpada por mí o por otra persona en la cual yo confío». Entonces cabe preguntarse: Si los conceptos fundamentales que nos dan señales de la presencia del tiempo «sólo existe[n] en nuestra conciencia, no en el mundo»: ¿Existe el tiempo?

Podemos decir hasta aquí, por lo que he mostrado del libro, el autor tiende al idealismo pero después de hacer un análisis del tiempo en la historia de la ciencia desde el punto de vista de Galileo y Einstein, señala su función dentro del materialismo: «Aunque la reflexión sobre el tiempo pueda tender a la abstracción más descarnada, siempre se transparenta de forma concreta, o sea cada día, en el centro mismo de las reglas de vida y pensamiento.» ¿Puede ser que, como la luz tiene un comportamiento como onda-partícula, el tiempo “radique” tanto en el materialismo e idealismo, es decir, que el carácter elusivo del tiempo, para contenerlo en una definición, valide ambas corrientes filosóficas?

El tiempo en este sentido, desde la problemática que plantea Klein en ese breve pero potente ensayo, aquellos que apoyan incondicionalmente al materialismo, deben tomar en cuenta ese carácter filosófico idealista del tiempo, si es que desean desterrar la semilla del dragón idealista del campo teórico hegeliano. Por otro lado los idealistas no deben ignorar la influencia materialista del tiempo en los procesos económicos, sociales y políticos, no deberían ignorar el sufrimiento del proletariado y dejárselo en manos de un ente sobre el cual tenemos influencia.

Hay mucho que reflexionar sobre el tiempo y ¿Existe el tiempo? de Étienne Klein es un buen libro donde empezar a buscar para conciliar o potenciar nuestro pensamiento.

Nota: Este libro está para préstamo interno en la biblioteca de la Casa de las Ciencias de Oaxaca.

Raúl Fierro 
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

domingo, 11 de noviembre de 2018

Los científicos y los intereses fifís

Tribunal de la Inquisición (1812-1819)
Francisco Goya
Fuente: WikiArt


«La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.» [Marx, K. et Engels, F. Manifiesto del Partido Comunista (en línea)]

El hombre de ciencia es quien tiene la habilidad necesaria para tomar datos, analizarlos y arrojar un resultado. Este producto se puede utilizar para tomar decisiones desde la esfera gubernamental o comunitaria. Eso no significa que esté libre de ideología. Como muestra tenemos los debates entre Galileo y Belarmino respecto al sistema planetario o, más actual, el caso de Clair Patterson contra los mercenarios científicos de la industria del petróleo (ver capítulo 7 de la serie Cosmos de Neil deGrasse Tyson). En México el caso más reciente es el debate por la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM).
«Lo que en este país no nos sirve es continuar consultando eternamente decisiones ya tomadas», nos dice Luis Álvarez Icaza, director del Instituto de Ingeniería de la UNAM, en su artículo “Texcoco versus Santa Lucía: ¿para qué consultar ahora?” [Nexos. 23 de octubre de 2018 (en línea)], “la decisión de construir el aeropuerto en Texcoco —nos guste o no— fue tomada hace muchos años con base en los mecanismos legales (incluidas consultas).» A pesar de que estas consultas se hicieron violando los derechos humanos de los pueblos que habitan la zona de Texcoco (ver el caso Atenco). Sin embargo, el investigador-burócrata parece olvidar dichos acontecimientos y justifica la construcción del NAICM de la siguiente manera: «En términos de derechos humanos, este tema y otros muchos ponen siempre en conflicto derechos humanos distintos: desde el derecho a la movilidad de los 50 millones de pasajeros al año que usarían el aeropuerto hasta el de los pueblos originarios del Valle de México. Es muy difícil balancear estos derechos y el resultado siempre imperfecto.» ¿Entonces qué es prioritario para este investigador-burócrata: el derecho a la vida y la tierra de los pueblos originarios o el negocio del cual se beneficiarían unos cuantos?
«Podrán ponerse muchos argumentos en favor o en contra de índole técnica, económica, social, poblacional, ambiental, pero al final la decisión es entre lo vivo y lo artificial. ¿Aves o aviones? ¿Lago o aeropuerto? ¿Agua para todos o para la nueva aerópolis?», nos dice Víctor Toledo, investigador y columnista, en su artículo “Aeropuertos y la nueva política por la vida” [La Jornada. 23 de octubre de 2018 (en línea)] Pero qué ideología se oculta detrás de los que prefieren un negocio a los derechos humanos: «Sólo aquellos con intereses perversos, o con pretensiones individualistas, o los que viven atrapados en el consumismo o en el confort, en el hedonismo, la desesperanza o el cinismo pueden oponerse a semejante idea.»
Creo que Toledo debería ir más allá debería seguir la línea de que: «La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad. Crea ciudades enormes, intensifica la población urbana en una fuerte proporción respecto a la campesina y arranca a una parte considerable de la gente del campo al cretinismo de la vida rural» [Marx, K. et Engels, F. Manifiesto del Partido Comunista (en línea)]. Cuántas veces hemos visto casos de científicos ocupar sus habilidades para menospreciar las necesidades de la población y, en nombre del progreso, arrebatarles identidad y tierras: «Se trata de casos que recuerdan lo que el gran escritor Arthur Koestler llamó trogloditas académicos en su obra The sleepwalkers [Los sonámbulos], es decir, investigadores que por haber alcanzado la cima en sus pirámides académicas pontifican en vez de dialogar.» [Toledo, V. “El NAIM y las plumas perfumadas de los académicos”. La Jornada. 6 de noviembre de 2018 (en línea)].
Ahora que la población ha ganado una votación sobre un asunto donde se puso en juego a las reservas de mantos acuíferos del Valle de México, el siguiente paso es exigir a nuestros científicos y a este gobierno que trabajen en conjunto para revitalizar el lago de Texcoco y que este se convierta en un proyecto de vida, uno que pueda darle autonomía a las comunidades de Texcoco, uno que le otorgue la fuerza necesaria para evitar que la oligarquía quiera volver a tomar, a través de la violencia, lo que le pertenece al pueblo de México.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

sábado, 2 de junio de 2018

Anteojos samperianos




Raúl Fierro*

Anteojos para la abstracción
Guillermo Samperio
Cal y Arena (1994)

Guillermo Samperio (Ciudad de México, 1948-2016), es uno de esos escritores que generaron texto como si la vida se le fuera en ello. Publicó más de 50 obras entre novela, cuento, ensayo y literatura infantil (“Muere Guillermo Samperio”. El Universal. 14 de diciembre de 2016). Anteojos para la abstracción fue su primera novela que en palabras del autor: «es una novela fantástica que se aprovecha de los recursos de la ciencia ficción para entrar en contacto con la diversidad del tiempo y las relaciones familiares autoritarias que dejan ausente al hijo». (Proceso. 23 de enero de 1995).

El libro trata sobre Eduardo Medellín quien es un ingeniero quien rechaza la academia y decide inventar aparatos que la mayoría de la gente consideraría inútiles, sin embargo tienen un fin humanístico. Por ejemplo crea el Tempus fractum el cual es un reloj que marca la época en la que las personas viven realmente. Así Medellín descubre que aquellos que se dicen vivir en la modernidad o ver hacia el futuro, tienen ideas y valores medievales. También inventa un aparato que capta los sonidos que se quedaron en algún lugar en un tiempo pasado. Sin embargo su creación cumbre, que le da nombre a este libro, son los Anteojos para la abstracción: «Colocó la cuarta lente, se puso los googles de unicornio, los orientó hacia la ventana y vio cómo el halo se transformaba rápidamente en débiles e inestables vibraciones  lumínicas […] tal vez el universo contenga también un rango de indefinición, indefinido para siempre».

La novela, para quien guste de una voz narrativa convencional, es algo rara. Esta obra se narra en primera y tercera persona, dichas voces se van acercando cada vez más mientras el tiempo de la narración transcurre y, en consecuencia, se van sobreponiendo. A pesar de sus singularidades que lo convierten en una obra de ciencia ficción y fantasía bien hecha, a primera vista el libro no es atractivo. La sinopsis en la contraportada es tan mala que se aleja por mucho del contenido de la novela y el principio de la obra no es llamativo. ¿Por qué lo compré? No conocía al escritor Guillermo Samperio más allá de algunas menciones del gran trompetista de jazz Miguel Samperio: “Es mi primo, ¿lo sabías?”, me dijo el músico que radica en Oaxaca. Por eso me animé a comprar Anteojos para la abstracción además de que lo necesitaba adquirir para que me vendieran una biografía de Ricardo Flores Magón.

Qué son los anteojos: son dos lentes que contraponen imágenes; en este caso voces que describen tiempos y lugares. También pueden ser que empalman dos ideas: «Cuando se transcurre entre el mundo de las ciencias exactas y las humanas, uno se encuentra en un camino donde el límite no está bien definido». Creo que Anteojos para la abstracción es una novela singular para aquellos que buscan ir más allá del lenguaje y explorar las posibilidades de combinar las ideas científicas, literarias y fantásticas. Un libro exótico para aquellos que busquen algo más allá de niños de la Condesa y la Roma buscando su lugar en este mundo cruel y violento.

*Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

sábado, 1 de abril de 2017

Faraday: Hijo de Vulcano

Grabado de un retrato de Faraday
Fuente: Wikipedia


Raúl Fierro*

Hay un libro sobre biografías históricas que me fascina: Vidas imaginarias de Marcel Schwob. Estas biografías, a diferencia de la mayoría que describen los grandes trabajos y hazañas de personajes ilustres, mencionan los detalles cotidianos de su vida (sus amores, miedos, odios entre otras emociones que nos hacen humanos):

“Cuando Lucrecio volvió había con él en la alta casa vacía, en el atrio severo y entre esclavos mudos, una mujer africana, bella bárbara y malvada. […] Lucrecio había visto las facciones sangrientas, las guerras de partidos y la corrupción política. Estaba enamorado.”

El gran Lucrecio, uno de los grandes pensadores del antiguo Imperio Romano, debido a ese enamoramiento y posterior rechazo, se encierra en la biblioteca por despecho:

“La voluptuosidad creció en furor y quiso cambiar de persona. Llegó hasta la extremidad aguda en que se expande alrededor de la carne, sin penetrar hasta las entrañas. La africana se acurrucó en su corazón extranjero. Lucrecio se desesperó al no poder consumar el amor. La mujer se tornó altanera, melancólica y silenciosa, parecida al atrio y a los esclavos. Lucrecio anduvo errabundo en la sala de los libros.”

Su amor imposible con una esclava africana da como producto uno de las grandes obras de la filosofía natural: Sobre la naturaleza de las cosas. ¿Qué emociones humanas motivaron los pensamientos que conforman a la humanidad? ¿Acaso no vivimos un cúmulo de sentimientos disfrazados de conocimiento? ¿El odio, el amor, la terquedad, la pasividad, la cobardía la valentía, lo pagano y lo divino son ingredientes de las ciencias y las artes?

Emulando la escritura en Vidas imaginarias de Marcel Schwob, describiré la vida de Michel Faraday, físico inglés que nos dio la posibilidad de la era eléctrica:

Explotó el Tambora y sus cenizas cubrieron el cielo de toda Europa. Michel Faraday nació bajo el manto furioso de Vulcano, dios de los herreros. Su infancia transcurrió en el taller de su padre donde las chispas de las herraduras estimulaban su imaginación infantil que se formaba con las enseñanzas bíblicas de su madre. Faraday era sandemaniano. Sus rituales diarios estaban consagrados al dios judío y mantenía siempre en su mente un pasaje:

“Desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las obras. De manera que son inexcusables, por cuanto conociendo a Dios, no le glorificaron como a Dios.” Romanos 1:20-21.

Conoció a Dios a través de los campos eléctricos y magnéticos que enlazan los cuerpos, del movimiento de los imanes y su relación con el flujo eléctrico, la ionización de los átomos, la licuefacción de los gases y la ionización del agua. Tuvo que inventar nuevas palabras para los hombres, para que estos entendieran las manifestaciones de Dios que han estado escondidas desde la creación del universo.

Dejad que los niños se acerquen a mí, dicta Jesús. Faraday dejó que se acercarán a él. Creó las “Lecturas de Navidad” y las “Conferencias vespertinas de los viernes” para que los niños conocieran los fenómenos de la Naturaleza. Su legado dio frutos que impulsaron a Inglaterra como centro neurálgico del conocimiento científico.

Un día sentado en su sillón favorito, vio el crepitar de las chispas del fuego en su chimenea, su padre, el herrero, apareció martillando, sus ojos se cerraron y desapareció la luz de Vulcano de este mundo.

*Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca
Teléfono: 51 7 50 87

Correo electrónico: trinofiesa@gmail.com

lunes, 13 de marzo de 2017

Algunas mujeres científicas

Retrato de Madame du Châtelet
Fuente: Wikipedia
El ocho de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer. Dicho día se instauró como uno de los resultados del II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas que se celebró en 1910 en Dinamarca. Dicho día rinde un homenaje a las 123 trabajadoras textiles que luchaban por sus derechos laborales y que murieron en un incendio accidental (según la versión oficial) de una fábrica en Nueva York. Las trabajadoras no pudieron salir del octavo, noveno y décimo piso del edificio porque los propietarios del lugar, Max Blanck e Isaac Harris, habían cerrado con llave las puertas para evitar el robo de mercancías.

Con motivo de este día, he decidido presentar pequeñas reseñas biográficas de las mujeres que dedicaron su vida a la ciencia y que me han sorprendido por sus contribuciones:

Hypatia: Nació en Alejandría, faro del conocimiento de la antigua Grecia y lugar de la biblioteca más grande del mundo antiguo. Sus investigaciones fueron en el plano de la astronomía y la matemática. Su visión científica era tan potente que descubrió el movimiento elíptico de los planetas mil doscientos años antes que Kepler tratará de quitar de la mente las órbitas circulares a Galileo. Una turba iracunda de cristianos, que tuvo como resultado el incendio de la Biblioteca de Alejandría y la pérdida más trágica del conocimiento, la asesinó despellejándola, arrastrándola en la calle y, al final, lapidándola. Recomiendo ver la película Ágora que relata su vida y obra.
Madame du Châtelet: Noble francesa, matemática y traductora de Newton. Su capacidad para entender los conceptos científicos, le hizo ver el potencial de las ideas newtonianas del universo, los tratados de cometas de Maupertuis y convencer a Voltaire sobre el poderío de la ciencia newtoniana. Murió el día que terminó de traducir al francés los Principia, obra cumbre de Newton y piedra fundamental de la Física Clásica.
Margareth Cavendish: Noble inglesa, poeta, divulgadora de las ideas atomistas de Gassendi y filósofa natural. Primera mujer en asistir a una conferencia en la Royal Society (institución científica exclusiva para hombres nobles de la sociedad inglesa del siglo XVII). En la conferencia conoció las ideas de Robert Boyle y escribió un libro controvertido donde discutía las ideas experimentales que se mostraron en esa disertación. Murió a los cincuenta años y sus restos descansan en la Abadía Westminster, panteón de los grandes personajes ingleses.
Mary Somerville: Matemática y astrónoma escocesa. Su capacidad científica le hizo develar los secretos del movimiento de Urano y descubrir los colores invisibles del Sol. Siempre a la vanguardia, fue la primera mujer en ser socia de la Royal Society y en apoyar al derecho al voto de la mujer. Cuando murió, el diario The London Post la nombró la “Reina de la ciencia del siglo XIX”. Recomiendo ver la película Mr. Turner donde Mary Somerville tiene un pequeño cameo y explica, al gran colorista del siglo XIX, la naturaleza del color.
Emily Noether: Matemática alemana que Einstein consideró la mejor del siglo XX. Su trabajo es fundamental para la física moderna ya que descubrió el porqué de la existencia de las leyes de la conservación en la naturaleza: Existe simetría en un sistema si y solo si existe una ley de conservación (teorema de Noether). A pesar de fundar las bases del trabajo de la física teórica actual, el machismo académico obstaculizó su trabajo en las universidades hasta tal punto que tuvo que dar clases con el nombre de su amigo David Hilbert. Nunca recibió paga por su trabajo docente a causa de ser mujer. Murió de una enfermedad desconocida, sus cenizas se encuentran en la biblioteca de M. Carey Thomas.

Raúl Fierro
Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca
51 7 50 87

lunes, 13 de febrero de 2017

La levedad del amor astronómico

Esquema celeste de Las revoluciones de la esfera celeste
Fuente: Biblioteca Digital Mundial


Raúl Fierro*

La historia se figura como un “Romeo y Julieta” o más bien en un “Mercurio y Romeo” discutiendo sobre el amor imposible de una “Julieta”. Dos religiones peleadas a muerte: la católica y la protestante. Dos personajes con temperamentos totalmente opuestos: un joven alborozado conoce a un viejito melancólico. Un amor imposible: el misterio de los cielos. De estos elementos, nacería una revolución científica que cambiaría los paradigmas que habían dominado a las ciencias y las artes de occidente por más de dos milenios, se sentarían las bases de lo que pensamos hoy en día y asesinaría el espíritu de un enamorado.

En una Europa, que dos grandes religiones dividía a sangre y excomulgaciones, se encuentran Rético, joven protestante impetuoso, y Nicolás Copérnico, viejo católico tímido. En el siglo XVI, Copérnico había escrito un panfleto sobre las revoluciones celestes a petición del Vaticano. En el panfleto se proponía un sistema planetario que sitúa al Sol en el centro del Universo, en vez de la Tierra. Este cambio de referencia hacía más preciso el calendario juliano (anterior a nuestro calendario actual) y daba paso al calendario gregoriano (nuestro actual calendario). El Vaticano lo invitó a dar una conferencia sobre su sistema heliocéntrico. Al parecer fue un éxito, tanto que Copérnico se animó a escribir un libro sobre su sistema; sin embargo, a causa de su personalidad tímida, lo esconde por años. Del lado protestante, el joven Rético oía rumores de un nuevo sistema planetario que Lutero condenaba por contradecir a las Escrituras. Rético, como polilla al fuego, se siente atraído por las ideas del nuevo sistema y decide pedir permiso para viajar al lado católico donde gustaban de defenestrar protestantes. Melanchthon, el mejor amigo de Lutero y posterior líder de los protestantes, le da un salvoconducto a Rético por ser su alumno favorito; sin embargo, como buen maestro-padre, le advierte sobre la hipocresía del católico y los peligros del camino. Rético parte con la ilusión de conocer al autor de las ideas que lo incendian.

La vaporosa bahía fresca de Ermland en Polonia sería el escenario donde el imprudente Rético-Mercurio le recitaría un discurso al desilusionado Copérnico-Romeo sobre la importancia de sacar a la luz su libro:

Romeo: Es suficiente, Mercurio. No continúes con esa plática imprudente.
Mercurio: Estoy hablando de sueños, fantasmas de la imaginación dormida, que en su vuelo rebasan la levedad de los aires, y son más mudables que el viento.
(http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/literatura/romeo/1_4.html)

Copérnico acepta la promoción de su obra sin que se le mencione en ningún momento (¿tal vez por temor a que sus familiares y amigos vieran mal una relación entre un protestante y un católico o por la conocida bisexualidad de Rético?) Después de dos años de arduo trabajo (leer el libro, copiarlo a mano, solicitar los permisos necesarios para imprimir en un país protestante el libro de un católico y servirle de esclavo académico a Copérnico), Rético publica Las revoluciones de las esferas celestes en 1542.

Copérnico escribe la dedicatoria: aparece el filósofo Nicholas Schoenberg, el obispo de Kulm Tiedemann Giese e incluso el Papa; pero de Rético ni sus luces. Tal vez para muchos sería algo que no importara, una dedicatoria más, una menos y a continuar el trabajo por el que te esforzaste por años; pero para un espíritu enamorado es un golpe mortal.

Rético regresa a la Europa protestante, Copérnico muere el mismo año en que publican el libro. El joven impetuoso desaparece de la tormenta que se avecina y en la que Kepler, Giordano Bruno y Galileo navegarían. En la obra de Romeo y Julieta, Mercurio muere maldiciendo a los Capuleto y Montesco, sin embargo, en la imaginación del escritor John Banville, Rético no maldice, él se convierte en la aparición de un espíritu enamorado (¿acaso de Copérnico?) recordando el fuego con el que se incendian las ideas, que es el mismo del amor.

*Casa de las Ciencias de Oaxaca
Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca
Teléfono: 51 7 50 87

Correo electrónico: trinofiesa@gmail.com