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sábado, 10 de julio de 2021

Vida de un virus y la salud psicoemocional

Miércoles de ceniza (Carl Spitzweg,1860)
Fuente: Wikiart


Una de las consecuencias que más ha afectado a la población en esta pandemia, es el desequilibrio psicoemocional ya sea por las noticias falsas que circulan en redes sociales sobre la COVID-19 o aquellas que no ayudan a dimensionar de forma correcta el acontecimiento que vivimos. Esto: «Pareciera que su efecto conduce a una manipulación informativa o mediática, evitando por todos los medios el acceso al conocimiento de datos, argumentos o noticias que los ayuden a aclarar o a entender alguna situación», se menciona en el artículo “La infodemia y su alcance en el área psicoemocional de las familias. Un aporte a la crisis de la salud a propósito del Covid-19” de las investigadoras Jennifer Rodríguez y Shirley Gómez que se puede encontrar en el portal de la Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad.


La infodemia e infoxicación es uno de los principales causantes de que a veces sobredimensionemos una situación y cause ciertos efectos negativos a nuestra salud física y emocional: «En efecto, en medio del bombardeo de información, la población comenzó a sentirse agobiada, y a creer en todo lo que leía o escuchaba, lo que ocasionó un desequilibrio emocional, y hasta la paranoia de sentir los síntomas del coronavirus sin tener un contacto con ninguna persona enferma e incluso sin salir de la casa», nos dicen las investigadoras Rodríguez y Gómez.


Por ejemplo, una de las causas de angustia y ansiedad, es el contacto con materiales que pudieron infectarse con el virus: ¿Cuánto vive el SARS-CoV-2, virus causante de la COVID-19 fuera del cuerpo humano? «En el acero inoxidable y el plástico un porcentaje del virus sobrevivió y conservó su capacidad infecciosa hasta por tres días» nos dice el artículo “Coronavirus: cuánto tiempo sobrevive el virus causante de covid-19 en distintas superficies” que se publicó en el portal de la BBC News. También menciona que el virus “… sobrevivió solo 24 horas en superficies de cartón y apenas cuatro horas en cobre.” El texto recomienda para desinfección y prevención: «Un estudio publicado en el Journal of Hospital Infection en marzo muestra que los coronavirus "pueden desactivarse eficazmente al desinfectar las superficies con etanol al 62-71%, peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) al 0.5% o hipoclorito de sodio (lejía doméstica) al 0.1% en 1 minuto" [/] Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., la OMS y otras autoridades sanitarias enfatizan que tanto lavarse las manos como desinfectar diariamente las superficies que se tocan con frecuencia son clave para prevenir la propagación del covid-19.»


Otro causante de desestabilizar el factor psicoemocional, es el haber ingresado a espacios donde haya habido un brote. ¿Cuál es el protocolo de sanitización bajo los criterios de la Organización Mundial de la Salud? «Las prácticas de desinfección en lugares distintos de los entornos sanitarios, como los hogares, las oficinas, las escuelas, los gimnasios, los edificios de acceso público, los centros comunitarios religiosos, los mercados, los medios de transporte y los establecimientos comerciales o los restaurantes, son importantes para reducir la posibilidad de contaminación por el virus de la COVID-19. Es preciso definir cuáles son las superficies que se tocan con gran frecuencia [negritas del texto original] en esos entornos no sanitarios para darles prioridad en la desinfección, por ejemplo, las manijas de las puertas y ventanas, las cocinas y los planos de preparación de alimentos, las encimeras, las superficies en los baños, los inodoros y los grifos, los dispositivos personales con pantalla táctil, los teclados de las computadoras y las superficies de trabajo.»


La infodemia e infoxicación, se ha utilizado como herramienta política, económica o social para ciertos intereses. La mejor arma contra la mezquindad de los desinformadores es el proceso dialéctico-crítico: analizar la narración de las noticias, problematizarla (hacer preguntas) y de esa manera obtener nuestras propias conclusiones.


Raúl Fierro 

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

sábado, 5 de junio de 2021

El origen de un virus y el ataque mediático contra China

Text-Context. Joseph Kosuth (1979)
Fuente: Wikiart


¿Cómo surge un nuevo virus y qué tan complejo es determinar su origen? En el artículo "El virus de la influenza: Origen y evolución de un patógeno", que se publicó en la Revista Digital Universitaria, el investigador mexicano Antonio Lazcano hace una reflexión de esas cuestiones: «… la aparición del virus [se refiere al H1N1] fue, desde un punto de vista evolutivo, un incidente más en la historia de la influenza y sus consecuencias sobre los humanos.»


Lazcano nos dice que los virus «pueden adquirir genes de sus hospederos y transportarlos de un organismo a otro o, en muchos casos, de una especie a otro, contribuyendo, así, al mantenimiento de una compleja red de tráfico de información genética que ha jugado un papel esencial en la evolución; por ejemplo, de la resistencia a antibióticos.» Si extrapolamos lo escrito por Lazcano hacia el SARS-CoV-2 podemos decir que determinar su origen es aventurado, ya que, para llegar a infectarnos, tuvo que modificar infinidad de veces su estructura. Sin embargo, algunos investigadores y periodistas no piensan lo mismo.


El 23 de marzo pasado, la OMS y el gobierno chino publicaron un informe sobre el origen del SARS-CoV-2, causante de la pandemia que padecemos. Según ese reporte es “sumamente improbable” que el patógeno haya surgido de un laboratorio. Aunque 17 investigadores de la OMS y la misma cantidad de científicos chinos realizaron el estudio, Javier C. Hernández y James Gorman, periodistas científicos de The New York Times, opinan que la investigación se inclinó hacia la versión del Partido Comunista Chino.


En su artículo “Los orígenes del virus permanecen inciertos en la investigación entre la OMS y China”, Hernández y Gorman mencionan que dicha indagación se realizó «para aliviar las preocupaciones occidentales sobre el papel del Partido Comunista Chino que es notoriamente resistente al escrutinio externo y, a veces, ha buscado impedir cualquier investigación de la OMS». Para sostener tal afirmación, así como la hipótesis de que el virus surgió de un laboratorio de China la cual permea en dicho texto, se basaron en las opiniones de científicos estadounidenses incluyendo un funcionario del gobierno de Trump además de la declaración de la administración de Biden que «ha criticado de forma constante la falta de transparencia de China». ¿Cuál es la razón de este ataque mediático hacia el gobierno chino el cual ha manejado de manera óptima la pandemia (v.g. “China responde a EE. UU. que “es improbable que el virus proceda de un laboratorio”” en el portal France 24)?


Lazcano nos dice: «... en ocasiones el miedo individualizado y el temor colectivo que despiertan enfermedades nuevas y epidemias inéditas no hace, sino evidenciar patologías humanas más profundas.» ¿Cuál es el temor de los gobiernos occidentales, en su mayoría con sistemas económicos capitalistas? ¿Acaso tienen miedo de aceptar que un sistema de origen comunista haya manejado mejor la pandemia y sus consecuencias sociales, políticas y económicas? Aunque el gobierno chino no es comunista, es producto de una revolución que adoptó sus principios (v.g. “¿Tiene CHINA un sistema CAPITALISTA? – VisualPolitik” en YouTube) y mantiene algunos. Las empresas y los bancos más importantes de ese país asiático son propiedad del Estado y su producción se basa en los planes quinquenales.


Por ello es más una cuestión política de algunos científicos occidentales afirmar que el SARS-CoV-2 se haya creado en un laboratorio chino. El origen de este virus es sumamente complejo de determinar ya que, antes de infectar a seres humanos, tuvo que reescribir varias veces su información genética. Los gobiernos capitalistas, en vez de impulsar una campaña mediática contra el comunismo, deberían preguntarse si su sistema económico puede solucionar las grandes cuestiones que este acontecimiento plantea.


 Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87

sábado, 15 de agosto de 2020

¡Al diablo con Pasteur!

Luis Pasteur en su laboratorio en 1885
Fuente: Wikipedia

Uno de los grandes avances en la historia de la medicina fue el descubrimiento de la causa de las enfermedades: los virus y las bacterias. Antes de ello, el sentido común dictaba, al menos en la historia del conocimiento occidental, que una persona se enfermaba por la falta de equilibrio entre los elementos que lo constituían. Según el exceso o falta de algún fluido en el cuerpo (desde aire, tierra, fuego, agua hasta los que describe la teoría de los humores) se recetaba un tratamiento al paciente. Por ejemplo, si tenían exceso de sangre se les recetaba un tratamiento de sangrías por cortes o sanguijuelas. En el caso de la sífilis, relacionado con los elementos de la tierra y el agua, se recetaba mercurio para paliar ese mal. Todos esos tratamientos provocaban efectos secundarios muy dañinos e incluso mortales en el enfermo. Al paso de siglos de refinamiento de la ciencia médica, esos procedimientos se volvieron obsoletos ya que, a partir del descubrimiento de los virus y bacterias, las recetas mejoraron en el sentido de disminuir los efectos secundarios que provocaban los tratamientos.


El virus y la bacteria son patógenos muy bien diferenciados en la literatura biológica. La bacteria es un microorganismo celular que consume otras células o cadenas moleculares para sobrevivir. Esta característica les permite a los investigadores médicos producir un tipo de medicamento muy específico para combatirlo: el antibiótico. Por otro lado, el virus no come, “ataca” el ARN o ADN de células específicas para poder reproducirse, es como un espía que adopta las características de su enemigo para evadir sus defensas y poder sobrevivir. Por ello es muy difícil para las defensas de nuestro cuerpo combatir virus. Afortunadamente a finales del siglo XIX, el médico Louis Pasteur inventó la vacuna para atacarlos.


«De los tres pacientes a los que atendió el único que logró sobrevivir fue el pequeño Josef, a quien estuvo suministrando el compuesto antirrábico durante los siguientes diez días. Pasado este tiempo el investigador vio con satisfacción que había hecho efecto y que el niño estaba totalmente curado y fuera de peligro. Había nacido la vacuna contra la rabia con la que, debido a su éxito, en los siguientes años Pasteur trataría y salvaría la vida a cerca de tres mil personas que habían sido víctimas de mordeduras de perros rabiosos.» [López, A. “Cuando Louis Pasteur probó por primera vez en un humano (y con éxito) la vacuna contra la rabia”. Naukas. 20 de mayo de 2016 (en línea)] En esencia, Pasteur inventó también el procedimiento de probar las vacunas. Antes del niño ya la había probado con conejos (fase 1) y después de consultarlo con uno de sus colegas (fase 2: discusión entre pares) decidió pasar a probarla en humanos (fase 3). Este método, con ciertos agregados, es el que se sigue utilizando en la actualidad y ha demostrado ser muy efectivo, tanto es así, para quienes han podido pagarlo, se ha logrado erradicar enfermedades de la faz de la tierra.


Sin embargo, aún queda mucho por estudiar como el efecto placebo. En las pruebas de medicamentos, surgen grupos de sujetos que se curan sin recibir el medicamento, este efecto se llama placebo y según el porcentaje en el que se presenta, será la medida de efectividad del medicamento. Este fenómeno surge porque el cuerpo humano es un sistema complejo, en cierto grado, impredecible. Tratar de entender este efecto, nos permitirá crear medicamentos más eficaces y comprender mejor la anatomía humana. La ciencia médica es muy joven y aún quedan muchas preguntas en el aire. Sin embargo, su método es la mejor herramienta que conocemos para salvar vidas.


A pesar de todo ello hay quienes gritan “¡Al diablo con Pasteur!” y, ya sea por miedo o por ignorancia, aceptan tratamientos como el uso del dióxido de cloro para combatir la COVID-19. La ciencia genera más preguntas que respuestas, y los tratamientos pseudocientíficos no hacen preguntas, no se cuestionan. En el caso del uso del dióxido de cloro, que es un químico de fabricación industrial para desinfectar albercas, como tratamiento, es sumamente peligroso: ¿Es la misma dosificación para una persona que pesa 80 kilogramos o 50?, ¿a largo plazo que efectos puede tener?, ¿qué repercusiones tendrá para pacientes con insuficiencia renal, diabetes u otra afección? Aquellos que han recomendado el uso del dióxido de cloro ¿se han puesto a pensar en ello como lo han hecho científicos como Pasteur?


Raúl Fierro

Casa de las Ciencias de Oaxaca

Camino Nacional 4 San Sebastián Tutla, Oaxaca

51 7 50 87