sábado, 20 de febrero de 2021

La escuela: ¿una institución para la formación crítica o la asimilación cultural?

Nakamura,K. Estructuras (1956)
Wikiart.org

¿Qué herramientas ofrece la escuela como institución para reflexionar y responder de forma contundente a los “malestares de la cultura” (racismo, la pobreza, el machismo y otros vicios de la modernidad)? Las instituciones, según Bruner en su libro La educación, puerta de la cultura, componen a las culturas y tienen como función «especificar de forma más concreta qué funciones tiene la gente y qué estatus y respeto se les otorga». Por ello habría que preguntarnos los docentes, en todo momento, qué tipo de escuela deseamos ya que, según Bruner, «estos sistemas de intercambio se focalizan y legitiman en instituciones que aportan edificios, estipendios, títulos y demás», es decir, se corre el peligro de convertir a la escuela en una institución que reproduzca los valores de un sistema que ha generado tanto daño, al medio ambiente y desarrollo humano, a través de la coacción y voluntarismo: ¿cuántos niños no dicen que van a la escuela porque los obligan?


La educación tiene el «papel especial de preparar a los niños para tomar una parte activa en otras instituciones de la cultura». Por lo tanto «los propios sistemas educativos están altamente institucionalizados, dominando sus propios valores. Los educadores tienen sus propias opiniones, normalmente bien informadas, sobre cómo cultivar y cómo «graduar» la mente humana» ¿Cuáles son los valores que dominan una cultura que se basa en el sistema capitalista?, ¿cuáles son los referentes teóricos, empíricos, artísticos y religiosos que forman nuestras nociones sobre la educación?, ¿qué piensa el docente que enseña a los niños y qué piensan los niños de lo que enseña el docente? Al menos en México se tiene un interés más bajo por la ciencia y tecnología además de que se basa en nociones del siglo XVII o XVIII (ver “Percepción sobre ciencia y tecnología en el portal del INEGI), es necesario un programa de formación docente que ayude al profesor a enfrentar esta crisis pandémica sobre todo en el ámbito de la salud, que lo prepare para tratar de abordar preguntas como: ¿Cuál sería la importancia de saber sobre la fabricación y la historia de las vacunas?, ¿cuál fue la importancia de los diarios bitácoras de los capitanes de barcos de la época de las exploraciones en ultramar para el descubrimiento de curas?, ¿cómo los simbolismos y los rituales modificaron la salud mental en la época de la peste negra? Para llegar a profundizar en estas problemáticas, la autocrítica sobre nuestro conocimiento científico y tecnológico, incluso pedagógico, es esencial: Qué presupuestos tenemos los docentes sobre la ciencia, el devenir histórico y las relaciones de producción, cómo afectan estos presupuestos en la educación, ¿estamos realmente enseñando lo necesario para vivir en esta situación o sólo queremos cumplir con los que mandata una institución que no se ha preocupado por las necesidades educativas pero sí de sus negocios con las empresas de telecomunicaciones?


Bruner ofrece la siguiente solución: una institución «diseñada para reconocer la falta de información útil» sobre los malestares culturales y otra «para reconocer que carecemos de un aparato deliberativo que pueda convertir el conocimiento útil en alternativas administrativas sabias». Desde el PTEO, desde un movimiento de educación alternativa, deberíamos preguntarnos: ¿Qué clase en el poder determina lo útil?, ¿cuáles serían las características de estas instituciones pero que se enfoquen en las necesidades urgentes y emergentes de las comunidades? «El Establishment Educativo, con toda su experiencia directa en tratar con rutinas educativas, tiene poca doctrina establecida para trabajar esos problemas [los malestares culturales].» Qué papel juega el docente en la actualidad: ¿formador o asimilador? Muchas preguntas y en el aula se pueden generar las respuestas.


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

martes, 16 de febrero de 2021

Amor, sabiduría y Platón

Boreas y Oritía
Fuente: Wikipedia

¿Cuántas penas de amor nos ahorraríamos si leyéramos a Fedro de Platón?: «Como el lobo ama al cordero, [/] El amante ama al amado», recita un poema Sócrates a Fedro en este diálogo platónico sobre el amor. Bajo un platanar, a las orillas del río Illiso, famoso por ser el escenario donde sucedió que Bóreas raptó a la ninfa Oritea, Sócrates y Fedro dialogan sobre un escrito de Lisias, amigo de Fedro: «¿Cómo pueden aprobar las resoluciones que han tomado en un estado de delirio?», se pregunta Lisias en la obra de Platón. Quien está enamorado está enfermo de intemperancia. La verdad se nubla ante el deseo. Sócrates en su diálogo con Teeteto habían llegado a la conclusión que las opiniones de un sujeto no eran constantes en diferentes estados (embriaguez, furia, dicha): «Cada uno de nosotros debe reconocer que hay dos principios que le gobiernan, que le dirigen, y cuyo impulso, cualquiera que sea, determina sus movimientos: el uno es el deseo instintivo del placer, y el otro el gusto reflexivo del bien.» Pero cuando entendemos que muchas veces es el deseo el que nos guía en la ternura con la persona en quien descansa nuestra pasión: «... la ternura de un amante no es una afección benévola, sino un apetito grosero que quiere saciarse», nos liberamos de esa enfermedad, y podemos poseer sabiduría: «Cuando llega el momento de verse libre de esta pasión, obedece a otro dueño, sigue otro guía, es la razón y la sabiduría las que reinan en él, y no el amor y la locura; se ha hecho otro hombre sin conocimiento de aquel de quien estaba enamorado.»


El amor que se guía por los sentidos es uno del tipo animal, el cual sólo busca la satisfacción del deseo. Desde un punto de vista biológico, el amor es una explosión de hormonas que modifican nuestro físico y nuestra mente: «Se sabe que los enamorados presentan estados de ansiedad y estrés moderados que se manifiestan a través de un aumento en la sudoración, la presión arterial, el ritmo cardiaco y en los movimientos peristálticos intestinales (las famosas "mariposas en el estómago")» nos dice Camacho-Arroyo en su artículo “¿Qué es el amor? Respuestas desde la biología” en la revista Cómo ves. El amor desde este punto de vista, prepara al cuerpo para la supervivencia, para satisfacer una lucha por satisfacer una necesidad fisiológica como comer, pero el ser humano es más que un animal: Quien se guía por la razón no busca la satisfacción del deseo sino el conocimiento: «Aquel que dueño de sí mismo, no se deja extraviar por el amor, preferirá la seguridad de su amistad al placer de alabarse de ella.»


Lo único que puede salvarnos del amor es el conocimiento de nosotros mismos. Juan José Arreola dijo que el ajedrez lo había salvado de varias penas de amor. El ajedrez no sólo te permite conocer el espíritu de tu compañero de juego sino conocerte a ti mismo. Cuanto más sé de una apertura o una defensa, o tengo más herramientas tácticas, con más seguridad me muevo y no caigo en el embelesamiento de un posible sacrificio por la belleza. La templanza nos permite, si no ganar el juego, encontrarnos con problemas que después ocuparan a nuestra mente por días, semanas o meses: «Cuando el gusto del bien, que la razón nos inspira, se apodera del alma entera, se llama sabiduría».


Platón feat Benedetti: «... la mayor parte de los amantes se enamoran de la belleza del cuerpo, antes de conocer la disposición del alma y de haber experimentado el carácter, y así no puede asegurarse si su amistad debe sobrevivir a la satisfacción de sus deseos […] que un día cualquiera [/] no sé cómo ni sé [/] con qué pretexto [/] por fin me necesites.» No se trata de ser un pasajero en la vida de alguien a quien estimas y admiras sino de permanecer en su memoria, que más allá de que si existe un deseo entre los dos, se conozcan y compartan la verdad de este mundo y la lucha por un devenir mejor para la humanidad.


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla

51 7 50 87

sábado, 6 de febrero de 2021

Ciencia Ficción y Arte: una alianza ontológica

Yerka, J. Techno Beach
Fuente: Wikiart

La Ciencia Ficción (CF) como género se manifiesta en varias expresiones artísticas: la literatura, el cine, la escultura entre otras. Su importancia radica en la capacidad para narrar futuros posibles que nos permitan reflexionar sobre cuál es el propósito de la humanidad, qué consecuencias tiene el desarrollo tecnológico en los ámbitos políticos y religiosos, y cómo la ciencia influye en nuestra concepción del ser.


Existen varios departamentos universitarios que se dedican al estudio de la ciencia ficción y su uso en la docencia y el arte (v.g. la Asociación de Estudios sobre la Ciencia Ficción que se conforma por miles de profesores en el mundo). Los investigadores han logrado discernir cuatro temas principales de la CF: utopías y distopías, manipulación temporal y épocas alternativas, inteligencias artificiales y la interacción con otros mundos y seres. De lo anterior, los artistas contemporáneos prefieren abordar las implicaciones sociales de las inteligencias artificiales, la cual da lugar al cyberpunk o la especulación sociológica de la era robótica.


Para una crítica del arte de la CF, Vernor Vinge, científico y autor de CF, acuñó el concepto de singularidad tecnológica, la cual se refiere al momento histórico en que las máquinas tengan la facultad de mejorarse sin la ayuda del ser humano. Vinge plantea cuatro posibles escenarios de la singularidad tecnológica:


  1. La evolución de las computadoras hacia una inteligencia súperhumana. En este caso tenemos a los algoritmos de Google, Facebook, Amazon y otras compañías, que determinan lo que deseamos ver, escuchar y conocer.
  2. La generación de una gran red de computadoras que representen una entidad con inteligencia humana. El desarrollo tecnológico del internet ha logrado satisfacer nuestras necesidades de entretenimiento y consumo hasta resolver teoremas matemáticos y enigmas como el descubrimiento de las ondas gravitacionales.
  3. La unión entre humano y máquina. Las vacunas son una actualización de nuestro antivirus y La especulación desde el cyberpunk nos lleva a pensar en la instalación de un cibercerebro que se actualice vía satelital: ¿acaso los tutoriales por YouTube ya cumplen de manera arcaica esa función?
  4. El progreso de las ciencias biológicas hasta el punto de un incremento en las capacidades intelectuales humanas. Aunque ilegales, las drogas que potencian las habilidades de los deportistas ya existen o algunas que ya mejoran el rendimiento cognitivo en el ajedrez.


Ya hemos iniciado un proceso donde la disolución de los límites del alma y el cuerpo se volverá una realidad. Si la tecnología nos permite prescindir del cuerpo como una parte de nuestra identidad: ¿cómo definiremos al ser? Si la espiritualidad y las creencias están ligadas a la respuesta de la anterior pregunta: ¿será el desarrollo tecnológico, por parte de las máquinas, una señal de convivencia o de superación?, ¿cómo será la espiritualidad en ese futuro? (ver "La rebelión de las máquinas. Arte, singularidad tecnológica y ciencia ficción" de García-Sedano).


Por otro lado, dado lo anterior, ¿en qué radica la potencia especulativa de la CF? En que es el mito de la cultura contemporánea. Robert Graves, en el prólogo de su libro Los Mitos Griegos, hace un análisis sobre como estas narraciones justifican el poder por parte de ciertos grupos además de los roles de cada civilización que conformaba el mundo helénico. Así la CF configura la forma en cómo percibimos la ciencia, sus limitaciones y alcances. De alguna manera es una representación de la nueva divinidad de la humanidad: la tecnología, que da forma al devenir del ser humano, a una nueva espiritualidad que se basa en la construcción de una nueva idea del progreso, la cual el arte, el que se preocupa por la reflexión y la búsqueda de la verdad a través de la libertad, ha criticado de forma dura y bella.

 

Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

sábado, 30 de enero de 2021

Educación en la pandemia: "Es la misma tormenta pero no estamos en el mismo barco"

Imagen de portada de Docentes de a pie. Enseñar en la pandemia

La narración, decía Jerome Bruner, es la moneda común de la cultura. Ésta la utilizamos para preparar las condiciones de la felicidad: resolver problemas, dificultades y conflictos que surgen de las contradicciones de una realidad divergente. ¿Cuáles son los relatos de la realidad educativa bajo la pandemia en este país? Por un lado, el del gobierno, con una versión donde todo marcha bien. Por el otro, desde lo que relatan los docentes, los estudiantes y padres de familia donde encontramos varias contradicciones con la narración del Estado según lo muestra Docentes de a pie. Enseñar en la pandemia de Daliri Oropeza.


Daliri Oropeza «de oficio periodista y buena alumna, caminante de veredas, tejedora de relatos...» como la describe en el prólogo Pedro Hernández Morales, Secretario General de la sección 9 CNTE-SNTE, muestra una sensibilidad y técnica fina para mostrar las peripecias por las que pasan quienes conformamos las comunidades escolares: docentes, alumnos y responsables de familia de Oaxaca, Michoacán, Chiapas, Guerrero, Jalisco, Sonora y Ciudad de México, así como las propuestas para resolver los problemas teóricos, las dificultades didácticas y los conflictos políticos que se presentan en el quehacer educativo.


Este libro lo componen siete reportajes que Oropeza publicó en el portal Pie de Página. Cada artículo es a tres voces (docente-estudiante-responsable de familia) que la SEP se niega a oír: «Mauro Jarquín, politólogo de la UNAM, señaló que la SEP estaba generando condiciones para que los organismos empresariales como Google educación, Pearson y Discovery, establecieran nichos de mercado en la educación pública.»


La obra presenta el Proyecto de Educación Alternativa para Chiapas que «recupera las tradiciones de los pueblos, crea materiales y organiza colectivamente a los maestros democráticos», el Librobús en la Ciudad de México, la entrega de cartillas semanales con el tema de la pandemia en Michoacán, el Plan para la Transformación de la Educación del estado de Oaxaca entre otros proyectos y otras propuestas, mostrando: «Un movimiento impulsado por una Coordinadora Nacional, que ha resultado más que un sindicato magisterial y se ha convertido en un semillero de proyectos independientes educativos que sostienen la enseñanza en los huecos dejados por el Estado.» Hay que destacar la labor periodística de Oropeza para recuperar las historias de dos temas que ha olvidado el proyecto Aprende en Casa: las lenguas indígenas y la educación especial, artículos que nos muestran excelentes ejemplos de cómo trabajar en esos rubros.


¿Qué significados trae Oropeza para cada uno de los actores educativos en este acontecimiento? Para los docentes: "No son tiempos de ser estrictos, dice [Pedro Hernández], sino comprensivos." Para los responsables de familia: «“No agarra nuestra tele, además no tengo con qué pagarlo el cable”, dice una madre de familia de Tlacolula al opinar sobre la estrategia de la SEP». Para los estudiantes: «... al pedirle que abriera la ventana, éste dijo que no porque podía entrar el coronavirus.»


La sensación de que nos habla de una realidad de hace meses en un acontecimiento que cambia vertiginosamente además de dejarnos con la duda sobre la continuidad de los proyectos educativos que muestra son peccata minuta de ese libro, problemas de todas las antologías de artículos periodísticos que envejecen muy rápido. Sin embargo, no le quita la potencia para entender la realidad actual y cómo es que llegamos hasta este punto, en una crisis que se agudiza cada día en la cual este gobierno, bajo el mandato del sector privado, no responde a las necesidades de las comunidades escolares, pero sí de sus aliados empresariales.

 

Nota

El libro se puede descargar de forma gratuita en la siguiente dirección: brigadaparaleerenlibertad.com/libros

 

Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

lunes, 25 de enero de 2021

El científico y la ética moderna

Hombre de Vitruvio (1492)
Leonardo da Vinci

Los productos tecnológicos parecen cosa de magia. Nos dice el escritor estadounidense de ciencia ficción Arthur C. Clarke: “Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. La cotidianidad se ha transformado en un mundo lleno de objetos mágicos. Podemos comunicarnos en segundos con otra persona que se encuentra en otro continente, informarnos de eventos que suceden a miles de kilómetros de distancia e inmortalizar nuestra voz en una grabadora. Este mundo, a través de la tecnología, nos ofrece una infinidad de soluciones a diversos problemas a los que nos enfrentamos.


Por otro lado, la facilidad en el uso de la tecnología (al menos para los que hemos crecido con ella o los que han nacido en esta era), nos hace percibir un mundo de obviedades donde estos objetos parecieran, aún más para las nuevas generaciones, haber estado con nosotros desde hace miles de años como el fuego. Esa obviedad y facilidad de uso ha provocado que la mayoría de las veces no nos preguntemos sobre el funcionamiento de nuestro universo social y natural ya que es lo que vivimos cotidianamente.


Entender el “cómo funciona” algunas cosas tan cotidianas (celulares, hornos microondas, computadoras entre otros artefactos que surgen del uso de la mecánica cuántica, la relatividad einsteniana y la teoría de cuerdas) nos sirve para reflexionar sobre la ética en la ciencia y la tecnología y hacia cuál es nuestro propósito como humanidad.


De forma más precisa, el propósito occidental de la humanidad, en el medievo, ha correspondido a los intereses de la divinidad: los señores feudales sustentaban su poder en la creencia divina. Con el crecimiento de los gremios de artesanos y comerciantes, se fue configurando la época moderna y con ella la ciencia. Si nos basamos en uno de los principales libros de los inicios de la modernidad, el capítulo cuarto de La cena de las cenizas de Giordano Bruno, nos permite llegar a esta conclusión: La Ciencia no puede dictar nuestra moral, pero el científico sí. De forma más concreta: el científico puede tener intereses individuales sobre lo que investiga. Estos intereses corresponden a sus referentes dentro de un sistema económico y social. El científico es un producto de la modernidad por lo tanto está sujeto a los intereses de la época en la que vive, en este caso, a la era del Antropoceno.


Por lo tanto, es importante reflexionar sobre e l uso de la tecnología, pero también sobre los orígenes de su creación y su creador: ¿a quiénes responden de su trabajo los científicos?: ¿a la comunidad trabajadora o a la comunidad empresarial? Un científico que trabaja para una empresa privada estará sujeto a las necesidades de la industria a pesar del uso que se dé a sus conocimientos (v.g. La lucha contra la industria del plomo) Un científico que trabaja para el gobierno, que no es más que un títere de la clase empresarial, estará sujeto a corroborar las “verdades históricas” o los “otros datos” para salvar su puesto.


La ciencia dentro de este sistema capitalista se convierte en una mercancía. El propósito de la ciencia, pensada idealmente por Voltaire, Émilie de Châtelet o Diderot, se corrompe bajo la dinámica del mercado capitalista.


La duda es el ingrediente principal del pensamiento científico. Por ello recomiendo al lector, que cada vez que revise un artículo sobre algún investigador o divulgador de la ciencia, reflexione sobre los referentes que les transmite, qué ideas apoya y a quiénes sirve. Bajo esa cavilación, ¿cuál es el propósito del científico moderno?


Raúl Fierro 

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca

Teléfono: 51 7 50 87

lunes, 18 de enero de 2021

Revolución, evolución y la lucha de paradigmas

El puente de acero (1922)
Max Beckmann

Las revoluciones propician la evolución de un sistema. En particular, desde la historia de la ciencia, tenemos dos ejemplos: la revolución copernicana y la industrial. En la revolución copernicana evolucionó nuestro concepto sobre la relación del hombre con el universo. En la industrial, se desarrollaron los paradigmas que rigen las relaciones de producción actuales.


Estas revoluciones tuvieron como contexto luchas entre la clase que estaban en el poder y la que aspiraba a tenerlo. Se caracterizaron por cambios cuantitativos que resultaron en grandes saltos cualitativos y de paradigmas que se negaban unos a otros. En la revolución copernicana, el paradigma del movimiento terrestre tuvo como mártir a Giordano Bruno quien murió en la hoguera: «Ustedes tienen más miedo de aceptar esta verdad, que yo de recibir su condena», dijo a los inquisidores que lo enjuiciaron, quienes lideraba Roberto Bellarmino, el gran intelectual inquisidor que defendía los intereses de la iglesia católica por lo tanto del poder feudal. Ese personaje, con un gran conocimiento de la estructura histórico-cultural de su época, también enjuició a Galileo Galilei cuando trató de poner en duda, a través del paradigma científico del movimiento terrestre, el poder del Papa como representante divino en la Tierra. Todo este proceso de luchas científicas, más allá de los debates pacíficos que los historiadores de la ciencia ortodoxos tratan de mostrar, fueron a muerte. No es una ocurrencia la afirmación de Max Planck, padre de la física cuántica, al decir que un paradigma triunfa, no sólo porque sea el mejor, sino porque los viejos, que lo defendían, han muerto. Tampoco la de Marx que indica que la clase burguesa fue una clase revolucionaria, la cual, su camino al poder no estuvo exento de violencia (v.g. Revolución francesa).


El desarrollo tecnológico que trajo consigo el estudio de la termodinámica, fue fundamental para una evolución en la producción. Las novelas de Julio Verne muestran la esperanza que se tenía sobre la investigación científica para el mejoramiento de la vida. Por otro lado, este sueño sólo existía para unos cuantos, como también lo muestra Verne en su novela París en el siglo XXI y los movimientos sociales que se suscitaron durante esta etapa. Durante la Segunda Guerra Mundial, los dueños de las fábricas en Cataluña obtuvieron grandes ganancias gracias a la venta de insumos para los fascistas y nazis. Sin embargo, esta riqueza no mejoró en nada las condiciones de vida de los obreros españoles que se organizaron para arrebatar céntimos de aumento en su salario y descanso dominical a través de huelgas y mítines para después defenderse de los pistoleros de la patronal, criminales de los sindicatos blancos y la Guardia Civil española que trataban de sofocar los esfuerzos proletarios. ¿Cómo puede combatir un obrero contra el entrenamiento y el equipo policiaco-militar? La violencia revolucionaria de la clase explotada es defensiva. En palabras de Almudena Grandes, quien escribió una serie de novelas sobre las experiencias del pueblo español durante el franquismo: “La violencia está monopolizada por el Estado”.


Ninguna evolución se ha realizado sin que haya costado una gota de sangre. Incluso desde el idealismo, la violencia está presente en la lucha de paradigmas. Bachelard en su ensayo sobre Lautréamont, con clara argumentación, muestra al ser humano como un súper animal que vuela como el águila, anda como el león y nada como el tiburón, pero su potencia radica, no en las garras y los colmillos, sino en la metáfora, en su capacidad creadora. Un proceso revolucionario no busca la violencia, pero también es una necedad tratar de suprimir algo inherente a una parte de nosotros: nuestra animalidad. Mientras exista cuerpo físico habrá violencia: ¿cómo evitar el uso del cuerpo en la práctica revolucionaria?

 

Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

sábado, 2 de enero de 2021

Año nuevo, crisis vieja

Pitagóricos celebrando el amanecer (1869)
Fyodor Bronnikov

¿Qué ha empezado en este año? El siglo XXI. El investigador Jérôme Baschet en su artículo “Covid-19: el siglo XXI empieza ahora” nos dice que los historiadores suelen afirmar que el siglo XX global comenzó en 1914 con el ciclo de las guerras mundiales y que es probable que se considere que el siglo XXI ha empezado en el 2020 con la entrada en escena del SARS-CoV-2, virus que provoca la COVID-19. Este año nuevo no es más que una segunda parte de esta crisis que parece eterna.


Siento llenar de pesimismo al optimismo que permea estas fechas, pero creo que sufro la maldición del docente militante: no dejar de pensar y preguntarse: qué acontecimientos afectan a los estudiantes: cómo ayudarlos a vivir bajo estas circunstancias y ofrecerle las herramientas para transformarlas. “Te haces demasiadas preguntas”, me decía un familiar durante la cena, sin embargo, cómo estar tranquilo en este modelo económico que está destruyendo el ambiente y al espíritu humano: ¿tal vez sería mejor ignorarlo o aceptar soluciones que sólo palien los grandes problemas que plantea esta etapa geológica que estamos viviendo?


Vivimos en el Antropoceno. Esta etapa geológica se caracteriza por la increíble capacidad que la humanidad ha demostrado para modificar los ecosistemas a escala mundial. A partir del desarrollo científico y tecnológico, que la burguesía dirige hacia la acumulación de la capital, se ha intensificado el consumismo en masa, la sobreproducción, el uso desmedido de la energía fósil y la privatización de recursos naturales como el agua, el sol y la tierra. Por ello no es una afirmación tan descabellada la del microbiologista y profesor del Colegio de Francia Phillipe Sansonetti: «La COVID-19 es “una enfermedad del Antropoceno”».


La sobreexplotación de la naturaleza, por parte de las transnacionales y las prácticas económicas que propicia el capitalismo, han traído consigo enfermedades más letales para el ser humano. Han regresado virus que suponíamos erradicados de la historia natural, esto a causa de los movimientos antivacunas, los cuales se han expandido gracias a la crisis educativa que el capitalismo ha provocado. Por esa misma crisis, que ha generado una educación que invita más a la obediencia y al abuso que al cuestionamiento y la cooperación, comprender este acontecimiento, que conlleva a un actuar que solucione en vez de agravar o en el mejor de los casos paliar, ha sido casi imposible.


«La verdadera guerra a jugarse no tiene al coronavirus como enemigo», nos dice Baschet, «consistirá en el enfrentamiento de dos opciones opuestas: por un lado, la continuación del fanatismo de la mercancía y el productivismo compulsivo [...] por el otro, la invención, que ya anda a tientas en miles de lugares, de nuevas maneras de existir que tratan de romper con el imperativo categórico de la economía para privilegiar una vida buena para todas y todos.» Por ello, el docente militante, dentro de sus proyectos educativos, existe el propósito de presentar esas “nuevas maneras de existir” que el sistema capitalista, a través de la prensa y la propaganda en sus formas de novelas, películas, obras de artes entre otras expresiones, trata de opacar o calumniar. También estos proyectos educativos tienen como uno de sus propósitos propiciar preguntas que ensayen soluciones potentes contra las crisis que alimentan a esta gran bestia compuesta de varias cabezas y, sobre todo, estar siempre atento a las formas de esta bestia que, a través de sus voceros, habla de cambio, pero en realidad sólo desea perpetuar un sistema que beneficia a sus aliados.


Y aunque, hace siglos, los esclavistas romanos eligieron esta fecha para dar significado al movimiento de traslación que la Tierra realiza hace millones de años, en la cual vivimos nuestra efímera y potente existencia, como diría mi sobrino de seis años: “Ya termino el mes y volvemos a empezar”.


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

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