sábado, 30 de enero de 2021

Educación en la pandemia: "Es la misma tormenta pero no estamos en el mismo barco"

Imagen de portada de Docentes de a pie. Enseñar en la pandemia

La narración, decía Jerome Bruner, es la moneda común de la cultura. Ésta la utilizamos para preparar las condiciones de la felicidad: resolver problemas, dificultades y conflictos que surgen de las contradicciones de una realidad divergente. ¿Cuáles son los relatos de la realidad educativa bajo la pandemia en este país? Por un lado, el del gobierno, con una versión donde todo marcha bien. Por el otro, desde lo que relatan los docentes, los estudiantes y padres de familia donde encontramos varias contradicciones con la narración del Estado según lo muestra Docentes de a pie. Enseñar en la pandemia de Daliri Oropeza.


Daliri Oropeza «de oficio periodista y buena alumna, caminante de veredas, tejedora de relatos...» como la describe en el prólogo Pedro Hernández Morales, Secretario General de la sección 9 CNTE-SNTE, muestra una sensibilidad y técnica fina para mostrar las peripecias por las que pasan quienes conformamos las comunidades escolares: docentes, alumnos y responsables de familia de Oaxaca, Michoacán, Chiapas, Guerrero, Jalisco, Sonora y Ciudad de México, así como las propuestas para resolver los problemas teóricos, las dificultades didácticas y los conflictos políticos que se presentan en el quehacer educativo.


Este libro lo componen siete reportajes que Oropeza publicó en el portal Pie de Página. Cada artículo es a tres voces (docente-estudiante-responsable de familia) que la SEP se niega a oír: «Mauro Jarquín, politólogo de la UNAM, señaló que la SEP estaba generando condiciones para que los organismos empresariales como Google educación, Pearson y Discovery, establecieran nichos de mercado en la educación pública.»


La obra presenta el Proyecto de Educación Alternativa para Chiapas que «recupera las tradiciones de los pueblos, crea materiales y organiza colectivamente a los maestros democráticos», el Librobús en la Ciudad de México, la entrega de cartillas semanales con el tema de la pandemia en Michoacán, el Plan para la Transformación de la Educación del estado de Oaxaca entre otros proyectos y otras propuestas, mostrando: «Un movimiento impulsado por una Coordinadora Nacional, que ha resultado más que un sindicato magisterial y se ha convertido en un semillero de proyectos independientes educativos que sostienen la enseñanza en los huecos dejados por el Estado.» Hay que destacar la labor periodística de Oropeza para recuperar las historias de dos temas que ha olvidado el proyecto Aprende en Casa: las lenguas indígenas y la educación especial, artículos que nos muestran excelentes ejemplos de cómo trabajar en esos rubros.


¿Qué significados trae Oropeza para cada uno de los actores educativos en este acontecimiento? Para los docentes: "No son tiempos de ser estrictos, dice [Pedro Hernández], sino comprensivos." Para los responsables de familia: «“No agarra nuestra tele, además no tengo con qué pagarlo el cable”, dice una madre de familia de Tlacolula al opinar sobre la estrategia de la SEP». Para los estudiantes: «... al pedirle que abriera la ventana, éste dijo que no porque podía entrar el coronavirus.»


La sensación de que nos habla de una realidad de hace meses en un acontecimiento que cambia vertiginosamente además de dejarnos con la duda sobre la continuidad de los proyectos educativos que muestra son peccata minuta de ese libro, problemas de todas las antologías de artículos periodísticos que envejecen muy rápido. Sin embargo, no le quita la potencia para entender la realidad actual y cómo es que llegamos hasta este punto, en una crisis que se agudiza cada día en la cual este gobierno, bajo el mandato del sector privado, no responde a las necesidades de las comunidades escolares, pero sí de sus aliados empresariales.

 

Nota

El libro se puede descargar de forma gratuita en la siguiente dirección: brigadaparaleerenlibertad.com/libros

 

Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

lunes, 25 de enero de 2021

El científico y la ética moderna

Hombre de Vitruvio (1492)
Leonardo da Vinci

Los productos tecnológicos parecen cosa de magia. Nos dice el escritor estadounidense de ciencia ficción Arthur C. Clarke: “Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. La cotidianidad se ha transformado en un mundo lleno de objetos mágicos. Podemos comunicarnos en segundos con otra persona que se encuentra en otro continente, informarnos de eventos que suceden a miles de kilómetros de distancia e inmortalizar nuestra voz en una grabadora. Este mundo, a través de la tecnología, nos ofrece una infinidad de soluciones a diversos problemas a los que nos enfrentamos.


Por otro lado, la facilidad en el uso de la tecnología (al menos para los que hemos crecido con ella o los que han nacido en esta era), nos hace percibir un mundo de obviedades donde estos objetos parecieran, aún más para las nuevas generaciones, haber estado con nosotros desde hace miles de años como el fuego. Esa obviedad y facilidad de uso ha provocado que la mayoría de las veces no nos preguntemos sobre el funcionamiento de nuestro universo social y natural ya que es lo que vivimos cotidianamente.


Entender el “cómo funciona” algunas cosas tan cotidianas (celulares, hornos microondas, computadoras entre otros artefactos que surgen del uso de la mecánica cuántica, la relatividad einsteniana y la teoría de cuerdas) nos sirve para reflexionar sobre la ética en la ciencia y la tecnología y hacia cuál es nuestro propósito como humanidad.


De forma más precisa, el propósito occidental de la humanidad, en el medievo, ha correspondido a los intereses de la divinidad: los señores feudales sustentaban su poder en la creencia divina. Con el crecimiento de los gremios de artesanos y comerciantes, se fue configurando la época moderna y con ella la ciencia. Si nos basamos en uno de los principales libros de los inicios de la modernidad, el capítulo cuarto de La cena de las cenizas de Giordano Bruno, nos permite llegar a esta conclusión: La Ciencia no puede dictar nuestra moral, pero el científico sí. De forma más concreta: el científico puede tener intereses individuales sobre lo que investiga. Estos intereses corresponden a sus referentes dentro de un sistema económico y social. El científico es un producto de la modernidad por lo tanto está sujeto a los intereses de la época en la que vive, en este caso, a la era del Antropoceno.


Por lo tanto, es importante reflexionar sobre e l uso de la tecnología, pero también sobre los orígenes de su creación y su creador: ¿a quiénes responden de su trabajo los científicos?: ¿a la comunidad trabajadora o a la comunidad empresarial? Un científico que trabaja para una empresa privada estará sujeto a las necesidades de la industria a pesar del uso que se dé a sus conocimientos (v.g. La lucha contra la industria del plomo) Un científico que trabaja para el gobierno, que no es más que un títere de la clase empresarial, estará sujeto a corroborar las “verdades históricas” o los “otros datos” para salvar su puesto.


La ciencia dentro de este sistema capitalista se convierte en una mercancía. El propósito de la ciencia, pensada idealmente por Voltaire, Émilie de Châtelet o Diderot, se corrompe bajo la dinámica del mercado capitalista.


La duda es el ingrediente principal del pensamiento científico. Por ello recomiendo al lector, que cada vez que revise un artículo sobre algún investigador o divulgador de la ciencia, reflexione sobre los referentes que les transmite, qué ideas apoya y a quiénes sirve. Bajo esa cavilación, ¿cuál es el propósito del científico moderno?


Raúl Fierro 

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4, San Sebastián Tutla, Oaxaca

Teléfono: 51 7 50 87

lunes, 18 de enero de 2021

Revolución, evolución y la lucha de paradigmas

El puente de acero (1922)
Max Beckmann

Las revoluciones propician la evolución de un sistema. En particular, desde la historia de la ciencia, tenemos dos ejemplos: la revolución copernicana y la industrial. En la revolución copernicana evolucionó nuestro concepto sobre la relación del hombre con el universo. En la industrial, se desarrollaron los paradigmas que rigen las relaciones de producción actuales.


Estas revoluciones tuvieron como contexto luchas entre la clase que estaban en el poder y la que aspiraba a tenerlo. Se caracterizaron por cambios cuantitativos que resultaron en grandes saltos cualitativos y de paradigmas que se negaban unos a otros. En la revolución copernicana, el paradigma del movimiento terrestre tuvo como mártir a Giordano Bruno quien murió en la hoguera: «Ustedes tienen más miedo de aceptar esta verdad, que yo de recibir su condena», dijo a los inquisidores que lo enjuiciaron, quienes lideraba Roberto Bellarmino, el gran intelectual inquisidor que defendía los intereses de la iglesia católica por lo tanto del poder feudal. Ese personaje, con un gran conocimiento de la estructura histórico-cultural de su época, también enjuició a Galileo Galilei cuando trató de poner en duda, a través del paradigma científico del movimiento terrestre, el poder del Papa como representante divino en la Tierra. Todo este proceso de luchas científicas, más allá de los debates pacíficos que los historiadores de la ciencia ortodoxos tratan de mostrar, fueron a muerte. No es una ocurrencia la afirmación de Max Planck, padre de la física cuántica, al decir que un paradigma triunfa, no sólo porque sea el mejor, sino porque los viejos, que lo defendían, han muerto. Tampoco la de Marx que indica que la clase burguesa fue una clase revolucionaria, la cual, su camino al poder no estuvo exento de violencia (v.g. Revolución francesa).


El desarrollo tecnológico que trajo consigo el estudio de la termodinámica, fue fundamental para una evolución en la producción. Las novelas de Julio Verne muestran la esperanza que se tenía sobre la investigación científica para el mejoramiento de la vida. Por otro lado, este sueño sólo existía para unos cuantos, como también lo muestra Verne en su novela París en el siglo XXI y los movimientos sociales que se suscitaron durante esta etapa. Durante la Segunda Guerra Mundial, los dueños de las fábricas en Cataluña obtuvieron grandes ganancias gracias a la venta de insumos para los fascistas y nazis. Sin embargo, esta riqueza no mejoró en nada las condiciones de vida de los obreros españoles que se organizaron para arrebatar céntimos de aumento en su salario y descanso dominical a través de huelgas y mítines para después defenderse de los pistoleros de la patronal, criminales de los sindicatos blancos y la Guardia Civil española que trataban de sofocar los esfuerzos proletarios. ¿Cómo puede combatir un obrero contra el entrenamiento y el equipo policiaco-militar? La violencia revolucionaria de la clase explotada es defensiva. En palabras de Almudena Grandes, quien escribió una serie de novelas sobre las experiencias del pueblo español durante el franquismo: “La violencia está monopolizada por el Estado”.


Ninguna evolución se ha realizado sin que haya costado una gota de sangre. Incluso desde el idealismo, la violencia está presente en la lucha de paradigmas. Bachelard en su ensayo sobre Lautréamont, con clara argumentación, muestra al ser humano como un súper animal que vuela como el águila, anda como el león y nada como el tiburón, pero su potencia radica, no en las garras y los colmillos, sino en la metáfora, en su capacidad creadora. Un proceso revolucionario no busca la violencia, pero también es una necedad tratar de suprimir algo inherente a una parte de nosotros: nuestra animalidad. Mientras exista cuerpo físico habrá violencia: ¿cómo evitar el uso del cuerpo en la práctica revolucionaria?

 

Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

sábado, 2 de enero de 2021

Año nuevo, crisis vieja

Pitagóricos celebrando el amanecer (1869)
Fyodor Bronnikov

¿Qué ha empezado en este año? El siglo XXI. El investigador Jérôme Baschet en su artículo “Covid-19: el siglo XXI empieza ahora” nos dice que los historiadores suelen afirmar que el siglo XX global comenzó en 1914 con el ciclo de las guerras mundiales y que es probable que se considere que el siglo XXI ha empezado en el 2020 con la entrada en escena del SARS-CoV-2, virus que provoca la COVID-19. Este año nuevo no es más que una segunda parte de esta crisis que parece eterna.


Siento llenar de pesimismo al optimismo que permea estas fechas, pero creo que sufro la maldición del docente militante: no dejar de pensar y preguntarse: qué acontecimientos afectan a los estudiantes: cómo ayudarlos a vivir bajo estas circunstancias y ofrecerle las herramientas para transformarlas. “Te haces demasiadas preguntas”, me decía un familiar durante la cena, sin embargo, cómo estar tranquilo en este modelo económico que está destruyendo el ambiente y al espíritu humano: ¿tal vez sería mejor ignorarlo o aceptar soluciones que sólo palien los grandes problemas que plantea esta etapa geológica que estamos viviendo?


Vivimos en el Antropoceno. Esta etapa geológica se caracteriza por la increíble capacidad que la humanidad ha demostrado para modificar los ecosistemas a escala mundial. A partir del desarrollo científico y tecnológico, que la burguesía dirige hacia la acumulación de la capital, se ha intensificado el consumismo en masa, la sobreproducción, el uso desmedido de la energía fósil y la privatización de recursos naturales como el agua, el sol y la tierra. Por ello no es una afirmación tan descabellada la del microbiologista y profesor del Colegio de Francia Phillipe Sansonetti: «La COVID-19 es “una enfermedad del Antropoceno”».


La sobreexplotación de la naturaleza, por parte de las transnacionales y las prácticas económicas que propicia el capitalismo, han traído consigo enfermedades más letales para el ser humano. Han regresado virus que suponíamos erradicados de la historia natural, esto a causa de los movimientos antivacunas, los cuales se han expandido gracias a la crisis educativa que el capitalismo ha provocado. Por esa misma crisis, que ha generado una educación que invita más a la obediencia y al abuso que al cuestionamiento y la cooperación, comprender este acontecimiento, que conlleva a un actuar que solucione en vez de agravar o en el mejor de los casos paliar, ha sido casi imposible.


«La verdadera guerra a jugarse no tiene al coronavirus como enemigo», nos dice Baschet, «consistirá en el enfrentamiento de dos opciones opuestas: por un lado, la continuación del fanatismo de la mercancía y el productivismo compulsivo [...] por el otro, la invención, que ya anda a tientas en miles de lugares, de nuevas maneras de existir que tratan de romper con el imperativo categórico de la economía para privilegiar una vida buena para todas y todos.» Por ello, el docente militante, dentro de sus proyectos educativos, existe el propósito de presentar esas “nuevas maneras de existir” que el sistema capitalista, a través de la prensa y la propaganda en sus formas de novelas, películas, obras de artes entre otras expresiones, trata de opacar o calumniar. También estos proyectos educativos tienen como uno de sus propósitos propiciar preguntas que ensayen soluciones potentes contra las crisis que alimentan a esta gran bestia compuesta de varias cabezas y, sobre todo, estar siempre atento a las formas de esta bestia que, a través de sus voceros, habla de cambio, pero en realidad sólo desea perpetuar un sistema que beneficia a sus aliados.


Y aunque, hace siglos, los esclavistas romanos eligieron esta fecha para dar significado al movimiento de traslación que la Tierra realiza hace millones de años, en la cual vivimos nuestra efímera y potente existencia, como diría mi sobrino de seis años: “Ya termino el mes y volvemos a empezar”.


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

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sábado, 5 de diciembre de 2020

Bautismo de fuego: hacer-pensar

Pared roja (1910)
Károly Ferenczy
Fuente:Wikiart.org

En algún pueblo ruso del siglo antepasado donde «las aldeas continuaban agramando el lino, los caminos seguían estando intransitables y a la consulta no venían más de cinco personas cada día», un médico que no atendía más que gripas o extraía muelas, en una de sus tantas noches de lecturas de anatomía topográfica y manuales de cirugía, oye un insistente llamado desde su puerta. Lo que se presenta es una prueba que lo consagrará como un verdadero galeno: un parto.


Todo lo que sabe sobre ese fenómeno fisiológico, lo conoce por los libros. Por necesidad de ayudar a su prójimo y orgullo, decide atender la emergencia: «“¡Qué doctor tan bueno!”, dirían todos. Y además, no tengo derecho a hacerlo [enviarla a otro hospital]. No, tengo que hacerlo yo mismo. ¿Hacer qué? El diablo lo sabe. Será una tragedia si me confundo, una vergüenza ante las comadronas».


Al llegar al hospital, se encontró con Ana Nikoláievna, expartera del pueblo y ahora enfermera, quien le decía que la posición del bebé es transversal: parto con peligro de muerte para la madre y el bebé. El médico explora, actúa y busca en Ana la aprobación. En su mente están las condiciones ideales en las que aprendió sobre los partos, pero: «Aquí, en cambio, estoy completamente solo y tengo en mis manos a una mujer que sufre; yo respondo por ella. Pero no sé cómo ayudarla pues solo he visto de cerca un parto dos veces en mi vida […] Pero había llegado el momento de decidirse a hacer algo.»


La anterior historia es un fragmento, que resumo, del cuento “Bautismo de fuego” del escritor ruso Mijaíl Bulgakov. Este cuento es una muestra de cómo la práctica y la teoría tienden ir siempre de la mano. En el texto “Propuesta desde un encuentro de ideas pedagógicas: Rousseau y Freire”, Arrieta menciona que: «la praxis inmersa en la existencia implica un nivel importante de reflexión que permita al ser humano armonizar el trabajo y la libertad en un proceso “dialógico” …» En el caso del médico de “Bautismo de fuego”, esa praxis (su encuentro con un parto complicado) pone a prueba lo que ha reflexionado en la universidad a través del trabajo y de la escucha de los consejos de la partera, que a pesar de no tener el conocimiento teórico-sistematizado que provee una educación escolarizada, tienen más experiencia que él, lo que da lugar a que el protagonista siga los consejos de ella. Sin embargo, al reflexionar sobre su práctica (proceso “dialógico”), se le ofrece la posibilidad de mejorar su quehacer como médico.


El aprendizaje de una experiencia conlleva la práctica y la teoría. No es suficiente memorizar el libro para aprender sobre fuerzas y energías, sobre movimientos sociales y revoluciones; hay que experimentar y reflexionar: ¿Por ello un intelectual obrero tiene más que decir y hacer en una revolución que uno pequeño burgués que sólo escribe y dicta conferencias, pero no experimenta su conocimiento? Los referentes teóricos y empíricos siempre están ligados al quehacer del sujeto: «la destreza de “pensar” se desarrollará en la autosuficiencia del placer sensitivo antes que en la memorización inútil. Esto permitirá incorporar las virtudes que faciliten la realización personal y el encuentro social», nos dice Arrieta sobre lo que reflexionaba Rosseau sobre el aprendizaje.


Todos los profesionistas, como el personaje principal de “Bautismo de fuego”, hemos tenido esa experiencia que cambia por completo nuestro quehacer. Es cuando nos damos cuenta que no es suficiente con sólo saber, sino que hay que aprender a construir: «“Se puede adquirir una gran experiencia en la aldea -pensé mientras me quedaba dormido-, pero hay que leer, leer todo lo posible… leer…”»

 

Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

trinofiesa@gmail.com

sábado, 28 de noviembre de 2020

Y luego mi vida

 

Portada del libro
Fuente: Amazon

Una serie de malas decisiones y luego mi vida

Pia Watson

México, 2019

 

Esta novela puede clasificarse como de iniciación. A través de los ojos de Alejandra (no Alex, no Ale) vemos como crece su curiosidad, se cuestiona sobre el lugar en el mundo y aprende a tomar decisiones. Es la historia de un salto de fe. Es una búsqueda de la identidad, un encuentro con una parte de la verdad de este mundo.


Una serie de malas decisiones… narra la vida de Alejandra hasta su madurez. Es la historia de una adolescente que al escuchar Another Brick In The Wall de Pink Floyd reflexiona: «Todos escuchábamos las mismas bromas, entregábamos las mismas tareas y nos movíamos ante la misma chicharra para caminar como zombis en coca al siguiente salón y repetir la acción el fin de los días, bueno hasta que llegaba la hora del almuerzo.»


La obra de Pia Watson simboliza, de forma elocuente, a la soledad. A través de las vivencias de Alejandra, describe un aislamiento sensible al dolor del mundo, un estado que le crea conflictos sociales. Sin embargo, es optimista y abre la posibilidad a los encuentros: «hay personas con las que uno se entiende de otras formas, sin necesidad de palabras, personas de la misma especie que uno.»


También, al abordar el tema de las decisiones (que nos llevan a cumplir nuestros deseos o a formar nuestra personalidad) es una novela que habla sobre la libertad. La libertad en el amor: «Porque en la naturaleza no hay marcos, en la naturaleza todo, absolutamente todo se desborda, incluso el amor»; y en la identidad: «Tener identidad parecía reducir las posibilidades infinitamente». La novela de Watson es la expresión de una decisión; de experimentar el terror y la maravilla de la libertad.


Otro punto a destacar de la novela son los destellos de lucidez de su personaje respecto a la sociedad y su dinámica: «Las necesidades nos han llevado a innovar, a crear, a socializar, un individuo se relaciona con otro individuo y ese reflejo refuerza los puntos únicos de cada uno». Es un libro sobre la construcción de referentes de una adolescente inteligente y llena de tribulaciones, como a veces nos hemos sentido en la vida que «si se le mira a los ojos, directo, puede encontrarse tan aterradora que paraliza.» Alejandra busca la verdad a través de sus observaciones porque tiene claro que: «Uno no puede escapar de sus propias verdades»


El estilo de Watson en Una serie de malas decisiones… me hace recordar a Tres Tristes Tigres de Guillermo Cabrera Infante. La autora experimenta con la palabra y da prioridad al ritmo, no tan vertiginoso como el escritor cubano, pero sí más amable, más tierno: «La ternura es una expresión poderosa del amor.» La prosa con la que construyó su obra es poética, está llena de imágenes: «El propósito es también un dragón, pero de otra especie: de fuego y elusivo» y de ciertos destellos de inteligencia juguetona: «Los gatos tienen tres nombres, dice T.S. Elliot; uno de humano que le dan los humanos, uno de gato que le dan los humanos, y uno de gato que solo ellos entienden.»


La acción más grande de la libertad de una artista es autopublicarse, la obra de Watson es una expresión de ese acto. Este libro llegó a mis manos como llega el amor, de improviso, sin avisar y a partir de una serie de decisiones que hicieron que Pipa Nevada me recomendara leerlo. Espero logre encontrar este libro tan exquisito: ¿Qué decisiones tomará hoy?


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

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sábado, 21 de noviembre de 2020

Los Científicos: Herencia ideológica del Porfiriato

Los Científicos  del Porfiriato

Durante una cena en la casa del diplomático oaxaqueño Matías Romero, se reúnen jóvenes intelectuales cercanos a Manuel Romero Rubio, Secretario de Hacienda y suegro de Porfirio Díaz. Entre los invitados se encuentran Enrique C. Creel (bisabuelo del político panista Santiago Creel), José Yves Limantour (agente del imperio francés), Emilio Rabasa (uno de sus descendientes es dueño de una de los editoriales más influyentes en México), Rafael Reyes Espíndola (intelectual oaxaqueño, padre del periodismo moderno en México) y Justo Sierra Méndez (uno de los fundadores de la UNAM) y la juventud de las familias que han obtenido su riqueza a partir del caos durante la Guerra de Reforma. En dicha tertulia se reunían a hablar de los textos de Gabino Barreda, a quien Benito Juárez envió a Francia y fue discípulo de Auguste Comte (fundador del positivismo). Ya han tenido varias tertulias y llegaron a la conclusión de que el país necesita políticas científicas para reafirmar la paz y el progreso que el presidente Porfirio Díaz ha logrado. Ese es el primer principio que aparece en el manifiesto de la Unión Liberal o, como se le conocería entre la población mexicana, el “Partido de los Científicos”.


Porfirio Díaz recibe de buen agrado sus propuestas quien, después de la muerte de Manuel Romero Rubio, nombra a Limantour como nuevo Secretario de Hacienda, puesto que le sirvió para aplicar el programa de “Los Científicos” en la política nacional: La integridad administrativa, la reorganización y apoyo presupuestario a sectores del gobierno en especial al Ministerio de Guerra, la elevación del progreso moral e intelectual por medio de una “educación firme” (sic), un sistema tributario que se base en verdades científicas y la construcción de una verdadera democracia mexicana.


El programa de “Los Científicos” sigue vigente en las políticas de nuestra nación. La integridad administrativa se ha convertido en combate contra la corrupción, el cual sabemos, de primera mano (v.g. casos Lozoya y Cienfuegos), siempre ha sido una falacia ya que este sistema premia la deshonestidad: en esta lógica capitalista, que para aumentar las riquezas se necesita de la explotación del obrero y el campesino pobre, ¿cómo se pude apelar a la honestidad en la burocracia? Respecto al manejo del presupuesto, este sigue beneficiando a las fuerzas armadas como lo podemos notar con el recorte en educación y ciencia: ¿en qué lógica cabe la idea de dar estabilidad económica y laboral a todos los egresados de los colegios militares y no a quienes terminan sus estudios en las escuelas normales, en qué lógica cabe el fortalecimiento del personal policiaco y militar en vez del personal educativo? En la parte educativa, esa firmeza se caracteriza por una represión sistemática a cualquier intento de movimiento magisterial por hacer una transformación en las prácticas sociales y las relaciones de producción: ¿cuál es la razón de la desacreditación del docente militante y el continuo ataque a las escuelas públicas por parte de los gobiernos tanto morenistas, priistas y panistas, cuál es la razón de recargar el gasto en electricidad e internet a los hogares mexicanos en vez de que el Estado se haga cargo de un rubro tan importante para el desarrollo intelectual y moral de los niños y jóvenes?


Para aquellos que añoran el Porfiriato, la historia reciente ha demostrado que no ha muerto. Sus ideas permean a la mente de los mexicanos y los intelectuales, ya se digan de izquierda o sean de derecha, siguen validando de forma consciente o inconsciente.


Por ello la formación de un intelectual obrero, sensible a las necesidades de su clase, es una labor imprescindible del docente militante. Hay propuestas y hay que escucharlas, aunque los espíritus chocarreros de “los Científicos” sigan envenenando la lucha de la población obrera y campesina.


Raúl Fierro 

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

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